Pre­pa­rá tu ru­na pa­ra que te pro­te­ja du­ran­te 2016. Co­lo­cá una hoja de ru­da ma­cho so­bre un pla­to do­ra­do. Por en­ci­ma ha­cé una cruz con una ra­ma de romero y una de la­van­da. De­ja­la du­ran­te tres no­ches a la luz de la lu­na. Te­né siem­pre es­ta ru­na en tu bol­si­llo

CON­SA­GRA TU RU­NA

Mia - - REVELACIONES -

Ya es­tá en todos los kios­cos, la nue­va re­vis­ta men­sual de Ca­da mes, en­con­ta­rás 36 pá­gi­nas con Astrología, Horóscopo, He­chi­zos, Ri­tua­les, Carta Na­tal (es­te mes, la de Mau­ri­cio Ma­cri, don­de se cuen­ta que pue­de vol­ver a ser pa­dre). Como di­jo Jimena en su pri­mer editorial: “Co­mien­zo un nue­vo pro­yec­to. Una nue­va ma­ne­ra de co­mu­ni­car­me. Es­toy fe­liz de ha­cer­lo en es­ta editorial en la que sien­to que me abre las puer­tas de los nacimientos con el As de Co­pas. Si mi­ran el lo­go, se da­rán cuen­ta. Es­toy sú­per fe­liz. En es­te año 16, que es el nú­me­ro del ar­cano que lle­va mi ape­lli­do, se­pan que se­rá nor­mal la deses­truc­tu­ra­ción y lo ines­pe­ra­do. Ja­más me can­sa­rá de­cir que soy bru­ja. Hoy, gra­cias a Dios, con los cam­bios de pa­ra­dig­mas, las bru­jas ya de­ja­ron de ser "las ma­las de las pe­lí­cu­las" pa­ra con­ver­tir­se en mu­je­res que pa­de­cie­ron un gran do­lor, de amor, de vi­da o de lo que les ha­ya pa­sa­do, y de­ben de­di­car­se a cui­dar y trans­mi­tir con­ten­ción y sa­bi­du­ría. Has­ta te­ne­mos un pre­si­den­te que nom­bra como "he­chi­ce­ra" a su esposa: te­ne­mos una pri­me­ra da­ma bru­ja. Por­que se­gún el dic­cio­na­rio, son si­nó­ni­mos. Ella es Aries, el signo que da co­mien­zo al año as­tral y a la rue­da zodiacal. An­ti­gua­men­te, los eso­té­ri­cos con­te­nían a la gen­te y la cu­ran­de­ra, sacerdotisa, pi­to­ni­sa o el drui­da eran los con­sul­ta­dos pa­ra re­sol­ver los pro­ble­mas. Hoy se han con­ver­ti­do en li­cen­cia­dos en psi­co­lo­gía. Es ma­ra­vi­llo­so que exis­tan por­que po­dés ir una vez por semana a bus­car res­pues­tas, a tra­tar de en­ten­der tus pro­ble­mas. Mi pre­gun­ta es sim­ple: ¿Por qué la gen­te si­gue con­sul­tan­do la Astrología, aunque sea una pseu­do­cien­cia? Por­que la gen­te no só­lo ne­ce­si­ta que la es­cu­chen, tam­bién ne­ce­si­ta una pa­la­bra. En esa pa­la­bra, en ese di­cho, en­cuen­tran la paz que bus­ca­ban.

"La cien­cia mo­der­na aún no ha pro­du­ci­do un me­di­ca­men­to tran­qui­li­za­dor tan efi­caz como unas po­cas pa­la­bras bon­da­do­sas".

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