La Ala­si­ta, la fe­ria de la abun­dan­cia

Otro año en que Las Ala­si­tas fue el cen­tro de la Ciu­dad de Bue­nos Ai­res. El co­lo­ri­do de una fies­ta cul­tu­ral bo­li­via­na que ya se me­tió en el ADN de to­dos los la­ti­noa­me­ri­ca­nos. Aquí les ex­pli­ca­mos en qué con­sis­te el ri­tual. Por Ma­rio Ca­na­vi­ri Cus­si.

Mundo Villa - - Portada -

Una nue­va ver­sión de Las Ala­si­tas, la fies­ta cul­tu­ral y re­li­gio­sa de la Ciu­dad de La Paz, Bo­li­via, co­bró un co­lor de es­pe­ran­za y sue­ños de mi­les de cre­yen­tes. No só­lo bo­li­via­nos re­si­den­tes en Ar­gen­ti­na, sino que se mez­cla­ron otra vez en es­te en­cuen­tro ay­ma­ra-que­chua, ca­da vez mas her­ma­nos ar­gen­ti­nos y la­ti­noa­me­ri­ca­nos a com­par­tir y com­prar sus ob­je­tos en mi­nia­tu­ra con el de­seo de que se ha­gan pron­to reali­dad. Uno de los lu­ga­res don­de se rea­li­za es­ta tra­di­cio­nal fes­ti­vi­dad es el Club 6 de Agos­to que con­du­ce la Pre­si­den­ta de la FACBOL, Nor­ma An­dia, y que fue el cen­tro de la ale­gría y abun­dan­cia del Eke­ko. En qué con­sis­te el ri­tual. Muy sen­ci­llo. Pri­me­ro se de­ben com­prar las ar­te­sa­nías en mi­nia­tu­ras que se ven­den en los stands de las fe­rias. Ca­da una re­pre­sen­ta el de­seo que uno quie­re que se ha­ga reali­dad. Des­de una ca­sa, un au­to, ca­nas­ta fa­mi­liar, pa­sa­por- tes, di­ne­ro e in­clu­si­ve fi­gu­ras que re­pre­sen­tan el acer­ca­mien­to a un amor o la con­so­li­da­ción de una fa­mi­lia. Es­tán las ar­te­sa­nías más gran­des co­mo to­ros, ele­fan­tes o sa­pos, los cua­les son ador­na­dos con bi­lle­tes fo­to­co­pia­dos a co­lor y ser­pen­ti­nas, ya que con ellos en­ci­ma se atrae­ría con más fuer­za la pros­pe­ri­dad eco­nó­mi­ca que uno desea. Los ob­je­tos son en­vuel­tos en agua­llos bo­li­via­nos y son lle­va­dos pa­ra que los cha­lle un ya­ti­ri, quie­nes en ge­ne­ral se en­cuen­tran en el cen­tro de las fe­rias. A me­di­da que los fie­les van for­man­do la co­la és­te ha­ce un ri­tual de in­vo­ca­ción mi­ran­do al sol pa­ra que la ben­di­ción lle­gue con fuer­za pa­ra to­dos. Di­cen, que cuan­do el re­loj mar­ca las do­ce del me­dio­día, el sol se en­cuen­tra en la ci­ma y sue­le ser el me­jor mo­men­to pa­ra ha­cer la cha­lla, ya que los ra­yos del sol lle­ga­rán con mu­cho ca­lor ha­cia el pues­to de ben­di­ción del ya­ti­ri.

La ale­gría del fes­te­jo y la abun­dan­cia.

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