Lar­ga vi­da

Si te­nés aro­má­ti­cas en el jar­dín que no de­jan de cre­cer y de las que co­se­chás po­co, apren­dé a man­te­ner­las con dis­tin­tas téc­ni­cas de con­ser­va­ción

Mia - - TENDENCIAS -

Ca­da vez son más las que se su­ma­ron a cul­ti­var hier­bas aro­má­ti­cas en el jar­dín. De ellas, tam­bién to­das sa­ben que aun­que se usen al­gu­nas ho­jas o ta­llos pa­ra co­ci­nar, vuel­ven a cre­cer rá­pi­da­men­te y que lo co­se­cha­do que no usa­mos no du­ra mu­cho: des­pués de dos o tres días, las ho­jas se mar­chi­tan por más que se las guar­de en un lu­gar fres­co y se­co. Pa­ra eso es­tán las téc­ni­cas que per­mi­ten con­ser­var las hier­bas.

Pa­ra em­pe­zar me­jor es co­se­char las flo­res y ho­jas más nue­vas, que son más aro­má­ti­cas. Lue­go, hay dis­tin­tas op­cio­nes: se­car­las, con­ge­lar­las o ha­cer con ellas pre­pa­ra­cio­nes con sal, acei­te o vi­na­gre. La téc­ni­ca a em­plear

pa­ra con­ser­var­las de­pen­de­rá de ca­da hier­ba. Se­ca­do Las hier­bas de gus­to más in­ten­so, co­mo el ro­me­ro o el oré­gano, son bue­nas candidatas al se­ca­do. Una op­ción es ar­mar un ra­mo con unos 20 ta­llos y col­gar­lo por al­gu­nos días en un lu­gar con bue­na ven­ti­la­ción don­de no re­ci­ba sol de for­ma di­rec­ta. Si se quie­re aho­rrar tiem­po, se pue­den se­car en el horno abier­to, a en­tre 30 y 40º, du­ran­te 2 ho­ras. Las hier­bas es­ta­rán se­cas cuan­do al sa­cu­dir­las las es­cu­ches cru­jir y las pue­das des­ha­cer con las ma­nos. Hay que te­ner en cuen­ta que, al se­car­las, las hier­bas pier­den lí­qui­dos y acei­tes esen­cia­les que les dan gus­to, por eso, son me­nos aro­má­ti­cas. Con­ge­la­do Una al­ter­na­ti­va que pre­ser­va me­jor las pro­pie­da­des es el con­ge­la­do. El pe­re­jil, la ci­bou­let­te el enel­do, la al­baha­ca, el to­mi­llo, el estragón y la me­li­sa son es­pe­cial­men­te ap­tas pa­ra es­to. Pri­me­ro, hay que pi­car las hier­bas, de mo­do de po­der con­ge­lar­las en por­cio­nes, co­mo por ejem­plo, en for­ma de cu­bi­tos de hie­lo. Ma­ce­ra­dos El acei­te y el vi­na­gre tam­bién con­ser­van el aro­ma de las hier­bas. Un pu­ña­do de al­baha­ca al­can­za pa­ra ha­cer un li­tro de acei­te o vi­na­gre con hier­bas. Sim­ple­men­te, hay que aña­dir las hier­bas al lí­qui­do y de­jar­las ma­ce­rar. Des­pués de 2 a 3 se­ma­nas, el pre­pa­ra­do se pue­de usar pa­ra co­ci­nar. Sin em­bar­go, es im­por­tan­te al­ma­ce­nar es­ta pre­pa­ra­ción en un lu­gar fres­co y os­cu­ro pa­ra que no se pon­ga ran­cia. Ja­leas Con las hier­bas tam­bién se pue­den pre­pa­rar ja­leas. La ba­se de la ja­lea es un pu­ré de fru­tas, por ejem­plo, de man­za­nas. Pa­ra ello hay que cor­tar la fru­ta en tro­zos pe­que­ños y co­ci­nar­la con azú­car y ge­la­ti­na. Las hier­bas se aña­den cuan­do el pre­pa­ra­do aún es­tá ca­lien­te. De acuer­do con el gus­to de ca­da uno, se pue­den aña­dir ro­me­ro, me­jo­ra­na, men­ta, to­mi­llo, estragón o sal­via. La ja­lea de­be guar­dar­se de in­me­dia­to en fras­cos. Si se la al­ma­ce­na en un lu­gar fres­co y se­co, du­ra has­ta 4 me­ses. La ja­lea de ro­me­ro va muy bien con al­bón­di­gas. Sin em­bar­go, es­tos mé­to­dos de con­ser­va­ción tie­nen sus lí­mi­tes: por más que se cum­pla con ellos al pie de la le­tra, se pier­den nu­trien­tes y se pro­du­cen al­te­ra­cio­nes quí­mi­cas. Pe­ro co­mo las hier­bas cu­bren los re­que­ri­mien­tos nu­tri­cio­na­les en un por­cen­ta­je muy ba­jo, da­do que en ge­ne­ral no se las usa en gran can­ti­dad en las re­ce­tas, es­to tam­po­co es un pro­ble­ma. Y, por su­pues­to, usar pa­ra co­ci­nar hier­bas del pro­pio jar­dín es siem­pre más sa­lu­da­ble y eco­nó­mi­co que com­prar­las en el su­per­mer­ca­do lis­tas pa­ra usar.

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