Ro­sa y la­van­da, me­jor ale­ja­das

Mia - - JARDINERÍA -

La be­lle­za de am­bas flores desata el de­seo de te­ner­las jun­tas y com­bi­nar sus in­creí­bles aro­mas y co­lo­res. Sin em­bar­go, al­gu­nos vi­ve­ros es­pe­cia­li­za­dos recomiendan no co­lo­car es­tas dos plan­tas muy cer­ca, so­bre to­do por­que el rie­go y los nu­trien­tes que re­quie­ren son muy dis­tin­tos.

La la­van­da no ne­ce­si­ta de­ma­sia­da hu­me­dad, se de­sa­rro­lla muy bien en sue­los con buen dre­na­je por­que, de lo con­tra­rio, sus raí­ces se pu­dren. Las ro­sas, en cam­bio, ne­ce­si­tan un sue­lo ri­co en nu­trien­tes y un sue­lo ar­ci­llo­so. Por otra par­te, las ro­sas ne­ce­si­tan te­ner es­pa­cio, por eso, si tie­nen otro ejem­plar de­ma­sia­do cer­ca se­rán más pro­pen­sas a con­traer al­gún hon­go. Es­to se de­be a que la cer­ca­nía con otra plan­ta sue­le ge­ne­rar un mi­cro­cli­ma hú­me­do.

Aún así, cuan­do exis­te po­co te­rreno y mu­chos de­seos de te­ner am­bos ejem­pla­res, exis­te una alternativa pa­ra que am­bas es­tén jun­tas. La so­lu­ción ra­di­ca en co­lo­car am­bas plan­tas en un sue­lo ri­co en nu­trien­tes y aña­dir­le a la la­van­da unos pu­ña­dos de are­na de­ba­jo de las raí­ces pa­ra que dre­ne me­jor. De ese mo­do, no que­da­rá ex­pues­ta a en­fer­me­da­des por re­ten­ción de agua.

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