De otros tiem­pos Da­niel Dag­na,

Di­rec­tor de “El trío: por amor al ar­te”

Mia - - ARTE ESPECTÁCULOS -

-¿Por qué ele­gis­te el año 1939 pa­ra ubi­car es­ta obra?

-Es una épo­ca de de­gra­da­ción de la po­lí­ti­ca ar­gen­ti­na.Años crí­ti­cos pa­ra to­dos y peor aún pa­ra los ac­to­res que in­ten­ta­ban sub­sis­tir rea­li­zan­do gi­ras por el in­te­rior del país. Pa­ra los co­lec­ti­vos tea­tra­les que no cuen­tan con gran­des fi­gu­ras, to­dos los tiem­pos son di­fí­ci­les. Por eso, es­te trío ele­gía pe­que­ñas lo­ca­li­da­des pa­ra pre­sen­tar­se don­de las "es­tre­llas" nun­ca iban. El tea­tro lle­ga­ba a tra­vés de los cir­cos o de las pe­que­ñas e ig­no­tas com­pa­ñías.

-¿Qué te lle­vó a que­dar­te con los dos pa­sos de co­me­dia que in­te­gran la pie­za?

-Tie­nen co­mo eje el mis­mo te­ma: el egoís­mo. La obra es­tá atra­ve­sa­da por es­te te­ma. Los tan­gos ele­gi­dos tam­bién dan con­ti­nui­dad y mar­co a las es­ce­nas que trans­cu­rren en el ca­ma­rín, don­de Ti­ta y Azu­ce­na se alis­tan pa­ra en­trar a es­ce­na. La obra trans­cu­rre en dos pla­nos: el ca­ma­rín (la reali­dad) y el es­ce­na­rio (las fic­cio­nes). En va­rios mo­men­tos, la ac­ción trans­cu­rre en los dos pla­nos si­mul­tá­nea­men­te dan­do lu­gar a que la reali­dad y la fic­ción se con­fun­dan.

-Ellos ac­túan en Ce­res, San­ta Fe, en el mo­men­to en que mue­re Li­san­dro de la To­rre: ¿có­mo los mar­ca es­te he­cho?

-La noticia lle­ga a oí­dos de los po­bla­do­res a tra­vés del can­tan­te de tan­gos que in­te­gra el trío.Antonio Cor­ti­jo es un gran ad­mi­ra­dor de Li­san­dro de la To­rre. De­be­mos te­ner en cuen­ta que por aque­lla épo­ca el grue­so de los ciu­da­da­nos (so­bre to­dos los del in­te­rior del país) no leían los dia­rios y muy po­cos te­nían ra­dio. La obra es­tá te­ñi­da por la noticia. El trío, so­bre to­do el can­tan­te, su­fre y se de­ja in­fluen­ciar por esa muer­te.

-¿Qué sig­ni­fi­ca Hum­ber­to en la vi­da de es­tos co­me­dian­tes de la le­gua?

-El tea­tro es fic­ción y Hum­ber­to, al igual que Li­san­dro de la To­rre, per­te­ne­cen al mun­do real.Am­bos sim­bo­li­zan el cam­po de la reali­dad que in­ten­ta in­te­grar­se con mu­cha fuer­za a la fic­ción que en­car­na el trío.

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