Amo­res de ve­rano ¿SÍ o NO?

Mia - - CALIDAD DE EDUCACIÓN - Por Va­le­ria Scha­pi­ra* *ex­per­ta en re­la­cio­nes pa­ra Match.com - Fo­to: Juan Hit­ters

Se acer­ca la es­ta­ción en la que se ali­ge­ran las ro­pas y las preo­cu­pa­cio­nes – si bien no des­apa­re­cen – se vuel­ven al­go más li­via­nas. En el ve­rano es­ta­mos más dis­pues­tos a ha­cer, y a ha­cer­nos, con­ce­sio­nes. Y si es­ta­mos aún sin una re­la­ción sen­ti­men­tal, ¿por qué no de­ci­dir­nos a en­con­trar un amor?

¿Amor de ve­rano? La idea es que co­mien­ce en es­ta es­ta­ción y con­ti­núe en oto­ño, in­vierno y pri­ma­ve­ra. Aquí te da­mos al­gu­nas su­ge­ren­cias si pre­ten­dés que es­te ro­man­ce que ini­ciás en la tem­po­ra­da es­ti­val se va­ya ci­men­tan­do en el trans­cur­so de los me­ses:

Ele­gí con cri­te­rio: si bien ini­ciar una re­la­ción con al­guien es siem­pre un desafío por­que no co­no­ce­mos a ese otro ser, ya en el ini­cio se evi­den­cian se­ña­les de qué po­de­mos lle­gar a en­con­trar en la in­ter­ac­ción. Quien es­tá de ver­dad in­tere­sa­do en co­no­cer­te, lo ma­ni­fies­ta, no an­da con tre­tas ni se ha­ce el (o la) in­tere­san­te.

Asu­mí el con­tex­to: tu amor no na­ce en la co­ti­dia­nei­dad, ni ba­jo las pre­sio­nes del día a día. En ve­rano – si ha­bla­mos de en­cuen­tros en lu­ga­res de va­ca­cio­nes – es­ta­mos más re­la­ja­dos, re­cep­ti­vos, con­ten­tos. El amor sue­le ser idí­li­co en es­tas co­yun­tu­ras.Tra­tá de dis­tin­guir a la per­so­na real de aque­lla es­ce­no­gra­fía en la que se en­cuen­tran. No idea­li­ces a ese otro que es tan hu­mano co­mo tú.

Gra­duá la in­ten­si­dad: los amo­res ve­ra­nie­gos son de por sí in­ten­sos ya que lle­van im­plí­ci­to su fi­nal, aun­que des­pués con­ti­núen (na­da hay de ma­te­má­ti­co en cues­tio­nes del co­ra­zón). Me­dí las pro­me­sas de amor eterno; las ac­cio­nes di­rán con el tiem­po lo que tan­tas ve­ces las pa­la­bras no lo­gran sos­te­ner.

No pre­sio­nes: si el víncu­lo que se es­tá ges­tan­do va a cre­cer, lo ha­rá de ma­ne­ra flui­da, na­tu­ral­men­te. Las exi­gen­cias no con­tri­bu­yen a que una re­la­ción se va­ya con­so­li­dan­do. Re­la­ja­te y sé vos mis­ma, si ha de ser, se­rá.

Uti­li­zá la tec­no­lo­gía a tu fa­vor: po­dés bus­car un amor es­te ve­rano, sea en tu ciu­dad, en el lu­gar en el que de­ci­das pa­sar tu des­can­so o en un por­tal de ci­tas. Só­lo se tra­ta de pro­bar, de ani­mar­se. Una de ca­da 5 per­so­nas que se re­gis­tran en un si­tio de ci­tas, en­cuen­tra a su com­pa­ñe­ro.

✔¿Él o ella vi­ve en otra ciu­dad?: si es así, plan­te­ate de an­te­mano si es­tás de­ci­di­do/a a cons­truir un amor a la dis­tan­cia. Si no es lo tu­yo, te­nés va­rios ca­mi­nos. Pre­ser­var­te y mi­rar pa­ra otro la­do, to­mar­lo co­mo una aven­tu­ra a cor­to pla­zo o ani­mar­te a ar­mar al­go a ki­ló­me­tros de tu lu­gar. La tec­no­lo­gía pue­de ser tu alia­da.

Re­cor­dá: en es­to del amor y las re­la­cio­nes, no exis­ten re­glas fi­jas. A ve­ces, las co­sas que pa­re­cen más in­tras­cen­den­tes ter­mi­nan sien­do las más du­ra­de­ras. Vi­ve el hoy y con­fía.

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