NO­TA DE TA­PA. FLO­REN­CIA BER­TOT­TI.

La ac­triz, que hoy di­ri­ge el show Si­mo­na en vi­vo, se re­fie­re a la ma­ter­ni­dad, a Cris Mo­re­na y a sus ga­nas de ser ma­dre con su pa­re­ja Federico Ama­dor.

Luz - - SUMARIO - Flo­ren­cia Ber­tot­ti >>

S u son­ri­sa lle­ga pri­me­ro. Siem­pre. Aun cuan­do ha­bla de te­mas es­pi­no­sos, Flo­ren­cia no pier­de nun­ca ese ges­to tan su­yo y es­pon­tá­neo que pa­ten­tó en ca­si ca­da pro­yec­to que en­ca­be­zó. Tan­to en­fren­te co­mo de­trás de cá­ma­ras, al­go que es ca­da vez más re­cu­rren­te en su ca­rre­ra. Aho­ra es­tá a car­go de la di­rec­ción de Si­mo­na en vi­vo, el es­pec­tácu­lo mu­si­cal con el que las es­tre­llas ju­ve­ni­les de la re­cien­te ti­ra de El Tre­ce des­em­bar­ca­rán en el Lu­na Park (29 y 30 de sep­tiem­bre y 2 de oc­tu­bre) y en va­rias pla­zas del In­te­rior. Aten­ta a ca­da de­ta­lle de esa me­ga pues­ta, Flor con­fie­sa que se sien­te más “ma­dre” que je­fa de com­pa­ñía. “Sien­to una gran res­pon­sa­bi­li­dad por ca­da uno de los chi­cos del elen­co. Me in­tere­sa mu­cho sa­ber có­mo es­tán, có­mo se sien­ten, có­mo se ven… Mi ob­je­ti­vo prin­ci­pal es ese: es­tar a su com­ple­to ser­vi­cio pa­ra que pue­dan lu­cir­se y bri­llar. ¡Y pa­ra que lo pue­dan dis­fru­tar! Ha­cer un show en el Lu­na Park no es po­ca co­sa. Es una adre­na­li­na tre­men­da y hay que apren­der a dis­fru­tar­lo”. -¿Vos dis­fru­ta­bas de esas ex­pe­rien­cias? -Sí, mu­chí­si­mo. -Cual­quie­ra hu­bie­ra ima­gi­na­do que no. Y que por eso te pu­sis­te, co­mo vos mis­ma de­cís, al ser­vi­cio de los otros, es­cri­bien­do, com­po­nien­do, di­ri­gien­do… -Mi­rá, siem­pre fui muy cons­cien­te de mi pul­so in­terno, de lo que me ha­ce dis­fru­tar y de lo que no. Y eso es tan per­so­nal y úni­co… Mu­chas ve­ces me pre­gun­tan, “¿por qué no ac­tuás más se­gui­do?”. In­clu­so al­gu­nos creen que es una es­tra­te­gia. Pe­ro na­da que ver. A mí la vi­da me fue lle­van­do y en ese pro­ce­so fui des­cu­brien­do co­sas nue­vas, cam­bian­do prio­ri­da­des, gus­tos… Des­de que fui ma­má

(N de la R: de Romeo, jun­to a su ex, Gui­do Kacz­ka) la idea de gra­bar una ti­ra dia­ria em­pe­zó a to­mar otro co­lor. La ver­dad es que no quie­ro per­der­me el día a día de mi hi­jo, y to­do lo que em­pe­cé a ha­cer des­de en­ton­ces, la pro­duc­ción, la com­po­si­ción de can­cio­nes, in­clu­so mi mar­ca de ro­pa pa­ra chi­cos (Pan­cha), me lo per­mi­te.

-Sos una es­pe­cie de “nue­va Cris Mo­re­na”, ¿lo sen­tís así?

-Mmm, me cues­ta mu­chí­si­mo ver­lo así. En­tien­do las si­mi­li­tu­des de ori­gen que hay, am­bas so­mos ac­tri­ces que se vol­ca­ron en un mo­men­to al uni­ver­so ju­ve­nil pe­ro creo que ahí que­da. Cris me pa­re­ce una mu­jer hí­per ta­len­to­sa y tu­ve la enor­me suer­te de tra­ba­jar con ella. Fue­ron dos años sú­per in­ten­sos y her­mo­sos en los que des­cu­brí un mun­do nue­vo, un lu­gar de en­cuen­tro con la gen­te que ja­más hu­bie­se ima­gi­na­do. El tea­tro, las can­cio­nes, to­do ese uni­ver­so me atra­pó. Y sí, lo co­no­cí gra­cias a ella. Pe­ro hoy sien­to que ha­ce­mos co­sas muy di­fe­ren­tes, de he­cho no to­do lo que ha­go es pa­ra el mun­do in­fan­til, co­mo la cor­ti­na de Gua­pas, por ejem­plo, pe­ro sí com­par­ti­mos ese pun­to de ori­gen. Y tam­bién sien­to una fuer­te co­ne­xión con ella en la for­ma de en­ten­der el uni­ver­so de los chi­cos, de no sub­es­ti­mar­lo y de no en­ca­rar­lo co­mo un sim­ple ne­go­cio.

-¿Creés que esa co­ne­xión pu­do ha­ber mu­ta­do en ri­va­li­dad con el tiem­po?

-No, me pa­re­ce que eso es al­go ex­terno, te ju­ro... (ha­ce una pau­sa). Tam­po­co soy in­ge­nua, sé que la idea de ri­va­li­dad sur­gió a par­tir de Ni­ní y de lo que, ima­gino, fue una de­silu­sión pa­ra ella: que yo hi­cie­ra un pro­yec­to pro­pio pa­ra chi­cos. Es­to es lo que in­tu­yo por­que la ver­dad es que nun­ca lo ha­bla­mos per­so­nal­men­te.

-¿No es ra­ro que no ha­yan po­di­do sen­tar­se a char­lar so­bre es­te te­ma?

-Yo creo que nues­tra re­la­ción la­bo­ral ter­mi­nó de la me­jor ma­ne­ra y lue­go la vi­da si­guió. Yo me ca­sé, tu­ve mi hi­jo, em­pe­cé a bus­car otras co­sas, mi pro­pio ca­mino y así lle­gó Ni­ní...

-En una re­cien­te en­tre­vis­ta con TN, Cris ca­li­fi­có co­mo una “equi­vo­ca­ción” ese pro­gra­ma, una co­pia de lo que ya ha­bías he­cho con ella…

-Sí, pe­ro ahí no coin­ci­do pa­ra na­da con su pun­to de vis­ta. Ca­da uno tie­ne de­re­cho a ha­cer su ca- mino. Yo creo que Flo­ri­cien­ta fue una si­ner­gia de nues­tras dos ener­gías, no fue de ella ni tam­po­co mío, fue de las dos. Y yo des­pués me fui a ha­cer mi pro­pia ex­pe­rien­cia por otro la­do. Y Cris lo mis­mo. Qui­zás a ella le hu­bie­ra gus­ta­do que no me cor­ta­ra so­la pe­ro me pa­re­ce que eso es lo más na­tu­ral del mun­do, yo ja­más po­dría cri­ti­car a na­die por eso. De he­cho, cri­ti­car­lo es has­ta con­tra­dic­to­rio con lo que ella pro­pu­so siem­pre des­de sus pro­gra­mas: “so­ñá, ha­cé la tu­ya, se­guí tus sue­ños”. En ese sen­ti­do yo siem­pre fui muy ge­nui­na, nun­ca in­ten­té agra­dar o con­for­mar a na­die. Fui por lo que me pul­sa­ba in­ter­na­men­te. Siem­pre. Aún cuan­do mu­chos me cri­ti­ca­ron por eso.

-¿Ha­blás tam­bién por el ca­so Gua­pas? Mu­chos te cri­ti­ca­ron por ba­jar­te de ahí en pleno apo­geo del pro­gra­ma…

-¡Es que no me ba­jé! Gua­pas se es­ti­ró. La ver­dad es que ca­da vez que arran­co un pro­yec­to lo sien­to a mi hi­jo y le cuen­to de qué se tra­ta y cuán­to me va a de­man­dar. Y así lo ha­bía he­cho en ese ca­so. Ca­da de­ci­sión la­bo­ral que to­mo lo ha­go en fun­ción de mi vi­da fa­mi­liar. Si sien­to que mi ca­sa re­sis­te el pe­so y la du­ra­ción del pro­yec­to, acep­to. Si no, no.

-¿Sos una ma­dre cul­po­sa?

-Sí, mu­cho. Pe­ro el he­cho de que lo pue­da ad­mi­tir así re­fle­ja lo mu­cho que lo ven­go tra­ba­jan­do. Lo ad­mi­to, soy re cul­po­sa, pe­ro tam­bién bus­co equi­li­brar­lo, sino no po­dría es­tar ha­cien­do es­te pro­yec­to con Si­mo­na, por ejem­plo, que me con­su­me ca­si por com­ple­to.

-¿Y el ego del ar­tis­ta no te ha­ce que­rer vol­ver a ser pro­ta­go­nis­ta?

-No. Si bien ja­más te di­ría que no ten­go ego -to­dos los que nos de­di­ca­mos a es­to que­re­mos agra­dar y que nos aplau­dan- sien­to que po­dría ser mu­cho peor de lo que es. Dis­fru­to de la ac­tua­ción y de te­ner las lu­ces en­ci­ma, pe­ro tam­bién des­cu­brí que me sien­to muy có­mo­da en un lu­gar más

“CON FE­DE MO­RI­MOS POR TE­NER MÁS HI­JOS. SIEN­TO QUE EN­CA­RAR UNA NUE­VA MA­TER­NI­DAD ES UN PRO­YEC­TO CA­DA VEZ MÁS CER­CANO. CA­SI IN­MI­NEN­TE TE DI­RÍA”.

apar­ta­do y outsider.

-¿Tu círcu­lo ín­ti­mo tam­bién es así de “outsider” y ale­ja­do del me­dio?

-Más o me­nos. Pa­ra em­pe­zar, Fe­de es ac­tor. Aun­que es cier­to que tie­ne mi mis­ma en­fer­me­dad y que no se co­pa tan­to con las lu­ces de la fa­ma. Es más, es­pe­ra­mos ca­da vier­nes pa­ra huir al cam­po. En cuan­to a mis ami­gas, sí se cum­ple un po­co más lo que de­cís: mi círcu­lo más cer­cano no per­te­ne­ce al me­dio. De to­dos mo­dos, tam­bién es cier­to que ten­go muy bue­na re­la­ción con mu­chas ac­tri­ces. Qui­zá al principio po­nía una ba­rre­ra muy cla­ra, es­to es tra­ba­jo y ya, pe­ro con el tiem­po me fui re­la­jan­do y abrien­do mu­cho más. Y así me en­con­tré con gran­des amis­ta­des. Co­mo la de Pau­la Mo­ra­les, por ejem­plo, un ser úni­co y sú­per lu­mi­no­so.

-¿Po­drías real­men­te ir­te a vi­vir al cam­po con Fe­de co­mo han di­cho am­bos más de una vez?

-No, al principio tu­vi­mos esa fan­ta­sía a full. Pe­ro des­pués ba­ja­mos un cam­bio, di­men­sio­na­mos un po­co nues­tras vi­das, la de los chi­cos (N de la R: Romeo de par­te de ella y Vi­to y Ci­ro de par­te de él) y nos di­mos cuen­ta de que no es­ta­mos pa­ra eso. El pro­yec­to del cam­po lo ima­gino más pa­ra una se­gun­da eta­pa de nues­tras vi­das, re­ci­bien­do ahí a nues­tros hi­jos y nie­tos.

-Ya que lo nom­brás, sor­pren­de un po­co que no ha­yan te­ni­do hi­jos, sien­do am­bos tan fa­mi­lie­ros...

-Es que con Fe­de nos co­no­ci­mos ya sien­do pa­dres am­bos y prác­ti­ca­men­te no tu­vi­mos eta­pa de no­viaz­go, via­jes jun­tos… Nos co­no­ci­mos y al to­que fui­mos una fa­mi­lia en­sam­bla­da con una banda de pi­bes co­rre­tean­do por ahí. Nues­tros mo­men­tos de so­le­dad só­lo apa­re­cían cuan­do los chi­cos se iban con sus otros pa­dres y ahí apro­ve­chá­ba­mos a full pa­ra nues­tra vi­da de pa­re­ja. Con Fe­de mo­ri­mos por te­ner más hi­jos, pe­ro en­se­gui­da nos apa­re­ce la du­da de si eso no cor­ta­rá esa vi­da de sa­li­das y via­jes ca­da tan­to y dor­mi­das has­ta cual­quier ho­ra… Di­cho to­do es­to, creo que a am­bos se nos es­tá ago­tan­do el tiem­po de es­pe­ra, de he­cho ha­ce po­qui­to nos mi­ra­mos y di­ji­mos: “che, los dos más gran­des ya tie­nen 10 años y el más chico, 7…” (ríe). Fue­ra de bro­ma, sien­to que en­ca­rar una nue­va ma­ter­ni­dad es un pro­yec­to ca­da vez más cer­cano. Ca­si in­mi­nen­te te di­ría.

-El ca­sa­mien­to, ya lo has di­cho va­rias ve­ces, no lo es. ¿Ma­ti­zas­te des­pués de una se­pa­ra­ción el ideal de: “pa­ra to­da la vi­da”?

-No, ten­go un ta­tua­je en la es­pal­da que di­ce Federico, él se ta­tu­tó Flo­ren­cia en el pe­cho... Si­go cre­yen­do a full en la eter­ni­dad del amor. Soy cons­cien­te de que una re­la­ción pue­de o no ser pa­ra to­da la vi­da, pe­ro creo que es­tá bueno creer que sí, y tra­ba­jar pa­ra ello.

-Re­cién ha­bla­bas de los via­jes, ¿sue­len via­jar mu­cho so­los?

-Sí, bas­tan­te. Nues­tro úl­ti­mo via­je fue a Ber­lín, una ciu­dad de la que enamo­ré completamente. Con Fe­de con­ge­nia­mos mu­cho en los via­jes. A los dos nos gus­ta dis­fru­tar con tiem­po, tran­qui­los, na­da de le­van­tar­nos a las 6 de la ma­ña­na pa­ra re­co­rrer to­do lo que su­pues­ta­men­te hay que re­co­rrer. Siem­pre nos re­tan por eso. “¿Có­mo que es­tán en Nue­va York y to­da­vía no sa­lie­ron del ho­tel?” (ríe)… En cuan­to a los des­ti­nos tam­bién fui­mos con­ge­nian­do. Él es to­do bi­cho y ai­re li­bre, co­sa que tam­bién me gus­ta, pe­ro ca­da tan­to ne­ce­si­to una ciu­dad. Me en­can­ta el rus­ti­cis­mo de la na­tu­ra­le­za, pe­ro tam­bién el con­fort y las lu­ces del pri­mer mun­do. Soy pu­ro equi­li­brio.

-¿Te se­du­ce su cos­ta­do más “sal­va­je”, ese que mues­tra en los pro­gra­mas de te­le­vi­sión?

-Sí, me en­can­ta, pe­ro tam­bién le pon­go cier­tos lí­mi­tes. Ha­ce po­co es­tu­vo ha­cien­do un cur­so de ma­ne­jo de rep­ti­les y me ca­yó a ca­sa con una la­ta lle­na de ser­pien­tes. Ahí le di­je: “to­do bár­ba­ro, pe­ro en­ce­rra­las bien. No quie­ro des­per­tar­me con una ví­bo­ra en la ca­ma”. Y tam­bién le in­sis­to que se cui­de. Siem­pre le di­go: “Te lle­gás a mo­rir co­mo el ca­za­dor de cocodrilos, te re­vi­vo y te ma­to de nue­vo”. Él se ríe, pe­ro la ver­dad es que no sé si me ha­ce mu­cho ca­so…

“SI­GO CRE­YEN­DO FULLE LA ETER­NI­DAD DEL AMOR. OY CONS­CIEN­TE DE Q UNA LACIÓ PUE­DE O NO SER PA A TOD LA VI­DA, PE­RO QUE CREO ES BUE CREER QUE SÍ, Y TRA­BA­JA PA­RA LO”.

AGRA­DE­CI­MIEN­TOS: AY­RES, AY NOT DEAD, LAS PEPAS Y MI­LA KARTEI (VES­TUA­RIO), HO­TEL ME­LIÁ BUE­NOS AI­RES (LO­CA­CIÓN) Y CITYNAILS. MAQUILLÓ: MAR­COS ARAN­DA. PEINÓ: BÁR­BA­RA QUE­RI­DO.

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