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Mia - - VIOLENCIA DE GÉNERO -

Una va­rian­te de po­si­ción: es­tar de fren­te al agre­sor es una si­tua­ción mu­cho más ven­ta­jo­sa que la an­te­rior. Se con­tro­lan me­jor los mo­vi­mien­tos de bra­zos y pier­nas del que ata­ca y si lo ha­ce con al­gún ele­men­to. Con el bra­zo que no sos­tie­ne el ob­je­to (la plan­cha), se va a blo­quear el gol­pe del opo­nen­te, eje­cu­tan­do lo que se de­no­mi­na “ala”. Con la plan­cha, se gol­pea di­rec­ta­men­te a la ca­be­za o al pe­cho o, bien, se blo­quea el otro bra­zo del ata­can­te si és­te quie­re afe­rrar­nos. Una vez con­tra­rres­ta­do el ata­que, se escapa.

Eva­sion: lo ideal es re­sol­ver, en mi­lé­si­mas de se­gun­dos, la pre­ser­va­ción de la dis­tan­cia pa­ra que vio­len tus zo­nas ur­ba­na y so­cial. Te­nés que po­der de­ci­dir en cua­les án­gu­los te sen­tís más se­gu­ra, cuá­les son las po­si­cio­nes fa­vo­ra­bles que, en úl­ti­ma ins­tan­cia, te pue­den ser­vir pa­ra eva­dir­te lo más pron­to po­si­ble. Pa­ra lle­gar a ga­nar esos án­gu­los, usá los ele­men­tos co­mo alia­dos y an­te­po­ne­los al agre­sor o agre­so­res, res­pi­rá pro­fun­do y tra­tá de pen­sar, mo­ve­te con pa­sos o sal­tos combinados, lar­gos o cor­tos, y es­qui­ves. En la vía pú­bli­ca, bus­cá si­tios don­de es­con­der­te: un ne­go­cio o ca­sa y, si no po­dés ha­cer­lo vos, pe­dí que lla­men al 911. Si es­tas en una zo­na no co­mer­cial, to­cá to­dos los tim­bres y gol­peá a las puer­tas de las vi­vien­das. Gri­tá. Eso sí, man­te­né siem­pre la con­sig­na de no per­der con­tac­to vi­sual con el agre­sor y con­tro­lar la dis­tan­cia de se­gu­ri­dad.

Re­sis­ten­cia: si, pe­se a to­dos tus re­cau­dos, no pu­dis­te evi­tar sa­lir del con­flic­to, de la agre­sión, no que­da otra que de­fen­der tu in­te­gri­dad fí­si­ca. Pa­ra eso, uti­li­zá to­dos los re­cur­sos que es­tén a tú al­can­ce. El agre­sor pien­sa en las­ti­mar­te, no du­des en ha­cer­lo do­ler. Im­pri­mi­le to­da la fuer­za que te sea po­si­ble a tus de­fen­sas, tu ata­can­te pue­de ser más fuer­te, más rá­pi­do, pe­ro en gar­gan­ta, ojos, pies, ro­di­llas, ti­bias, ore­jas y pe­zo­nes, sien­te el mis­mo do­lor que cual­quier otro: apun­tá a esas zo­nas. Si tu agre­sor es­tá ar­ma­do, hui. Uti­li­zá las co­sas que ha­ya en tu en­torno co­mo ba­rre­ra o ar­ma­du­ra. Las co­sas ma­te­ria­les se re­cu­pe­ran., no du­des en de­jar­las a cam­bio de tu vida. Si los za­pa­tos de ta­co al­to te mo­les­tan pa­ra co­rrer, sa­cá­te­los. Si po­dés, man­te­ne­te entrenada, an­dá a un gim­na­sia, por­que siem­pre es un va­lor agre­ga­do te­ner fuer­za fí­si­ca.

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