Los pa­dres y su rol de “fil­tros” de lo que se ve

Los Andes - - Estilo -

Ha­ce más de 15 años que tra­ba­jo en Tec­no­lo­gía y Edu­ca­ción. So­mos pio­ne­ros en la pro­vin­cia res­pec­to a es­ta te­má­ti­ca.

El uso de los dis­po­si­ti­vos tec­no­ló­gi­cos por par­te de los chi­cos, re­quie­re en­ten­der que re­cién a par­tir de los 2 años es re­co­men­da­ble que los usen, con un tiem­po pro­me­dio de una ho­ra por día, y re­gi­dos por un con­trol adul­to. Al­go com­ple­jo en la ac­tua­li­dad, ya que uno de los pro­ble­mas más gran­des al que nos en­fren­ta­mos es la au­sen­cia de adul­tos y su vi­gi­lan­cia en es­te sen­ti­do.

Son mu­chos los pa­pás que no se to­man el tra­ba­jo de ex­pli­car­les a sus hi­jos las po­ten­cia­li­da­des de los di­ver­sos dis­po­si­ti­vos pa­ra en­ri­que­cer­se, y por su­pues­to pa­ra com­par­tir in­ter­ac­cio­nes di­ver­sas, acor­des a su eta­pa.

Si un chi­co pasa más de dos ho­ras al día cam­bian­do de pan­ta­lla (con la Play, el ce­lu­lar, la ta­blet, el te­le­vi­sor, etc.) tam­bién re­sul­ta no­ci­vo ya que va de uno al otro, y la can­ti­dad de tiem­po de­be ser re­gu­la­da.

Ade­más y si bien exis­ten mi­les de apli­ca­cio­nes edu­ca­ti­vas (de en­tre­te­ni­mien­to, cui­da­dos de la sa­lud, asig­na­tu­ras, etc.) el re­co­rri­do de bús­que­da pa­ra en­con­trar­las no de­be ha­cer­lo el chi­co, sino el adul­to.

Los pa­dres de­ben in­ter­na­li­zar que tie­nen que ser ‘cu­ra­do­res’, fil­tros de ca­da uno de los con­te­ni­dos que su hi­jo ve. Al­go que en la reali­dad no es­tá ocu­rrien­do.

El hin­ca­pié de­be es­tar cen­tra­do en los pa­pás y el pro­ta­go­nis­mo que tie­nen fren­te a la edu­ca­ción y cui­da­dos de sus hi­jos. Ellos ya des­de los 8 te pi­den Ins­ta­gram, Snap­chat, pe­ro co­mo adul­tos so­mos no­so­tros los que sa­be­mos que a esa edad no es per­ti­nen­te que los ten­gan. En ca­so de Fa­ce­book de­be­rá es­tar con­tro­la­do y ar­ma­do con no­so­tros.

Soy una de­fen­so­ra de la tec­no­lo­gía, pe­ro só­lo si te­ne­mos en cla­ro que de­be es­tar bien ma­ne­ja­da y con­tro­la­da por los pa­dres ha­cia los hi­jos, de lo con­tra­rio pasa de ser una opor­tu­ni­dad, a ser una ame­na­za”.

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