NUES­TRO HOM­BRE. NIC ROLDÁN.

Lo lla­man “el polista más sexy del mun­do”, na­ció en nues­tro país y vi­ve en Es­ta­dos Uni­dos.

Luz - - SUMARIO - NIC ROLDÁN

NA­CIÓ ACÁ PE­RO DE CHI­CO SE MU­DÓ A LOS ES­TA­DOS UNI­DOS, PAÍS QUE HOY RE­PRE­SEN­TA CO­MO CA­PI­TÁN DE SU SE­LEC­CIÓN NA­CIO­NAL DE PO­LO. POR PRI­ME­RA VEZ, JU­GA­RÁ AHO­RA EN EL ABIER­TO DE PA­LER­MO CON UN EQUI­PO NUE­VO. CA­LI­FI­CA­DO POR MU­CHOS CO­MO EL “POLISTA MÁS SEXY DEL MUN­DO”, ACA­BA DE PO­NER FIN A SU RE­LA­CIÓN CON LA HI­JA DE BRU­CE SPRINSGTEEN. EN ES­TA NO­TA, HA­BLA DE SUS SUE­ÑOS Y DE SUS RENOVADOS IN­TEN­TOS DE NO­VIAZ­GO JUN­TO A UNA JO­VEN AC­TRIZ DE HOLLY­WOOD.

Nos re­ci­be, ma­te en mano, en su nue­vo y mo­men­tá­neo ho­gar: un ex­clu­si­ví­si­mo country club de po­lo en la lo­ca­li­dad de Ge­ne­ral Rodríguez, pe­ga­di­to a otra es­tan­cia fa­mo­sa pa­ra los aman­tes es­te de­por­te: La Ellers­ti­na, pro­pie­dad de los Pie­res. Pe­ro su ape­lli­do tam­bién es si­nó­ni­mo de po­lo ya que to­dos sus an­te­ce­so­res fue­ron exi­mios ju­ga­do­res. “Mi bi­sa­bue­lo, Au­di­lio, ga­nó el Abier­to en 1931”, cuen­ta. Si bien na­ció acá, Nic (Ni­co­lás) par­tió a Es­ta­dos Uni­dos con ape­nas me­ses de vi­da. En Palm Beach se crió, es­tu­dió y ter­mi­nó en­con­tran­do su de­fi­ni­ti­va na­cio­na­li­dad y vo­ca­ción, que hoy re­fren­da or­gu­llo­so co­mo ca­pi­tán de la Se­lec­ción Na­cio­nal de Po­lo. Con gran pre­sen­cia en to­do el cir­cui­to in­ter­na­cio­nal, su vi­da trans­cu­rre en­tre Es­ta­dos Uni­dos, Gran Bre­ta­ña y gran par­te de Asia y los Emi­ra­tos Ára­bes Uni­dos. El sul­tán de Bru­nei y los prín­ci­pes de In­gla­te­rra, Wi­lliam y Harry, son al­gu­nos de sus ha­bi­tua­les com­pa­ñe­ros de par­ti­da. En uno de esos tor­neos co­no­ció a Jessica Springs­teen, la hi­ja de “The Boss”, Bru­ce, y apa­sio­na­da de los ca­ba­llos co­mo él. El no­viaz­go ter­mi­nó a co­mien­zos de es­te año pe­ro el mu­cha­cho

(“el polista más sexy del mun­do”, se­gún la re­vis­ta Va­nity Fair) ya es­tá nue­va­men­te en pa­re­ja, con la jo­ven mo­de­lo y ac­triz Arie­lle Keb­bel (tra­ba­jó en se­ries co­mo Gil­mo­re Girls, The Vam­pi­re Dia­ries, 90210 y Ba­llers).

-¿Cuál es hoy tu lu­gar en el mun­do?

-La ver­dad, no ten­go. En Palm Beach es­tá mi ba­se pe­ro úl­ti­ma­men­te ven­go via­jan­do tan­to que no pue­do pensarme más que en mo­vi­mien­to. A ve­ces pue­de re­sul­tar al­go can­sa­dor eso pe­ro ya es­toy bas­tan­te acos­tum­bra­do, des­de los 15 que lle­vo es­te rit­mo de vi­da. Aho­ra es­toy pa­san­do más tiem­po que nun­ca en Ar­gen­ti­na y eso me en­can­ta. Es un enor­me desafío pa­ra mí pro­bar­me acá, don­de real­men­te es­tán los me­jo­res ju­ga­do­res del mun­do.

-¿Sen­tís que po­drías ha­ber­te de­di­ca­do a otra co­sa? Sos cuar­ta ge­ne­ra­ción de po­lis­tas…

-Es cier­to, y si bien el po­lo y los ca­ba­llos siem­pre fue­ron mi pa­sión más fuerte, ten­go mu­chos otros in­tere­ses. Ju­gué mu­chí­si­mos años al hoc­key so­bre hie­lo -ca­si lo ha­go de ma­ne­ra pro­fe­sio­nal- y tam­bién me in­tere­sa la moda, el di­se­ño, la ar­qui­tec­tu­ra… A es­to úl­ti­mo tam­bién me de­di­co un po­co, ten­go una em­pre­sa con ami­gos de allá con la que com­pra­mos ca­sas pa­ra re­mo­de­lar y lue­go ven­der. Mi ma­má es de­co­ra­do­ra y siem­pre es una fuen­te de con­sul­ta im­por­tan­te. Tam­bién es­ta­mos cons­tru­yen­do ca­ba­lle­ri­zas de salto que son ver­da­de­ras man­sio­nes pa­ra ca­ba­llos. Fue­ra de bro­ma, son cam­pos que ter­mi­nan cos­tan­do 10 o 15 mi­llo­nes de dó­la­res…

-Y con la moda, ¿pen­sas­te ha­cer al­go?

-Más allá de los tra­ba­jos co­mo mo­de­lo (N de la R: es par­te de la agen­cia Wil­hel­mi­na Mo­dels y ya po­só pa­ra mar­cas co­mo Pia­get y True Vin­ta­ge Re­vi­val) lo cier­to es que me en­can­ta el di­se­ño. Es­to que ten­go pues­to (se­ña­la su bu­zo con la ins­crip­ción Spri­tual Gangs­ter) es de una mar­ca de pren­das pa­ra yo­ga que creó un ami­go. En un mo­men­to fan­ta­seé con ha­cer mi pro­pia lí­nea de ro­pa pe­ro me di cuen­ta de que es muy difícil. Hay mu­chí­si­ma com­pe­ten­cia y pri­me­ro creo que de­be­ría ha­cer cre­cer mi nom­bre, ins­ta­lar­lo co­mo “mar­ca”, y re­cién ahí em­pe­zar a ha­cer co­sas.

-Ha­blan­do de nom­bres, ¿se­guís bau­ti­zan­do a tus ca­ba­llos co­mo ce­le­bri­ties? (Nao­mi Camp­bell a una ye­gua de pier­nas lar­gas, Jack Ni­chol­son a un pe­ti­zo me­dio ca­brón…)

-(Ríe) Eso lo ha­cía de más chi­co, en los úl­ti­mos lo­tes usa­mos to­dos nom­bre de ha­ba­nos y de ciu­da­des. Voy va­rian­do… ¡Me hi­cis­te acor­dar a Nao­mi! Era una gran ye­gua.

-Te to­có co­no­cer a mu­cha gen­te fa­mo­sa, ¿quién te im­pac­tó más?

-Mmm, pa­ra mí los más es­pe­cia­les siem­pre se­rán los prín­ci­pes de In­gla­te­rra, Wi­lliam y Harry. Pe­ro por lo sen­ci­llos y ami­ga­bles que son. Es­tán to­do el tiem­po ro­dea­dos de gen­te y asun­tos de to­do ti­po pe­ro ellos se ma­ne­jan con una gran hu­mil­dad. Aman el po­lo ade­más.

-¿Y qué tal fue co­no­cer a Bru­ce Springs­teen?

-¡The Boss! Un crack to­tal. Un ti­po im­pre­sio­nan­te, una le­yen­da. A mí siem­pre me im­pre­sio­nó su ener­gía. De he­chos sus shows son fa­mo­sos por eso, por du­rar ho­ras y ho­ras. Un gran ti­po, muy bue­na on­da.

-Con tan­tos via­jes y com­pro­mi­sos, ¿es difícil lle­var una re­la­ción amo­ro­sa?

-Sí. El amor siem­pre me re­sul­tó difícil pa­ra ser­te sin­ce­ro. Y le pongo to­do, eh. Y bus­co mu­je­res que tam­bién ha­gan lo mis­mo pe­ro no es fá­cil. Hoy en día vi­vi­mos en un mun­do don­de las mu­je­res tie­nen sus ca­rre­ras, tra­ba­jos, pa­sio­nes y no es fá­cil de­jar to­do eso pa­ra se­guir a tu pa­re­ja. No es sen­ci­llo. Hoy los via­jes son una par­te fun­da­men­tal de mi vi­da, es así.

-Pe­ro es­tás nue­va­men­te de no­vio…

-Sí, ella es ac­triz y es to­do muy re­cien­te, ve­re­mos có­mo re­sul­ta. Te re­pi­to: no es fá­cil. Mi idea es que ven­ga a vi­si­tar­me acá en breve. Se­gu­ra­men­te a fi­nes de no­viem­bre.

-La úl­ti­ma, ¿creés que el po­lo de­ja­rá de ser un de­por­te eli­tis­ta al­gún día?

- Es la idea. Es el ca­mino que se ini­ció ha­ce ya va­rios años y que si­gue. To­dos que­re­mos lle­gar a que sea un de­por­te po­pu­lar. Pe­ro no es sen­ci­llo, es un de­por­te muy ca­ro. Qui­zá acá en Ar­gen­ti­na se em­pe­zó a vol­ver un po­co más ac­ce­si­ble pe­ro en Es­ta­dos Uni­dos y Eu­ro­pa to­da­vía es una prác­ti­ca muy de eli­te. Es una lar­ga ba­ta­lla esa. Y cues­ta arri­ba. Co­mo las que me gus­tan... (son­ríe)

“HOY NO TEN­GO DE­FI­NI­DO MI LU­GAR EN EL MUN­DO. EN PALM BEACH ES­TÁ MI BA­SE PE­RO ÚL­TI­MA­MEN­TE VEN­GO VIA­JAN­DO TAN­TO QUE NO PUE­DO PENSARME MÁS QUE EN CONS­TAN­TE MO­VI­MIEN­TO”

FO­TOS: SER­GIO PIEMONTE.

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