Mar­ce­lo Guar­dio­la,

Mia - - SOCIALES - Crea­dor y di­rec­tor de "Los Guar­dio­la Tan­go Show"

-¿Có­mo es es­te espectáculo? -"Un espectáculo úni­co, que in­vi­ta a so­ñar" es lo que di­ce el público pa­ra de­fi­nir lo que ha­ce­mos. Es emo­cio­nan­te ver­los sa­lir del tea­tro con los ojos en­can­ta­dos, co­mo si fue­ran ni­ños. La unión de la dan­za con el mi­mo jun­to a la uti­li­za­ción de las más­ca­ras nos per­mi­te mo­ver­nos en di­men­sio­nes poé­ti­cas. El an­ti­guo arte de la pan­to­mi­ma es ca­paz de ge­ne­rar cli­mas mágicos gra­cias al he­cho de que no exis­te es­ce­no­gra­fía. To­do es má­gi­ca­men­te crea­do a tra­vés del cuer­po de los ar­tis­tas, el público ve lo in­vi­si­ble y eso es magia. En re­la­ción a las más­ca­ras, no­so­tros vi­vi­mos va­rios años en Ve­ne­cia don­de apren­di­mos la téc­ni­ca. Pa­sá­ba­mos no­ches en­te­ras ca­mi­nan­do por sus ca­lle­jue­las fas­ci­nán­do­nos con la luz te­nue to­ma­ban vi­da re­fle­ján­do­se en las vi­drie­ras y de­ci­di­mos vol­ver a po­ner­las en tea­tro, su pri­mer ho­gar. El uso de las más­ca­ras en el es­ce­na­rio vie­ne de la an­ti­güe­dad y se per­dió con la de­ca­den­cia de la Co­me­dia del Arte ita­lia­na en el 1600.

-¿Ca­da tan­go es una es­pe­cie de obra dra­má­ti­ca? -¡Sin du­das! Es­ta es la idea a par­tir de la cual sur­gió nues­tro espectáculo: ca­da tan­go cuen­ta una his­to­ria y no­so­tros la po­ne­mos en escena a tra­vés de la dan­za y del mi­mo.Así na­cie­ron to­dos los nú­me­ros que com­po­nen nues­tras obras: "Or­ga­ni­to del su­bur­bio", "Co­ra­zón de pa­pel", "Así se bai­la el tan­go", en­tre otros. Los tangos son poe­sías ma­ra­vi­llo­sas, con mu­cha fi­lo­so­fía y pa­ra no­so­tros, una fuen­te de ins­pi­ra­ción in­fi­ni­ta.

-¿Es un re­gre­so de los mi­mos a la dan­za? -En el mun­do oc­ci­den­tal, mú­si­ca, dan­za y ac­tua­ción se se­pa­ra­ron, co­sa que no pa­só, por ejem­plo, en el tea­tro orien­tal co­mo el Ka­bu­ki o el Bar­ha­ta­nat­yam. La mí­mi­ca es tan an­ti­gua que se re­mon­ta a Gre­cia, pe­ro su uti­li­za­ción con la dan­za se lo­gró en los pri­me­ros años del '900, con el triun­fo en Pa­rís de los Ba­llets Rus­ses. Ellos crea­ron es­pec­tácu­los cor­tos en los que el mo­vi­mien­to es­ta­ba sin­te­ti­za­do en fun­ción de la his­to­ria, co­mo en "La Muer­te del Cis­ne" o "Pe­trush­ka". Des­pués, los ca­mi­nos de es­tas ar­tes se se­pa­ra­ron nue­va­men­te pa­ra desa­rro­llar sus téc­ni­cas in­di­vi­dua­les. No­so­tros vol­ve­mos a pro­po­ner su unión.

-¿Por qué tan­go? -Es­te show tie­ne su ma­ne­ra de con­tar iró­ni­ca, a ve­ces se acer­ca a lo có­mi­co y, otras, a lo trá­gi­co, con la cruel­dad de una pu­ña­la­da. El tan­go es cul­tu­ra po­pu­lar, hay un te­ma pa­ra ca­da si­tua­ción y nos da cá­te­dra de con­duc­ta sin fal­sas mo­ra­les. Es una odi­sea crio­lla que nos di­ce que ca­da per­so­na es res­pon­sa­ble de su des­tino.

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