Bi­go­tes Blan­cos, el me­ren­de­ro de Fuer­te Apa­che

Gus­ta­vo Dza­kich nos cuen­ta có­mo ha­ce pa­ra que los pi­bes de su ba­rrio ten­gan al­gu­na es­pe­ran­za en me­dio de una reali­dad di­fí­cil.

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Lle­ga­mos al Ba­rrio Ejér­ci­to de los An­des y Gus­ta­vo nos re­ci­be con una son­ri­sa. “Los chi­cos los es­tan es­pe­ran­do” di­ce. Y una ma­na­da de son­ri­sas nos re­ci­ben con li­cua­do de ba­na­na en sus ma­nos. Alan.: Que lin­do vert tan­tas son­ri­sas. Gra­cias por re­ci­bir­nos y mos­trar­nos tu tra­ba­jo. Gus­ta­vo Dza­kich: Es­toy muy con­ten­to de que es­tén acá y que nos pue­dan dar una mano, con­tar­les lo que son los chi­cos de mi vi­lla, de Fuer­te Apa­che y ha­cer­les ver que es una ne­ce­si­dad pa­ra ellos mos­trar­les un fu­tu­ro me­jor.Es­ta­mos en un rin­con­ci­to ha­cien­do el bien. MV: ¿Por qué de­ci­dis­te ar­mar un me­ren­de­ro, un co­me­dor? GD: Yo tra­ba­ja­ba en la ba­su­ra, en Cli­ba y un día en­con­tré un ne­ne dur­mien­do ahí y el ca­mio­ne­ro me di­ce: “Ya lo en­con­tré dos o tres ve­ces acá dor­mi­do, de­cí que no ti­ro el con­te­ne­dor así no­más por­que si no pue­de pa­sar lo peor.” Y de ahí lo lle­vé a mi ca­sa, lo em­pe­cé a ba­ñar y de­ci­dí em­pe­zar a ayu­dar con un gru­po de ami­gos, que di­ji­mos lo­co no­so­tros sa­li­mos de la dro­ga, es­tu­vi­mos en la ca­lle, sa­be- mos lo que es, quié­nes me­jo­res pa­ra ayu­dar a los chi­cos y le em­pe­za­mos a po­ner todo. To­dos te­ne­mos tra­ba­jo y nues­tra fa­mi­lia pe­ro el tiem­po que te­ne- mos se lo po­ne­mos acá a los chi­cos. Nos sen­ti­mos lle­nos de co­ra­zón, por­que no hay pre­cio al ver a un chi­co que se va con­ten­to y po­der lu­char por sus de­re­chos y de ahí ya no pu­di­mos pa­rar, es co­mo si fue­ra una adre­na­li­na que lle­va­mos en la san­gre. MV: ¿Cuán­tos pi­bes hay? GD: Em­pe­za­mos con 15 y ayer eran 70 y ca­da vez mas. Vie­nen y te cuen­tan los sue­ños de ellos y es lo que te man­tie­ne vi­vo y te da fuer­za pa­ra dar­le pa­ra ade­lan­te. Ayu­da todo el mun­do acá, hay mu­cha gen­te con co­ra­zón muy gran­de y solidario, los chi­cos de ca­mio­ne­ros, las ma­más. Que­re­mos que los chi­cos cum­plan sus sue­ños, que no se va­yan pa­ra el ca­mino de la dro­ga. Yo es­tu­ve ahí y se lo que es de aden­tro y no quie­ro eso pa­ra los chi­cos de mi ba­rrio. MV: ¿Con qué so­ñás? GD: Que ten­ga­mos una me­jor so­cie­dad, li­bre de dro­ga, que los pi­bes pue­dan apren­der co­sas pa­ra bien, ellos son nues­tro fu­tu­ro, no tie­nen por qué pa­sar por las co­sas que pa­sa­mos no­so­tros. Es nues­tra Ar­gen­ti­na, to­dos te­ne­mos que po­ner al­go pa­ra me­jo­rar. Veo la ca­ri­ta de los chi­cos, esa hu­mil­dad que te traen y no al­can­za nun­ca lo que se ha­ce. Que­re­mos abrir el co­me­dor pa­ra la no­che por­que al me­dio día hay, pe­ro a la no­che hay mu­chos pi­bes que se van a ydor­mir con el es­tó­ma­go va­cío. Por eso que­re­mos que ten­gan acá su es­pa­cio, su lu­gar de con­ten­ción. GD: Nos gus­ta­ría que el nue­vo In­ten­den­te, el se­ñor Valenzuela, se acer­que y nos de una mano. Es­pe­re­mos que cum­plan con lo que pro­me­tió, que des­pués de mar­zo nos van a ayu­dar.

“POR­QUE A MI ME EN­SE­ÑA­RON QUE LA PLAN­TA SE CUI­DA DES­DE CHI­QUI­TA, SI VOS EN­SE­ÑAS EL BIEN A LOS PI­BES VAN A TE­NER UNA BUE­NA VIDA.”

EL POR QUÉ DEL NOM­BRE QUE ELI­GIE­RON LOS CHI­COS EN ES­TA FO­TO.

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