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Mia - - ESPECTÁCULOS -

Mi re­cuer­do pa­ra Al­fre­do Al­cón

En mi ado­les­cen­cia, du­ran­te los años '60, vi­ví en San An­to­nio de Are­co y la te­le­vi­sión en blan­co y ne­gro nos sor­pren­día tra­yén­do­nos has­ta nues­tro pue­blo de cam­po a los más fa­mo­sos del es­pec­tácu­lo. Allí des­cu­brí a Al­fre­do Al­cón, en una ver­sión inol­vi­da­ble de Is­ra­fel, que emi­tió el por en­ton­ces Ca­nal 11, en el ci­clo El tea­tro de Al­fre­do Al­cón. A par­tir de en­ton­ces, em­pe­cé a cu­rio­sear en su tra­yec­to­ria y, ya en Buenos Aires, lo re­en­con­tré en el ci­ne y en pe­lí­cu­las co­mo El san­to de la es­pa­da, Nazareno Cruz y el lo­bo, Mar­tín Fie­rro y Bo­qui­tas pin­ta­das (por nom­brar al­gu­nas). Pe­ro quien me lo acer­có de­fi­ni­ti­va­men­te fue el tea­tro. Lo em­pe­cé a ver a fi­nes de los '70 y re­cuer­do: Historias del Zoo, Pa­no­ra­ma des­de el puen­te y Las bru­jas de Salem. En la dé­ca­da si­guien­te, lo en­tre­vis­té por pri­me­ra vez cuan­do iba a es­tre­nar Los ca­mi­nos de Fe­de­ri­co, de Gar­cía Lor­ca. Des­pués char­la­mos va­rias ve­ces y fue así co­mo fui des­cu­brien­do la enor­me hu­mil­dad de es­te gran­de. En el '94, es­tre­nó jun­to a Nor­ma Aleandro una inol­vi­da­ble ver­sión de Es­ce­nas de la vi­da con­yu­gal. Dos mons­truos sa­gra­dos en es­ce­na, dos pro­fe­so­res dan­do cá­te­dra de ac­tua­ción. Des­pués vino La Tem­pes­tad, de Sha­kes­pea­re, don­de ca­mi­na­ba por una pa­sa­re­la en­tre las bu­ta­cas y po­nía la piel de ga­lli­na con sus par­la­men­tos tan cer­ca de nues­tros oí­dos. Más tar­de, Edipo, Las va­ria­cio­nes Gold­berg y el fe­no­me­nal En­ri­que IV. De allí en más, vi to­das las que si­guie­ron: Ho­me­na­je a Ib­sen, La muer­te de un via­jan­te, Rey Lear, Los re­yes de la ri­sa, Fi­lo­so­fía de vi­da y, el año pa­sa­do, Fi­nal de par­ti­da, un tí­tu­lo tan su­ge­ren­te co­mo pre­mo­ni­to­rio. Sin em­bar­go, mi ma­yor re­cuer­do es el ca­fe­ci­to que una tar­de nos to­ma­mos en la es­qui­na del tea­tro San Mar­tin, sin gra­ba­dor de por me­dio. Por­que sí, por­que me vio en otra me­sa del bar y me in­vi­tó a la su­ya pa­ra char­lar de la vi­da. Has­ta siem­pre, Al­fre­do.

Gar­cia­re­na, Pao­los­ki y los pa­ña­les

Sa­bri­na Gar­cia­re­na (30) y Ger­mán Pao­los­ki (38) se con­vir­tie­ron en pa­dres pri­me­ri­zos con la lle­ga­da de León. El be­bé na­ció ha­ce po­cos días en la clí­ni­ca Sui­zo Ar­gen­ti­na y pe­só 3,200 ki­los. La pri­me­ra no­ti­cia la pu­bli­có el pro­pio pa­dre en Twit­ter di­cien­do: "¡Na­ció León y por suer­te es her­mo­so co­mo la ma­dre! ¡Gra­cias por sus men­sa­jes

y buenos de­seos! “. Ella es­tá dis­fru­tan­do a full de la ma­ter­ni­dad mien­tras que él se­gui­rá con su ci­clo en Los s 40 prin­ci­pa­les, en FM 105.5, y el pro­gra­ma Pu­ra quí­mi­ca, en ESPN. Más ade­lan­te, es­ta­rá ará al fren­te del nue­vo ci­clo Dia­rio del Mun­dial, al, que ten­drá to­da la in­for­ma­ción de la Co­pa del Mun­do de Bra­sil. Ca­be re­cor­dar que el pe­rio­dis­ta de­por­ti­vo pi­dió li­cen­cia de dos me­ses por pa­ter­ni­dad en el no­ti­cie­ro de la me­dia­no­che de Te­le­fé pa­ra así dis­fru­tar a pleno de es­te gran mo­men­to y es­tar cer­ca de su fa­mi­lia.

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