EL JUE­GO Y LA DI­VER­SI­DAD

Mia - - CALIDAD DE EDUCACIÓN - Pre­ve* Por la Dra. Edith Ve­ga y la Lic. Pau­la * De la Fun­da­ción Ai­gle (011 4781 3897/4784 3563)

En ge­ne­ral, los ne­nes y ne­nas co­mien­zan a ju­gar por se­pa­ra­do a par­tir de los 5 años, pe­ro ad­quie­re ma­yor fuer­za en la es­co­la­ri­dad primaria. Es­to es­tá vin­cu­la­do a in­tere­ses compartidos y aso­cia­do a la iden­ti­dad de gé­ne­ro. A es­ta edad, los ni­ños se re­co­no­cen co­mo ne­nas o va­ro­nes y la ma­yo­ría de las ve­ces dis­fru­tan ju­gan­do con quie­nes comparten sus gus­tos. Es­tos juegos tam­bién es­tán re­for­za­dos o alen­ta­dos por el con­tex­to so­cial en el que se desen­vuel­ven. Por ejem­plo, ac­tual­men­te se alien­ta mu­cho a las ni­ñas a ju­gar fút­bol cuan­do ha­ce al­gu­nos años era una ac­ti­vi­dad ca­si ex­clu­si­va­men­te mas­cu­li­na.

Pa­ra que crez­can sin­tién­do­se bien con­si­go mis­mo es im­por­tan­te no cri­ti­car o cues­tio­nar sus elec­cio­nes lú­di­cas, siem­pre te­nien­do en cuen­ta un mar­co de se­gu­ri­dad. La fa­mi­lia y la es­cue­la son los con­tex­tos en los que los ni­ños cre­cen y se desa­rro­llan pa­ra in­ser­tar­se so­cial­men­te en un fu­tu­ro. El fa­ci­li­tar su in­ter­ac­ción des­de ni­ños les fa­vo­re­ce­rá una me­jor in­ser­ción en la so­cie­dad a fu­tu­ro.

Hay que te­ner en cuen­ta que la so­cie­dad en su con­jun­to, con sus dis­tin­tos ac­to­res, in­flu­ye en la for­ma­ción de ro­les, en el mo­do de re­la­cio­nar­se so­cial­men­te. Ac­tual­men­te los ro­les fe­me­ni­nos y mas­cu­li­nos son más fle­xi­bles que ha­ce al­gu­nas dé­ca­das. Es in­tere­san­te có­mo -si bien las ju­gue­te­rías o los ne­go­cios de ro­pa con­ti­núan mar­can­do al­gu­nos lí­mi­tes muy cla­ros en­tre ne­nas y ne­nes- son los mis­mos ni­ños que a tra­vés de sus juegos mues­tran que los ro­les so­cia­les se fle­xi­bi­li­za­ron. En los jar­di­nes de in­fan­tes se ob­ser­va cla­ra­men­te es­te cam­bio so­cial en las elec­cio­nes lú­di­cas.

Los ni­ños sue­len ele­gir ju­gar con quie­nes comparten su iden­ti­dad de gé­ne­ro. Sin em­bar­go a ve­ces pue­den sen­tir­se muy bien con su iden­ti­dad de gé­ne­ro pe­ro dis­fru­tan­do más de los juegos que rea­li­zan los del otro gé­ne­ro. Otras ve­ces no se sien­ten bien con su gé­ne­ro asig­na­do y es un mo­do de ex­pre­sar­lo. Los adul­tos de­ben es­tar aten­tos a las ma­ni­fes­ta­cio­nes de los ni­ños de ma­les­tar pa­ra acom­pa­ñar­los de mo­do que pue­dan cre­cer sin­tién­do­se bien con quié­nes son.

Co­mo adul­tos de­be­ría­mos preo­cu­par­nos fren­te a cual­quier ex­pre­sión de ri­gi­dez, por ejem­plo si só­lo rea­li­za un mis­mo ti­po de jue­go una y otra vez sin in­cor­po­rar nin­gu­na otra propuesta, o si só­lo eli­ge usar una mis­ma pren­da de ves­tir, o si só­lo co­me un ali­men­to; si es­ta elec­ción rí­gi­da per­sis­te en el tiem­po, se man­tie­ne sin cam­bios y el ni­ño se afe­rra de un mo­do rí­gi­do a ella hay es­tar aten­tos. Lo mis­mo va­le pa­ra las amis­ta­des, es de­cir si un ni­ño só­lo tie­ne un ami­go y só­lo jue­ga con él y no acep­ta nin­gún otro in­ter­lo­cu­tor. Por es­to no es bueno for­zar a los ni­ños en sus amis­ta­des.

Pe­ro el te­ner úni­ca­men­te ami­gos del mis­mo se­xo, no quie­re de­cir no po­der in­ter­ac­tuar con los del otro. Pue­den com­par­tir juegos con ne­nas so­la­men­te pe­ro la ac­ti­vi­dad en el au­la con to­dos. Hoy en día es un fo­co de in­ves­ti­ga­ción to­dos los te­mas vin­cu­la­dos con Gé­ne­ro y Fa­mi­lia co­mo la flui­dez o di­ver­si­dad se­xual. Es muy im­por­tan­te con­si­de­rar que has­ta no ha­ce po­co tiem­po los ni­ños y ni­ñas que no cum­plie­ran con las ex­pec­ta­ti­vas de la ti­pi­fi­ca­ción va­rón­mu­jer tam­bién eran es­tig­ma­ti­za­dos y mal­tra­ta­dos. Ac­tual­men­te, en el mar­co del re­co­no­ci­mien­to de las iden­ti­da­des di­ver­sas y la igual­dad de de­re­chos, se fa­vo­re­ce la com­pren­sión de la di­ver­si­dad se­xual y el de­sa­rro­llo de so­cie­da­des plu­ra­les e in­clu­si­vas.

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