Co­ci­nan­do BIE­NES­TAR

Mia - - DECO -

Pa­ra el Feng Shui, una co­ci­na bien pro­vis­ta es sím­bo­lo de pros­pe­ri­dad y los ali­men­tos pre­pa­ra­dos con bue­na ener­gía y amor re­pre­sen­tan la unión fa­mi­liar y la ale­gría. Por eso, es vi­tal te­ner en cuen­ta la ener­gía que tie­ne la co­ci­na por­que en ella coin­ci­den dos ele­men­tos opues­tos: el agua (Yin) y el fue­go (Yang). La ubi­ca­ción de la co­ci­na den­tro de la ca­sa pa­ra el Feng Shui es un te­ma de mu­cha aten­ción ya que de ella de­pen­de, la sa­lud, las re­la­cio­nes y las fi­nan­zas.

Pa­ra em­pe­zar, es muy im­por­tan­te la ubi­ca­ción de la pi­le­ta de la­var, en re­la­ción a las hor­na­llas dee la co­ci­na, ya quee se con­si­de­ra quee el fue­go hay quee co­lo­car­lo le­jos dell agua, si fue­ra po­si­ble, en pa­re­des dis­tin­tas o a máss de 70 cm en lí­nea.. Si ya es­tá ar­ma­do de otra ma­ne­ra, se pue­de cu­rar co­lo­can­do plan­tas en­tre am­bos.

Cuan­do se di­se­ña una co­ci­na, hay que co­lo­car la pi­le­ta, el la­va­va­ji­lla y el la­va­rro­pas de ma­ne­ra que no es­tén en­fren­ta­dos a las hor­na­llas ya que es­to po­dría aca­rrear pro­ble­mas eco­nó­mi­cos y en el ma­tri­mo­nio a fu­tu­ro.

La puer­ta de en­tra­da de la co­ci­na no de­be dar a la es­pal­da de la per­so­na que es­tá co­ci­nan­do, pues po­dría sig­ni­fi­car trai­cio­nes.

Los ali­men­tos son los en­car­ga­dos de otor­gar­nos ener­gía y nu­tri­ción. So­la­men­te una co­mi­da he­cha con bue­na ener­gía y buen áni­mo ten­drá la su­fi­cien­te fre­cuen­cia pa­ra alen­tar a la sa­lud fí­si­ca men­tal y emo­cio­nal de to­da la fa­mi­lia. Cuan­do el es­pa­cio don­de se ela­bo­ran los ali­men­tos es­ta en ar­mo­nía, la co­ci­na po­see una bue­na ubi­ca­ción y la in­ter­ac­ción de los ele­men­tos tie­rra, agua, fue­go y me­tal es­tán en equi­li­brio, en­ton­ces los ali­men­tos se­rán una me­di­ci­na.

Hay que re­cor­dar que las hor­na­llas sim­bo­li­zan el di­ne­ro, así que man­te­ner­las lim­pia es tan im­por­tan­te como ase­gu­rar­se de que fun­cio­nen las pe­ri­llas co­rrec- ta­men­te, que la puer­ta del horno no ha­ga rui­do.

El des­or­den en la co­ci­na es muy ne­ga­ti­vo, pe­ro no so­lo se tra­ta de or­de­nar sino de desechar. Es­pe­cias que ya no tie­nen el mis­mo sa­bor, guan­tes o ma­no­plas ro­tos, caos en las ala­ce­nas o guar­dar ele­men­tos den­tro del horno, como sar­tén u ollas, re­quie­ren un cam­bio. No se de­ben de­jar cu­chi­llos a la vis­ta pues po­drían traer dis­cu­sio­nes ni col­gar tazones o cu­cha­ro­nes ya que es de mal au­gu­rio. El me­jorj co­lor ppa­ra las ppa­re­des es el blan­co y se deb­ben evi­tar los ro­jos y azu­les. Los ex­ce­ce­sos de ro­jos en mue­bles o pa­re­des pue­den traer dis­cu­sio­nes y ac­ti­var el ape­ti­to en de­ma­sía. El azul po­dría ge­ne­rar pro­ble­mas de di­ges­tión.

Son idea­les los ccua­dros de fru­tas y ver­du­ras tan­to en la co­ci­na como en eel co­me­dor dia­rio.

La ubi­ca­ción de es­te am­bien­te en re­la­ción al res­to de los de la ca­sa es esen­cial: si una per­so­na duer­me en el pi­so de arri­ba del anafe o del horno, es pro­ba­ble que su es­trés se dis­pa­re, tam­bién es ne­ga­ti­vo dor­mir arri­ba de la he­la­de­ra. Cuan­do la co­ci­na es­tá ubi­ca­da de­ba­jo de un ba­ño, es po­si­ble que ha­ya pro­ble­mas ma­tri­mo­nia­les, ya que el fue­go re­pre­sen­ta al hom­bre y el agua a la mu­jer.

La puer­ta de la co­ci­na tam­po­co de­be es­tar en­fren­ta­da a la del ba­ño, si es­tu­vie­ra así, se de­be­rá co­lo­car un Pa­kua plano so­bre la puer­ta de la co­ci­na, arri­ba y en el cen­tro.

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