Me­di­ta­cio­nes de VE­RANO

Mia - - REVELACIONES -

Osho de­cía: “los hu­ma­nos pue­de ser tre­men­da­men­te fe­li­ces y tre­men­da­men­te in­fe­li­ces, y son li­bres de ele­gir. Esa li­ber­tad es pe­li­gro­sa, esa li­ber­tad es arries­ga­da, por­que tú eres el úni­co res­pon­sa­ble. Y al­go ha ocu­rri­do con esa li­ber­tad, al­go ha ido mal. El ser hu­mano pa­re­ce an­dar ca­be­za aba­jo. Na­die cree en la fe­li­ci­dad. Pa­re­ce que el hom­bre no pue­de ser fe­liz. Si ha­blas de tu de­pre­sión, de la tris­te­za, de la in­fe­li­ci­dad, to­do el mundo se lo cree, pa­re­ce al­go na­tu­ral. Si ha­blas de tu fe­li­ci­dad, na­die te cree, pa­re­ce al­go an­ti­na­tu­ral. So­lo los se­res hu­ma­nos son in­fe­li­ces. Al­go va mal en lo pro­fun­do. Os di­go por ex­pe­rien­cia pro­pia: los se­res hu­ma­nos pue­den ser fe­li­ces, más que las aves, más fe­li­ces que los ár­bo­les, más fe­li­ces que las estrellas. La fe­li­ci­dad se da cuan­do en­ca­jas en tu vi­da, cuan­do en­ca­jas tan ar­mo­nio­sa­men­te que ha­gas lo que ha­gas te pro­por­cio­na ale­gría. Un ver­da­de­ro ser hu­mano ob­tie­ne el va­lor pa­ra se­guir de­lan­te de las co­sas que le ha­cen fe­liz. Di­ce: he ele­gi­do mi ca­mino, he ele­gi­do los pá­ja­ros, las ma­ri­po­sas y las flo­res. No pue­do ser ri­co pe­ro no me im­por­ta. Soy ri­co por­que soy fe­liz”. (Ale­gría, Osho, Ed. Sud­ame­ri­ca­na). bue­na ener­gía. Hay per­so­nas que las ves y te trans­mi­ten ale­gría, sé una de esas per­so­nas. Jue­ga, son­ríe más se­gui­do, y en la ale­gría del es­pí­ri­tu en­con­tra­rás el ca­mino a la fe­li­ci­dad.

Soy Fe­liz. Ex­pan­do mi fe­li­ci­dad y allí don­de voy irra­dio esa ener­gía. Todos per­ci­ben mi ale­gría y se su­man a esa vi­bra­ción. Mi Ser irra­dia bie­na­ven­tu­ran­za.

Los tras­tor­nos del sue­ño vie­nen apa­re­ja­dos al es­trés de vi­da que lle­va­mos. Dor­mi­mos pa­ra re­car­gar las ba­te­rías, pe­ro ¿lo­gra­mos des­can­sar cuan­do vamos a dor­mir? No siem­pre…

In­clu­so a ve­ces des­pués de dor­mir mu­chas ho­ras, nos le­van­ta­mos más can­sa­dos. Y en otros ca­sos no se res­pe­tan las seis ho­ras mí­ni­mas re­co­men­da­das pa­ra un buen dor­mir.

¿Dor­mir o vi­vir? Pa­re­ce como si las 24 ho­ras del día no nos al­can­za­ran pa­ra ha­cer to­do lo que te­ne­mos que rea­li­zar. Un buen des­can­so es fun­da­men­tal pa­ra que pue­das po­ten­ciar tus ener­gías crea­ti­vas y pro­duc­ti­vas du­ran­te la jornada. Al­gu­nas claves pa­ra me­jo­rar las ho­ras de des­can­so:

To­má al­go ti­bio an­tes de ir a acos­tar­te, el lí­qui­do ti­bio den­tro del or­ga­nis­mo es un se­dan­te na­tu­ral. Evi­tá las in­fu­sio­nes con ca­feí­na (ca­fé, té, mate) que son un es­ti­mu­lan­te de la men­te. Una ti­sa­na de me­li­sa, ti­lo o pa­si­flo­ra, pre­pa­ra­ra el ca­mino pa­ra re­la­jar­se y des­can­sar me­jor.

Evi­tá mi­rar te­le­vi­sión o usar la compu­tado­ra, los es­tí­mu­los óp­ti­cos au­men­tan la ac­ti­vi­dad ce­re­bral. En cam­bio, po­dés po­ner una mú­si­ca sua­ve, que te ayu­da­rá a en­trar en un es­ta­do men­tal al­fa; o usar un CD con so­ni­dos del mar, se ha com­pro­ba­do que el so­ni­do del océano re­crea el arru­llo den­tro del vien­tre de la ma­dre.

Sen­ta­do en la ca­ma rea­li­zá un par de mo­vi­mien­to de cue­llo y hom­bros pa­ra aflo­jar ten­sio­nes.

¡Con­tar ove­jas! Aunque pa­rez­ca men­ti­ra, con­tar ayu­da a crear un rit­mo ideal pa­ra el sue­ño, me­jor que con­tar las tra­di­cio­na­les ove­jas es con­tar res­pi­ra­cio­nes pro­fun­das, si­guien­do men­tal­men­te el tra­yec­to del ai­re al in­ha­lar y al ex­ha­lar. Te pue­do ase­gu­rar que an­tes de lle­gar a cin­cuen­ta res­pi­ra­cio­nes es­ta­rás pro­fun­da­men­te dor­mi­da.

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