JAR­DÍN.

Es tan be­lla co­mo efí­me­ra, pe­ro co­mo no hay una so­la es­pe­cie, se pue­de me­jo­rar su cre­ci­mien­to y su uso de­co­ra­ti­vo

Mia - - SUMARIO -

La flor del Ja­pón

En Ja­pón, cuan­do el ce­re­zo flo­re­ce es to­da una fies­ta. En otras la­ti­tu­des son me­nos co­no­ci­dos, pe­ro si hay uno cer­ca su­yo, se­gu­ro que no pa­sa­rá des­aper­ci­bi­do. Es un ár­bol que tie­ne flo­res de pé­ta­los ro­sa­dos y blan­cos muy fi­ni­tos que, si so­pla vien­to, caen y for­man ba­jo la co­pa una man­to de co­lo­res.

Exis­ten va­rios tipos de ce­re­zo. To­dos los de flor per­te­ne­cen a la es­pe­cie pru­nus, que tie­ne ori­gen en el es­te de Asia. Sus flo­res son par­ti­cu­lar­men­te sim­ples y a la vez her­mo­sas.To­dos com­par­ten esa ca­rac­te­rís­ti­ca. Pe­ro hay dis­tin­tos tipos:

✖ El be­llo: "En Ja­pón se desa­rro­lla­ron mu­chos tipos bus­can­do la per­fec­ción", ex­pli­ca el es­pe­cia­lis­ta Ei­ko Leitsch. En mu­chas par­tes se ve el Pru­nus sub­hir­te­lla y la va­rian­te de­co­ra­ti­va Pru­nus se­rru­la­ta. Los ex­per­tos di­cen que las flo­res del Ka­zan son par­ti­cu­lar­men­te be­llas.

✖ Flo­re­ci­mien­to pro­lon­ga­do: lo que tie­nen en co­mún to­dos los ce­re­zos es que su es­plen­dor en flor du­ra po­co. En una o dos se­ma­nas, su me­jor mo­men­to ha pa­sa­do. Pe­ro uno pue­de pro­lon­gar ese mo­men­to si com­bi­na dis­tin­tas variedades. El Pru­nus sar­gen­tii y el Pru­nus mu­me tie­nen una flor tem­pra­na y am­bos son de un co­lor ro­sa os­cu­ro in­ten­so.

✖ No so­lo flo­res: des­pués de florecer, la ma­yo­ría de las variedades tie­ne po­ca gra­cia. Lo que uno pue­de ha­cer al ele- gir un ce­re­zo pa­ra el jar­dín es ob­ser­var su cor­te­za por­que al­gu­nos tie­nen un tron­co tan her­mo­so que in­clu­so atra­pa la mi­ra­da en el in­vierno. Un ejem­plo es el Pru­nus sar­gen­tii, que tie­ne una cor­te­za que se des­cas­ca­ra y de­ja ma­ti­ces her­mo­sos a la vis­ta. Tam­bién se re­co­mien­da el Pru­nus se­rru­la, que tie­ne un tron­co ro­jo os­cu­ro y po­ros que di­bu­jan una tex­tu­ra de ze­bra.

✖ Ce­re­zos pe­que­ños: las es­pe­cies de­co­ra­ti­vas pue­den plan­tar­se en ca­si cual­quier jar­dín por­que son re­la­ti­va­men­te ro­bus­tas. Les gus­tan los lu­ga­res so­lea­dos y el sue­lo rico en hu­mus. Lo que sí hay que te­ner en cuen­ta es cuán­to es­pa­cio ten­drá el ár­bol ha­cia arri­ba y a ni­vel sub­te­rrá­neo. Si el jar­dín es más bien pe­que­ño, se re­co­mien­da la va­rie­dad Ama­no­ga­wa. Otras po­si­bi­li­da­des son el Pru­nus nip­po­ni­ca var. ku­ri­len­sis o el Pru­nus ja­po­ni­ca.

✖ Los más lla­ma­ti­vos: son los que tie­nen una for­ma es­pe­cial de cre­ci­mien­to so­bre el cés­ped, co­mo el Shi­ro­fu­gen. Los jar­di­ne­ros pro­fe­sio­na­les re­co­mien­dan de­jar su­fi­cien­te dis­tan­cia en­tre el tron­co y el co­mien­zo del cés­ped pa­ra que el cés­ped no ab­sor­ban demasiada agua y fer­ti­li­zan­te. En cam­bio sí se pue­de ro­dear el ár­bol con ar­bus­tos por­que sus raí­ces no en­tran en com­pe­ten­cia con las del ce­re­zo. Una bue­na com­bi­na­ción se­ría, por ejem­plo, op­tar por es­pue­las de caballero, anémo­nas, les­pe­de­zas o echi­ná­ceas.

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