Wal­ter Lu­ján repasa su historia

Wal­te­rLu­ján­re­cor­dóa­que­lIns­ti­tu­to­deA­rrai­ga­da­yu­nain­fan­cia di­fí­cil.Tra­ba­jaen­man­te­ni­mien­to­del­co­le­gioVi­llaEu­ca­rís­ti­ca,don­de es­que­ri­do­por­to­dos.El­re­cuer­do­de­suhi­jaCe­les­te­loe­mo­cio­nó.

Mundo D - - PÁGINA DELANTERA - Hu­go Gar­cía hgar­cia@la­voz­de­lin­te­rior.com.ar

–T ati, que lin­do es­tá que­dan­do el sa­lón pa­ra el ac­to de cierre del año es­co­lar. –Sí, se­ño­ri­ta di­rec­to­ra. Los ni­ños van a es­tar fe­li­ces.

“Ta­ti” vis­te con ro­pa de tra­ba­jo y cum­ple ta­reas de man­te­ni­mien­to en el co­le­gio Vi­lla Eu­ca­rís­ti­ca des­de ha­ce 14 años, cuan­do el fút­bol ya no era el sue­ño de aquel pi­be que lo ju­ga­ba des­cal­zo en Las Vio­le­tas y sur­gió el pa­dre de fa­mi­lia que de­bía re­sol­ver si­tua­cio­nes más gra­ves co­mo las que po­día de­pa­rar un par­ti­do.

–Eh, “Ta­ti”. ¿No me fe­li­ci­tás? Mi­rá que es­te año an­du­ve bien en Ma­te­má­ti­ca y Len­gua.

–Pe­ro en In­glés, no an­du­vis­te bien. No va­le si no la apro­bás, Je­re­mías...

“Ta­ti” es Wal­ter Lu­ján, aquel gran vo­lan­te que sur­gió des­de la Li­ga Cor­do­be­sa pa­ra ex­plo­tar en Uni­ver­si­ta­rio a fi­nes de los ‘90 y que pa­só a aquel Ins­ti­tu­to 1991, que ju­gó el pri­mer tor­neo Nacional B, tras el des­cen­so del año an­te­rior. “Era un equi­pa­zo. Lo ar­mó Raúl Hi­pó­li­to Arrai­ga­da con Al­ber­to Bel­trán. Lo hi­zo prác­ti­ca­men­te con el 90 por cien­to de los ju­ga­do­res de la Li­ga Cor­do­be­sa. De la ‘U’, vi­ni­mos con Bu­te­ler, Pal­me­ro, Li­vol­si; Acu­ña y Mar­ce­lo ‘Ta­chi’ Díaz de Unión San Vicente, Da­mián Mal­ta­gliat­ti, Ma­rio Ba­ra­le, Dó­me­ne que eran del club. Sup­po que ve­nía de Ra­cing y tam­bién ha­bía pa­sa­do por la ‘U’. Ma­rio Ghi­rar­do, de Las Pal­mas. Ariel Ca­ti­not, Wer­ner y Luis Ove­je­ro eran los úni­cos que ve­nían de afue­ra”, re­cor­dó Lu­ján.

–Hi­cis­te el pri­mer gol...

–En el pri­mer par­ti­do del vie­jo Nacional B. Me to­có a mí. Fue an­te Atlé­ti­co Tu­cu­mán. Fue her­mo­so.

–¿Dón­de em­pe­zas­te?

–Des­de los 14 años me ini­cié en Uni­ver­si­ta­rio. Ga­na­mos un tor­neo Pro­vin­cial en 1989. Así, en 1990/1991 fui­mos a prés­ta­mo a Ins­ti­tu­to. Lue­go, el club hi­zo uso de la op­ción. Ins­ti­tu­to te­nía un pre­su­pues­to es­ca­so así que su di­rec­ti­va re­sol­vió bus­car en la Li­ga Cor­do­be­sa. Nun­ca me ima­gi­né que iba a ju­gar en el Nacional B. Pe­ro uno siem­pre an­sía lle­gar a lo más al­to.

–¿De quién eras hin­cha?

–Mis tíos me hi­cie­ron de Ta­lle­res. Pe­ro cuan­do em­pe­cé a ju­gar, otro de mis tíos, me di­jo: “Vos te­nés que ha­cer­te hin­cha del equi­po pa­ra el que ju­gás. Por­que es el que te va a dar de co­mer”. Los me­jo­res recuerdos, apar­te de los que ten­go en Uni­ver­si­ta­rio, son en Ins­ti­tu­to. Ja­más me voy a ol­vi­dar.

–¿Có­mo te hi­cis­te fut­bo­lis­ta?

–Na­cí en Las Vio­le­tas. Co­mo mis viejos. A la siesta me es­ca­pa­ba de ellos pa­ra ir a ju­gar a una can­cha que que­da­ba a la vuel­ta de casa o en la ca­lle. Lo ha­cía des­cal­zo. Y ju­gá­ba­mos has­ta la no­che por­que la luz de mer­cu­rio de un pos­te lo per­mi­tía. Era her­mo­so. Ju­ga­ba en pies, por­que te­nía un solo par de za­pa­ti­llas y los usa­ba pa­ra ir al co­le­gio. No ha­bía pa­ra otra co­sa.

–¿Tus pri­me­ros bo­ti­nes?

–Se usa­ban las za­pa­ti­llas blan­cas y los bo­ti­nes eran Sa­ca­chis­pas. Mis pri­me­ros bo­ti­nes me los pres­tó mi pa­dras­tro. Eran Puma. El mis­mo club me com­pró bo­ti­nes, ven­das y ro­pa al fir­mar. “El Tur­co” Sal­vá fue el di­ri­gen­te que hi­zo eso. Fue mi pa­drino de ca­sa­mien­to.

–¿Có­mo era Arrai­ga­da?

–Sa­bio. Su ojo era in­creí­ble. No ha­bla­ba mu­cho. “Ne­gro. Cuan­do te­nés ga­nas de co­rrer, sos un león; cuan­do no, sos una gar­za”, me de­cía. “Yo di­go; pe­ro us­te­des de­ci­den. So­bre to­do fren­te al ar­co”, nos in­di­ca­ba. Con­jun­ta­men­te con Bel­trán me obli­ga­ban a pe­gar­le al ar­co y en­tra­ba. Nos caí­mos al fi­nal. Fui­mos pri­me­ros en la Pri­me­ra Ron­da. Al cam­peo­na­to si­guien­te fui­mos a cuar­tos de fi­nal. Lue­go, fui tres años a Al­mi­ran­te Brown; lue­go, fui a Cen­tral Cór­do­ba de Ro­sa­rio, pa­sé a Ra­cing y me pu­tea­ban por ha­ber es­ta­do en Ins­ti­tu­to; tam­bién es­tu­ve en Cen­tral Nor­te de Sal­ta. Ter­mi­né en Uni­ver­si­ta­rio, fui­mos cam­peo­nes y lo cla­si­fi­ca­mos al Ar­gen­tino B. Pe­ro ahí de­ci­dí de­jar. Ya veía que no po­día. Te­nía 33 años. Mi sue­ño era ser fut­bo­lis­ta y po­der vi­vir­lo con una fa­mi­lia. Hoy me fal­ta mi hi­ja.

Lu­ján ha­ce una pau­sa y los ojos se le po­nen bri­llo­sos. Es un im­pac­to al co­ra­zón.

–¿Qué le pa­só?

–Ce­les­te, que te­nía 14 años, em­pe­zó con con­vul­sio­nes. No en­con­tra­ban la cau­sa. Mu­chas ve­ces pa­só que le da­ba eso y te­nía­mos que sa­lir de ra­ja a la Clí­ni­ca. Te­nía una Break Re­nault 12. No me im­por­ta­ba na­da. Nos po­dría­mos ha­ber ma­ta­do en esas dis­pa­ra­das. Apre­cio lo que hi­zo el doctor Cór­do­ba por ella. Estaba de va­ca­cio­nes y las cor­tó pa­ra aten­der­la. Co­noz­co a su fa­mi­lia. Vino to­do el pro­ce­so. Lle­va­ron los es­tu­dios al Ga­rraham y al Ins­ti­tu­to Fle­ni. Ella que­dó pos­tra­da. No hu­bo re­me­dio. Mi mu­jer, que ha­bía sido ope­ra­da de cán­cer de ma­ma, de­jó de con­tro­lar­se pa­ra aten­der­la. Y yo, te­nía que tra­ba­jar. Por­que no te­nía­mos pa­ra co­mer. La ba­ña­ba, la al­za­ba, tra­ta­mos de dar­le to­do. En una de esas con­vul­sio­nes en­tró en co­ma y no sa­lió. Clau­dio, Cris­ti­na y Na­ta­lia son mis otros hi­jos.

–¿Ju­ga­bas to­da­vía?

–Ya no. Ha­bía de­ja­do el fút­bol ha­cía po­qui­to. Tra­ba­ja­ba en el co­le­gio. Acá me ayu­da­ron con to­do. Hi­cie­ron ri­fas, ven­die­ron em­pa­na­das, co­lec­tas. Du­ran­te to­do el pro­ce­so. Siem­pre ha­bía una per­so­na del co­le­gio que me arri­ma­ba un so­bre con lo re­cau­da­do. Su­sa­na Cas­te­lla­ni, los pro­fe­so­res, ad­mi­nis­tra­ti­vos, los alum­nos. To­dos me ayu­da­ban con lo que te­nían. Fue du­ro.

Los “50” y Bu­te­ler –¿No te pren­dés en al­gún pi­ca­do?

–Con uno de mis nie­tos. Me in­vi­ta­ron a la Uc­fa. Pe­ro le per­dí las ga­nas. A mi hi­jo lo voy a ver en Mi­na Cla­ve­ro. Tra­ba­ja con­mi­go en el co­le­gio y ha­ce tra­ba­jos de to­do ti­po. Co­rrí du­ran­te 16 años de­trás de una pelota. Nos per­di­mos mu­chas co­sas. Aho­ra los dis­fru­to.

–¿Qué ex­tra­ñás?

–La gen­te.

–Pe­ro te re­co­no­cen...

–A los que les de­bo, ja. No. Por ahí me re­co­no­cen.

–¿Con qué com­pa­ñe­ros te ves?

–Con Fran­cis­co Bu­te­ler. Cuan­do cum­plí los 50 años, en oc­tu­bre pa­sa­do, mis hi­jos me hi­cie­ron una fies­ta sor­pre­sa. Y lo lle­va­ron. Por ahí los cru­zo a Oli­va, a Dó­me­ne, Ghi­rar­do... Al ma­sa­jis­ta Ju­lio Jor­ge Me­lo­ne, a los uti­le­ros de la “U” y de Ins­ti­tu­to. Fue her­mo­so ha­ber po­di­do ju­gar, pe­ro tam­bién en­con­trar a la gen­te que me ayu­dó con mi hi­ja.

(RAI­MUN­DO VIÑUELAS)

En ple­na la­bor. Wal­ter Lu­ján hi­zo un repaso por su ca­rre­ra co­mo fut­bo­lis­ta y mos­tró el ta­ller en el cual dia­ria­men­te tra­ba­ja, en el co­le­gio Vi­lla Eu­ca­rís­ti­ca.

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