NO­TA DE TA­PA. EVA DE DO­MI­NI­CI.

Re­cién se­pa­ra­da de Joa­quín Fu­rriel la ac­triz ha­bla del fe­mi­nis­mo, del amor y de una nue­va eta­pa que la en­cuen­tra más ma­du­ra.

Luz - - SUMARIO - FO­TOS: JO­SÉ TOLOMEI. PRO­DUC­CIÓN: FLOR CUCCHI.

Son­ri­sa mag­né­ti­ca, ca­si tan he­chi­ce­ra co­mo sus ojos ver­des. Jo­ven, ta­len­to­sa, exi­to­sa y aho­ra, sol­te­ra. Eva de Do­mi­ni­ci (23) se sien­te có­mo­da en sus za­pa­tos y lo dis­fru­ta a fon­do. Se­du­ce, can­ta, bai­la y ríe an­tes, du­ran­te y des­pués de la se­sión de fo­tos. Es­tá de un hu­mor es­plén­di­do y si uno no su­pie­ra que aca­ba de rom­per el úni­co no­viaz­go se­rio que tu­vo, de na­da más ni na­da me­nos que dos años y me­dio de re­la­ción con Joa­quín Fu­rriel, no lo adi­vi­na­ría. “Es­toy bien, muy tran­qui­la“, ju­ra es­cue­ta al res­pec­to del te­ma. Y lue­go de un si­len­cio, di­ce un po­co más se­ria que se ale­gra de que ha­ya si­do una rup­tu­ra

sin in­gre­dien­tes co­mo “odio, ren­cor o ter­ce­ros“. Y re­su­me: “Joa­quín es una per­so­na que qui­se y quie­ro, siem­pre va a ser al­guien im­por­tan­te pa­ra mí, tu­vi­mos una re­la­ción her­mo­sa“. To­do es­to, en el uni­ver­so que ha­bi­ta es­ta mo­ro­cha argentina que eclip­sa la pan­ta­lla ca­da vez que apa­re­ce, pe­ro le­jos, en la fic­ción que ocu­pa las car­te­le­ras de ci­ne na­cio­nal, vi­ve mo­men­tos de an­gus­tia. Co­rrup­ción, nar­co­trá­fi­co, re­la­cio­nes trau­má­ti­cas, per­se­cu­sión y muer­te. Más o me­nos es­te es el mar­co en el que trans­cu­rre San­gre blan­ca, el film de Bár­ba­ra Sa­ra­so­la-Day que la tie­ne co­mo pro­ta­go­nis­ta jun­to al gran Ale­jan­dro Awa­da (56). Él es el pa­dre que la aban­do­nó de be­bé y la tra­ma co­mien­za cuan­do, años des­pués, a la jo­ven en pro­ble­mas no le que­da más re­me­dio que re­cu­rrir a es­te hom­bre ca­si des­co­no­ci­do con el que só­lo com­par­te la­zos de san­gre. La ac­triz ase­gu­ra: “El guión me atra­pó ape­nas lo leí y en­se­gui­da di­je que sí. En­ci­ma es­ta­ba Ale­jan­dro, que ade­más de ad­mi­rar­lo mu­cho, es el pa­dre de una de mis me­jo­res ami­gas, Naia­ra Awa­da. Lo co­noz­co des­de los 13 años, cuan­do nos iba a bus­car a las cla­ses de tea­tro de Ju­lio Chá­vez pa­ra ir a al­mor­zar. Fue una gran ex­pe­rien­cia tra­ba­jar con él“.

Y así, ca­da vez me­jor plan­ta­da, bus­ca­da por mar­cas in­ter­na­cio­na­les co­mo la ita­lia­na Ya­ma­may por su be­lle­za na­tu­ral, sor­pren­de al pú­bli­co es­ta mu­cha­cha que ya de­jó a va­rios con la bo­ca abier­ta cuan­do fue el amor tan tor­tuo­so co­mo apa­sio­na­do de Leo­nar­do Sba­ra­glia en el film San­gre en la bo­ca (2016), des­pués se lu­ció en 2017 en la se­rie La fra­gi­li­dad de los cuer­pos con Ger­mán Pa­la­cios, a prin­ci­pios de es­te año con el th­ri­ller de te­rror No dor­mi­rás y pa­re­ce se­guir apos­tan­do a pa­pe­les ju­ga­dos, pro­ban­do lí­mi­tes e im­po­nién­do­se desafíos. “Es lo que uno ama de es­ta pro­fe­sión, ir por co­sas nue­vas, pro­bar lo di­fe­ren­te. Cuan­do me lle­ga una pro­pues­ta lo que más de­seo es que sea bien dis­tin­ta a to­do lo que ya hi­ce an­tes“.

-¿Te­nés al­go de Mar­ti­na, tu per­so­na­je en es­ta his­to­ria?

-La tra­ma es fuer­te, pe­ro no por el con­tex­to del trá­fi­co de dro­gas, sino por­que se tra­ta de lo que ocu­rre en los víncu­los du­ran­te las si­tua­cio­nes ex­tre­mas. Ella va al fren­te pe­ro por­que sa­be que se jue­ga la vi­da y lo ha­ce con de­ses­pe­ra­ción. Fue un rol que en­sa­yé mu­cho, so­la fren­te al es­pe­jo, a los gri­tos, hay una es­ce­na en la que ten­go que lo­grar un ata­que de pá­ni­co, per­der el con­trol, ver­la des­pués me im­pre­sio­nó. Me veo más ma­du­ra, más mu­jer, creo que fue­ron años de mu­cho cre­ci­mien­to los que pa­sa­ron. Era ade­más un de­sa­fío gran­de por­que con­su­mo sus­tan­cias, tras­pa­so bor­des que nun­ca cru­cé y bus­car esos lu­ga­res fue un tra­ba­jo ar­duo pe­ro del que es­toy or­gu­llo­sa. El guión es de lo me­jor que leí, cuan­do lo tu­ve en­tre ma­nos me vol­ví loca, no le veía fa­lla. Me gus­ta que es una pe­lí­cu­la de au­tor, es un th­ri­ller pe­ro no es co­mer­cial.

-¿Qué ha­ces pa­ra se­lec­cio­nar los tra­ba­jos en los que te vas a em­bar­car?

-Me in­tere­sa pa­sar por dis­tin­tos ti­pos de tra­ba­jo, por ejem­plo en es­ta pe­li no hay ab­so­lu­ta­men­te na­da se­xual. No pa­sa por ahí. Sí en La Fra­gi­li­dad.. y en No dor­mi­rás era pá­ni­co, te­rror ex­tre­mo, un gé­ne­ro nue­vo. Eso es lo que me in­tere­sa, po­der pa­sar por di­fe­ren­tes es­ta­dos.

-¿Te­nés mie­do a que­dar en­ca­si­lla­da?

-Ja­más. Siem­pre te di­cen cui­da­do no ha­gas un des­nu­do por­que des­pués no te vas a po­der des­pe­gar. Pa­ra na­da, no creo en eso. Pa­ra pre­pa­rar un per­so­na­je ha­blo mu­cho con los di­rec­to­res, lo tra­ba­jo y to­do lo que es­tu­dié de al­gu­na ma­ne­ra fun­cio­na ahí, los años del San Mar­tín, la aca­de­mia de Ju­lio Boc­ca, de Chá­vez, to­do con­flu­ye y es­tás vos ha­cien­do apa­re­cer esa per­so­na. Amo mi tra­ba­jo, soy sú­per res­pon­sa­ble, me com­pro­me­to con ca­da lí­nea. Me gus­ta ser alum­na, me gus­ta se­guir for­mán­do­me, es­tu­dio siem­pre. En­tre cur­sos acá y afue­ra, no me que­do quie­ta.

-Te es­tán lla­man­do mar­cas de mo­da pa­ra ser su ima­gen. ¿Te gus­ta?

-Me di­vier­te, pe­ro ele­gí la in­ter­pre­ta­ción, no soy mo­de­lo, en­tien­do la es­té­ti­ca des­de el lu­gar de ex­pre­sión por­que soy ac­triz, soy co­que­ta, fe­me­ni­na y me gus­ta el jue­go con la cá­ma­ra, por su­pues­to. Pe­ro tra­to de no res­pon­der a nin­gún es­te­reo­ti­po.

-¿Có­mo es eso?

-Ha­ce un tiem­po co­mo so­cie­dad es­ta­mos re­pen­sán­do­nos. Aho­ra es­toy le­yen­do un li­bro fe­mi­nis­ta que

me es­tá cam­bian­do mu­cho la ma­ne­ra de ver. Se lla­ma Teo­ría King Kong de Vir­gi­nie Des­pen­tes. Pres­té aten­ción a la so­bre­va­lo­ra­ción que hay so­bre lo lin­do o lo es­té­ti­ca­men­te be­llo por so­bre otras cues­tio­nes mu­cho más me­ri­to­rias que esa. Yo na­cí con es­ta ca­ra, es­te cuer­po, es­tos ras­gos, pe­ro cul­ti­vé otras co­sas por las que na­die me fe­li­ci­ta tan­to. To­mar cons­cien­cia de esas pe­que­ñas gran­des in­jus­ti­cias es par­te de cam­biar la ca­be­za, tan­to del hom­bre co­mo de la mu­jer por­que el ma­chis­mo no só­lo las­ti­ma a la mu­jer, po­ne al hom­bre en un lu­gar ho­rri­ble tam­bién de pro­tec­tor, pro­vee­dor, de no po­der trans­mi­tir sus sen­ti­mien­tos, ser siem­pre el fuer­te.

-Em­pe­zas­te a tra­ba­jar a los 10 años en Chi­qui­ti­tas ¿Cuán­do su­pis­te que es­to iba en se­rio y te que­rías de­di­car?

-A los 17 más o me­nos de­ci­dí que has­ta ahí ha­bía te­ni­do un mon­tón de opor­tu­ni­da­des y las ha­bía apro­ve­cha­do a to­das. Pe­ro que a par­tir de ese mo­men­to iba a to­mar el vo­lan­te, me iba a ca­pa­ci­tar e iba ele­gir yo. Ahí me en­fo­qué mu­cho en la té­ni­ca.

-Y aho­ra tus elec­cio­nes es­tán más cer­ca del ci­ne que de la te­vé...

-Es que des­de el 2001 has­ta el 2016 to­dos los años hi­ce tiras. Diez años se­gui­dos. Ado­ro ha­cer te­le, pe­ro que­ría pro­bar­me en otras pis­tas. Ya ha­brá tiem­po de tea­tro tam­bién, si me ani­mo y lle­ga al­go in­tere­san­te. Es una cuen­ta pen­dien­te.

-Qué es el amor pa­ra vos ¿un error en la ma­trix, un re­man­so, un hu­ra­cán?

-Es mu­chas co­sas. Pa­sa por mu­chas eta­pas. El enamo­ra­mien­to es her­mo­so pe­ro des­pués se con­vier­te en un amor más pro­fun­do y más de ver­dad. Ahí em­pie­za ver­da­de­ra­men­te creo yo. Es­tar enamo­ra­do, en pa­re­ja y sen­tir al la­do un com­pa­ñe­ro de ru­ta es lo más lin­do que te pue­de pa­sar. Pe­ro ocu­rre que la amis­tad no ne­ce­si­ta la co­ti­dia­ni­dad, al­go así de­cía Jor­ge Luis Bor­ges creo, y el amor sí. Aun­que in­de­fec­ti­ble­men­te eso, en al­gu­nos ca­sos, lle­ve a su des­gas­te.

-¿Y cuan­do es­tás en una re­la­ción qué es lo que más te gus­ta de an­dar de a dos?

-La li­ber­tad sin que eso sea con­tra­dic­to­rio con el com­pa­ñe­ris­mo.

-¿So­ñás con ser ma­dre o ni lo pen­sás?

-Me en­can­ta, creo mu­cho en la fa­mi­lia, va­lo­ro más en es­ta pro­fe­sión ines­ta­ble lle­na de vai­ve­nes la es­ta­bi­li­dad emo­cio­nal de un nú­cleo afec­ti­vo. Pue­de no ser fa­mi­lia bio­ló­gi­ca pe­ro siem­pre un gru­po de amor al que vol­ver, con quien en­con­trar­te es cla­ve. En es­te mo­men­to son mis ami­gos, mi fa­mi­lia, pe­ro en el fu­tu­ro se­rá un amor, hi­jos, quie­ro te­ner ni­ños, aun­que no aho­ra por­que es­toy abo­ca­da a mi ca­rre­ra. No ten­go pa­re­ja, pe­ro cuan­do lle­gue el mo­men­to. Es lo que más quie­ro.

-¿Crees que te cos­tó más o me­nos es­tar don­de es­tás por ser lin­da?

-Ten­go mi au­to­es­ti­ma sú­per bien aun­que nun­ca me creí la más be­lla ni una co­sa de lo­cos, no soy en­greí­da ni me gus­ta ha­blar de mi be­lle­za. Creo que me po­nen en ese lu­gar por mi ju­ven­tud. Hoy ten­go 23 años y la gen­te en­dio­sa que soy jo­ven. Yo no re­nie­go de na­da, su­pon­go que me ayu­dó a ve­ces y otras co­la­bo­ró al pre­jui­cio. Yo creo que si no hay más que lo fí­si­co, hay lu­ga­res que no po­dés sos­te­ner.

-¿Có­mo eras de chi­qui­ta?

-Me tre­pa­ba a los ár­bo­les y me en­can­ta­ba ju­gar con los va­ro­nes pe­ro tam­bién era sú­per fe­me­ni­na. Era ca­paz de pa­sar frío por po­ner­me ese ves­ti­do que com­bi­na­ba con los za­pa­tos. Ins­por­ta­ble. De más gran­de­ci­ta era tí­mi­da. A ve­ces no iba ni al ba­ño pa­ra no pe­dir per­mi­so pa­ra le­van­tar­me y pa­sar en­fren­te de to­da la cla­se. En una épo­ca cer­ca de los seis años me po­nía el pe­lo den­tro de la ca­pu­cha y ac­tua­ba co­mo si fue­ra va­rón. Que­ría que la gen­te cre­ye­ra que era ne­ne. Y ju­ga­ba a eso en­si­mis­ma­da en mi pa­pel. Cuan­do me sa­lía y al­guien se re­fe­ría a mí co­mo un ne­ne era fe­liz.

-¿Qué co­sas te hie­lan la san­gre?

-Que to­da­vía sea de­li­to el abor­to. Que no pue­da ver­se co­mo lo que es, un te­ma de sa­lud pú­bli­ca, una deuda con los de­re­chos de la mu­jer. Hay que en­ten­der que se tra­ta de una cuestión de evo­lu­ción so­cial y con un mo­de­lo an­te­rior que cam­bió. Las le­yes de­ben acom­pa­ñar es­to, yo mis­ma no lo en­ten­día has­ta que me in­terio­ri­cé un po­co, bas­ta con mi­rar paí­ses más avan­za­dos y en­ten­der sus ar­gu­men­tos.

AGRA­DE­CI­MIEN­TOS: MA­QUI­LLÓ: BETINA FRUMBOLI PA­RA FRUMBOLI ES­TU­DIO. PEI­NÓ: JUAN MA­NUEL CATIVA PA­RA MA­LA PE­LU­QUE­RÍA CON PRO­DUC­TOS PANTENE. VES­TUA­RIO: DU­BIÉ, TROSMAN, HELICIA, AY NOT DEAD, COMPLOT, BA­ZAR DE JO­YAS, MISHKA.

“TEN­GO MI AU­TO­ES­TI­MA SÚ­PER BIEN AUN­QUE NUN­CA ME CREÍ LA MÁS BE­LLA NI UNA CO­SA DE LO­COS, NO SOY EN­GREÍ­DA NI ME GUS­TA HA­BLAR DE MI BE­LLE­ZA. YO NO RE­NIE­GO DE NA­DA, SU­PON­GO QUE ME AYU­DÓ A VE­CES Y OTRAS CO­LA­BO­RÓ AL PRE­JUI­CIO”.

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