Co­lor el año en­te­ro

Aun­que com­pli­ca­das de cul­ti­var y cuidar, con pa­cien­cia se pue­de te­ner en ca­sa or­quí­deas, to­do el año

Mia - - JARDINERÍA -

La her­mo­sa y so­fis­ti­ca­da or­quí­dea es el an­he­lo de to­dos aque­llos a los que les gus­ta el jar­dín y las plan­tas.Tam­bién, uno de los ma­yo­res de­sen­can­tos por su cui­da­do di­fí­cil y la pa­cien­cia que hay que te­ner pa­ra es­pe­rar la flo­ra­ción. En el mun­do, exis­ten más de 30 mil es­pe­cies de or­quí­deas y mu­chos hí­bri­dos pro­duc­tos de cru­zas; son ma­yor­men­te ori­gi­na­rias de re­gio­nes tro­pi­ca­les y sub­tro­pi­ca­les y las plan­tas más evo­lu­cio­na­das que exis­ten. Su di­ver­si­dad ha­ce que se adap­ten a mu­chos am­bien­tes.

Se­gún el ha­bi­tat en que se en­cuen­tran se cla­si­fi­can en:

Te­rres­tres, con raí­ces que cre­cen en la tie­rra, co­mo la ble­ti­lla.

Epí­fi­tas, con raí­ces aé­reas que cre­cen so­bre las ra­mas de los ár­bo­les, cons­ti­tu­yen un 90% del to­tal de las or­quí­deas, co­mo por ejem­plo las cattle­yas.

Ru­pí­co­las, que cre­cen so­bre pie­dras re­cu­bier­tas por mus­go.

Las or­quí­deas ne­ce­si­tan cui­da­dos es­pe­cí­fi­cos:

Riego: las epi­fi­tas de­ben re­gar­se con un re­ga­dor que imi­te una llu­via sua­ve, ya que en la na­tu­ra­le­za se rie­gan a tra­vés de la con­den­sa­ción que se pro­du­ce so­bre las ho­jas y raí­ces du­ran­te la ma­dru­ga­da. Las de ma­ce­ta pue­den re­gar­se so­bre el sus­tra­to. Es im­por­tan­te te­ner en cuen­ta que la can­ti­dad de agua que ne­ce­si­tan va­ría de acuer­do a la épo­ca del año. Las or­quí­deas só­lo se rie­gan cuan­do es ne­ce­sa­rio; es­pe­cial­men­te, si el sus­tra­to es­tá se­co. Lo me­jor es hi­dra­tar a 3 cm de pro­fun­di­dad, con cui­da­do de no da­ñar las raí­ces, ni ex­ce­der­se con el riego. Las fa­vo­re­ce la pul­ve­ri­za­ción con agua de llu­via.

Luz: las epi­fi­tas (que cre­cen en los ár­bo­les) no re­ci­ben el sol di­rec­to, pe­ro sí lu­mi­no­si­dad, por lo que se las pue­de ubi­car de­ba­jo de una pér­go­la, sos­te­ni­das en los tron­cos de plan­tas o som­brea­das con una te­la. La idea es fil­trar al me­nos el 50 % de la luz y, ade­más, pro­te­ger­las del frío. No es bueno ex­po­ner­las al sol di­rec­to, so­bre to­do en ve­rano. En el ca­so de las es­pe­cies Cym­bi­diun, pue­den es­tar ex­pues­tas al sol en in­vierno y so­por­tan bien el frío

Tem­pe­ra­tu­ra: en ge­ne­ral sue­len sue­len ser de cli­mas cá­li­dos, no pu­dien­do es­tar ex­pues­tas a fríos in­ten­sos. Se pue­den cul­ti­var en ex­te­rior re­pa­ra­do. Las pha­lae­nop­sis de­ben es­tar en in­te­rior en in­vierno.

Ven­ti­la­ción: es­ta plan­ta ne­ce­si­ta te­ner una bue­na ai­rea­ción, siem­pre y cuan­do es­té bien pro­te­gi­da de los vien­tos, prin­ci­pal­men­te del sur.

Fer­ti­li­za­ción: se re­co­mien­da uti­li­zar lí­qui­dos es­pe­cia­les pa­ra or­quí­deas o fertli­zan­tes fo­lia­res.

Hu­me­dad: ne­ce­si­tan una hu­me­dad am­bien­tal al­ta.Te­ner en cuen­ta que uno de sus prin­ci­pa­les enemi­gos es el ai­re se­co de las ca­sas, acen­tua­do por la ca­le­fac­ción o el ai­re acon­di­cio­na­do. Pa­ra au­men­tar la hu­me­dad a su al­re­de­dor se acon­se­ja po­ner la ma­ce­ta so­bre una ban­de­ja, con la tie­rra mo­ja­da, pe­ro sin que el re­ci­pien­te es­té en con­tac­to con el agua.

Tam­bién ayu­da co­lo­car re­ci­pien­tes con agua cer­ca de las plan­tas. Otra bue­na op­ción es si­tuar las plan­tas jun­tas pa­ra crear así un mi­cro­cli­ma hú­me­do.

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