BE­LLE­ZA.

Am­po­llas be­bi­bles

Mia - - SUMARIO - Sa­bi­ne Meu­ter (dpa)

Una piel li­sa y per­fec­ta. Esto es lo que pro­me­ten mu­chas am­po­llas be­bi­bles. La pu­bli­ci­dad afir­ma que con be­ber una por día la piel se man­ten­drá hú­me­da, elás­ti­ca y sin arru­gas. Esto sue­na muy bien y pue­de que mu­chos de es­tos pro­duc­tos ayu­den. Pe­ro pa­ra te­ner una bue­na piel ha­ce fal­ta un po­co más que to­mar am­po­llas. Vi­ta­mi­nas, mi­ne­ra­les, pro­teí­nas, áci­dos gra­sos y agua: en ca­da am­po­lla hay al­go dis­tin­to. Al­gu­nos, co­mo los áci­dos gra­sos Omega 3, al pa­re­cer evi­tan pro­ce­sos in­fla­ma­to­rios, mien­tras que las vi­ta­mi­nas C y E, los be­ta­ca­ro­te­nos, el se­le­nio y el zinc neu­tra­li­zan los per­ju­di­cia­les ra­di­ca­les li­bres. A sus­tan­cias co­mo el res­ve­ra­trol y los oli­go­me­ros pro­cia­ni­dó­li­cos se les atri­bu­ye re­tra­sar los pro­ce­sos de en­ve­je­ci­mien­to ac­ti­van­do de­ter­mi­na­dos ge­nes, mien­tras que la es­truc­tu­ra, hu­me­dad y elas­ti­ci­dad de la piel se ven in­flui­dos po­si­ti­va­men­te por sus­tan­cias co­mo el co­lá­geno, el áci­do hia­lu­ró­ni­co, los ami­noá­ci­dos y los áci­dos gra­sos. Los es­pe­cia­lis­tas afir­man que el que las am­po­llas sir­van de­pen­de de sus in­gre­dien­tes. La in­ges­ta de hi­dro­li­sa­to de co­lá­geno, por ejem­plo, pue­de ha­cer que la piel se vea más elás­ti­ca, más li­sa y me­nos se­ca. La ca­pa en­tre la epi­der­mis y la der­mis está com­pues­ta por co­lá­geno y es la que ha­ce que la piel se vea fir­me y jo­ven. Con la edad, es­ta ca­pa pier­de al­re­de­dor de un ter­cio de su con­te­ni­do ori­gi­nal de co­lá­geno. Se pier­de la fir­me­za de la piel y se for­man arru­gas. Si se con­su­me co­lá­geno adi­cio­nal, es­te pue­de es­ti­mu­lar la pro­duc­ción de co­lá­geno del cuer­po y crear una piel más fir­me. Sin em­bar­go, no bas­ta con to­mar am­po­llas de co­lá­geno. Mu­chos der­ma­tó­lo­gos las ven con des­con­fian­za, ya que con­si­de­ran que una bue­na piel de­pen­de en gran par­te de fac­to­res ge­né­ti­cos y un estilo de vi­da sano: co­mer mu­chas fru­tas y ver­du­ras y to­mar gran can­ti­dad de lí­qui­dos, que pue­den ser agua o té sin en­dul­zar. Tam­bién es cla­ve el ai­re fres­co, no fu­mar, to­mar po­co al­cohol, no ex­po­ner­se de­ma­sia­do al sol y lim­piar y cui­dar la piel a dia­rio. Si que­rés con­su­mir es­tas am­po­llas hay que es­tar aten­to si si su­frís en­fer­me­da­des cró­ni­cas o si tomás me­di­ca­men­tos. ¡Con­sul­tar siem­pre al médico! Y, además de ser ca­ras, pue­den con­te­ner co­lo­ran­tes, con­ser­van­tes o en­dul­zan­tes.

ONSULTAR vas a to­mar una mpo­lla siem­pre enés que con­sul­tar tu médico y eer bien lo que on­tie­ne.

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