En­tre­vis­ta. Adria­na Ros­so y Lu­cía Gar­cía, dos mu­je­res al vo­lan­te.

En un ne­go­cio com­pli­ca­do, man­tie­nen un fir­me control de las prin­ci­pa­les de­ci­sio­nes de sus em­pre­sas. En­tre am­bas trans­por­tis­tas reúnen 1.660 em­plea­dos y ope­ran 480 co­lec­ti­vos.

Negocios - - PÁGINA DELANTERA - Wal­ter Gian­no­ni wgian­no­ni@la­voz­de­lin­te­rior.com.ar

Son ma­más y abue­las, pero tam­bién las lí­de­res naturales de las dos gran­des em­pre­sas del trans­por­te in­ter­ur­bano de pa­sa­je­ros de Córdoba. Por la tar­de te­jen y vi­si­tan nie­tos, pero por la ma­ña­na to­man de­ci­sio­nes fuer­tes, como la úl­ti­ma, que pa­só por ab­sor­ber ru­tas na­cio­na­les y que las lle­va­ron a du­pli­car su per­so­nal y sus uni­da­des. Lu­cía Gar­cía de D’Ales­san­dro, de Fono Bus, y Adria­na Ros­so de Pu­che­ta, de Bu­ses Lep, se apo­yan en las nuevas ge­ne­ra­cio­nes fa­mi­lia­res, pero na­da se ha­ce sin que ellas suban o ba­jen el pul­gar, de­ci­sio­nes en las que mu­chas veces pri­man sus mi­ra­das de mujer.

–Des­de afue­ra el trans­por­te de pa­sa­je­ros pa­re­ce una du­na: cons­tan­te cam­bio y trans­for­ma­ción. ¿Qué su­ce­de?

–Adria­na: Sigue el rit­mo de la gen­te. El tiem­po mo­di­fi­ca las ne­ce­si­da­des de las po­bla­cio­nes, de quie­nes vi­ven en ellas. Y eso in­ci­de en la con­fi­gu­ra­ción del trans­por­te. Por eso no pue­de es­tar quie­to ni con­ver­tir­se en ob­so­le­to. La di­ná­mi­ca del trans­por­te es la di­ná­mi­ca del flu­jo de pa­sa­je­ros y de sus ne­ce­si­da­des.

–Lu­cía: La tec­no­lo­gía, re­des so­cia­les y de­más mo­vi­li­zan las lí­neas, las for­mas de ha­cer el trans­por­te, y eso lle­va a un cam­bio. Por ejem­plo, a las bo­le­te­rías ya va po­ca gen­te con re­la­ción a lo his­tó­ri­co. Sa­can los boletos por in­ter­net, por celular. –Igual que los vue­los. –Adria­na: Los com­pran di­rec­ta­men­te por las apli­ca­cio­nes con dis­tin­tos me­dios de pa­go. Y ade­más hay un cam­bio cons­tan­te en las con­di­cio­nes de base del trans­por­te. El pre­cio del com­bus­ti­ble, el va­lor de las uni­da­des, el cos­to la­bo­ral, los in­su­mos, los se­gu­ros, los ser­vi­cios. En­ton­ces uno de­be adap­tar­se en for­ma cí­cli­ca a es­tos fac­to­res y a la di­ná­mi­ca del pú­bli­co.

–Lu­cía: A ni­vel ge­ne­ral, el re­sul­ta­do ha si­do una caí­da de la ren­ta­bi­li­dad, que de­ri­vó en una me­nor cantidad de em­pre­sas con ma­yor nú­me­ro de uni­da­des, por­que se ne­ce­si­tan vo­lu­men y em­pre­sas con un ma­ne­jo de re­cur­sos efi­cien­tes. Aque­llas que no es­tén con­tro­la­das por sus pro­pios due­ños o por ge­ren­tes con mu­cha ca­pa­ci­dad y con­fian­za se re­plie­gan.

–Que au­men­te el cos­to del trans­por­te es al­go muy sim­bó­li­co pa­ra la so­cie­dad, ¿no?

–Lu­cía: Sí, pero fí­je­se que los au­men­tos del bo­le­to siem­pre van tem­po­ral­men­te muy por de­trás de la suba de cos­tos y eso afecta la ope­ra­ción y pro­mue­ve cam­bios.

–Aho­ra, en es­te es­ce­na­rio, ¿qué ex­pli­ca­ción en­cuen­tran pa­ra jus­ti­fi­car el crecimiento de estas dos em­pre­sas?

–Lu­cía: Por las fa­mi­lias, por­que hay una fa­mi­lia atrás. Cuan­do fun­da­mos Fono Bus, tra­ba­já­ba­mos todos du­ran­te to­do el tiem­po. Yo mis­ma y mi hi­ja he­mos con­du­ci­do uni­da­des; con mi es­po­so re­pa­ran­do los co­ches.

–Adria­na: Aun­que ten­ga­mos ca­si 1.700 em­plea­dos en­tre las dos em­pre­sas, el espíritu de fa­mi­lia, de unión en­tre no­so­tros y de unión con el per­so­nal, ha he­cho el 50 por ciento de es­ta realidad. El otro 50 es la rein­ver­sión pa­ra la com­pra de uni­da­des.

–Hay un po­co de aque­llo de “el ojo del amo...”.

–Lu­cía: No exis­te otra ma­ne­ra. Em­plea­dos con 15 años de an­ti­güe­dad de las em­pre­sas cu­yas ru­tas ab­sor­bi­mos nos di­je­ron: “No co­no­ce­mos al due­ño”.

–¿Qué pen­sa­ron cuan­do sus hi­jos les tra­je­ron la idea de to­mar la gen­te y las ru­tas de Plus Ul­tra-Mer­co­bus?

–Lu­cía: To­das las co­sas que hi­ci­mos en la em­pre­sa fue­ron un desafío. Y las to­ma­mos como eso, no como un pro­ble­ma. El tra­ba­jo no es un pro­ble­ma. De a po­qui­to, ya es­tán en mar­cha esos ser­vi­cios.

–Adria­na: Lo to­mé como la ne­ce­si­dad que exis­tía de que dos em­pre­sas de Córdoba die­ran tra­ba­jo a 440 fa­mi­lias cor­do­be­sas. Y ese es uno de los ob­je­ti­vos de Lep. Des­pués se su­man las du­das ló­gi­cas que uno siem­pre de­be en­fren­tar. Yo te­nía 300 em­plea­dos y al otro día me fui a 630. ¿Se ima­gi­na?

–¿Hay de­ci­sio­nes con el per­so­nal a las que apli­can su mi­ra­da de mujer?

–Lu­cía: Qui­zás la mujer es más as­tu­ta (son­ríe). Pero sí, te­ne­mos tal vez una mi­ra­da más am­plia so­bre la vida de nuestra gen­te. Cuan­do na­ce un hi­jo, por ejem­plo, en­via­mos un kit de co­si­tas. Adria­na les man­da una pa­ño­le­ta te­ji­da por ella mis­ma. Gran par­te de los cho­fe­res tie­ne la edad de nues­tros hi­jos o más chi­cos. “Ma­má Fono Bus” me dicen (ríe).

–Adria­na: Y a mí “ma­má ga­lli­na” (más ri­sas). Tal vez la pre­dis­po­si­ción a ha­blar más pa­ra re­sol­ver si­tua­cio­nes. Yo en mi celular ten­go una ficha de mis em­plea­dos (la mues­tra). Si me en­te­ro de al­go fe­liz o tris­te, lla­mo.

–¿Al final los gre­mios son tan im­pre­vi­si­bles o se pue­de man­te­ner cier­to equi­li­brio con ellos?

–Lu­cía:

El trans­por­te es una ca­lle de una mano don­de va­mos los sin­di­ca­tos, no­so­tros y la au­to­ri­dad re­gu­la­to­ria. Tran­si­to­ria­men­te po­de­mos es­tar a di­fe­ren­te dis­tan­cia, pero los tres es­ta­mos en la mis­ma ca­lle. No exis­te otra po­si­bi­li­dad. Como en to­do, a veces es más fá­cil o más di­fí­cil.

–Adria­na: El gre­mio Aoi­ta ha cam­bia­do mu­cho, hay diá­lo­go y bús­que­da de con­sen­sos, aun con pe­leas y di­fe­ren­cias de cri­te­rio, y eso sig­ni­fi­ca mu­cho. Es­to po­si­bi­li­tó que pu­dié­ra­mos re­te­ner las fuen­tes de tra­ba­jo. Eso no im­pi­de que nos tren­ce­mos por pa­ri­ta­rias, ca­da uno de­fien­de sus in­tere­ses. Pero, fí­je­se, va­mos por el ter­cer año sin pa­ros por pa­ri­ta­rias.

–Como “ga­lli­nas ma­yo­res”, ¿có­mo ad­mi­nis­tran las re­la­cio­nes den­tro de sus fa­mi­lias?

–Lu­cía: Tam­po­co es sen­ci­lla, pero, con las res­pon­sa­bi­li­da­des de­li­mi­ta­das y sin mez­clar lo fa­mi­liar con lo la­bo­ral, el equi­li­brio es po­si­ble. Con­ta­mos con un pro­to­co­lo fa­mi­liar que no fue fá­cil ha­cer, pero se res­pe­ta.

–Adria­na: Es­ta­mos ca­mino al pro­to­co­lo. En Lep ca­da uno tie­ne sus ta­reas asig­na­das y nos reuni­mos pa­ra tra­ba­jar en fun­ción de los pro­ble­mas o pro­yec­tos que ten­ga­mos. Ejem­plo: con las nuevas ru­tas abri­mos 250 bo­le­te­rías.

–¿Có­mo es­tá el mer­ca­do don­de us­te­des ope­ran?

–Lu­cía: Fue un año du­ro, las elec­cio­nes sem­bra­ron in­cer­ti­dum­bre y eso in­ci­dió en los via­jes in­ter­ur­ba­nos. Hu­bo me­ses den­tro de lo pre­vis­to y otros por de­ba­jo. Los dos me­ses pre­vios a las le­gis­la­ti­vas la gen­te no se mo­vió. Quien via­ja­ba de Vi­lla Car­los Paz a un pa­seo por Córdoba, no lo hi­zo. La gen­te via­ja por ne­ce­si­dad, no por pla­cer.

–Adria­na: Y se usa mu­cho el bo­le­to so­cial, como el ca­so de los adul­tos ma­yo­res. Con las nuevas ru­tas es­ta­mos arran­can­do. Que nos ha­ga­mos co­no­cer es un pro­ce­so.

–¿Los dis­tin­tos ti­pos de bo­le­to so­cial de la Pro­vin­cia les sir­ven a las em­pre­sas?

–Lu­cía: No ase­gu­ran un flu­jo per­ma­nen­te de pa­sa­je­ros. El bo­le­to edu­ca­ti­vo ba­jó la cantidad de abo­na­dos pro­pios, pero in­cre­men­tó la cantidad de gen­te en los bu­ses. Lle­va­do a la prác­ti­ca, las ma­trí­cu­las de co­le­gios ru­ra­les, como el ca­so de Tan­ti, que no­so­tros aten­de­mos, pa­sa­ron de te­ner 16 chi­cos ins­crip­tos a 46. Eso es muy bueno.

–Adria­na: Los uni­ver­si­ta­rios tam­bién se in­cre­men­ta­ron. En el sur, gen­te de Las Al­baha­cas, de Las Ace­quias, de Co­rral de Bus­tos, co­men­zó a ir a la Uni­ver­si­dad Na­cio­nal de Río Cuar­to, con más ser­vi­cios a dis­po­si­ción.

–Lu­cía: Igual su­ce­de con los ju­bi­la­dos, que si te­nían que ve­nir a Córdoba, no lo ha­cían. Un pa­sa­je del nor­te de Córdoba a la Ca­pi­tal es­tá en 200 pe­sos. Del to­tal de boletos, los que pa­ga el Es­ta­do es­tán en el 27 por ciento.

–Siem­pre fal­ta pla­ta de los sub­si­dios na­cio­na­les, ¿ver­dad?

–Adria­na: To­da­vía han que­da­do 310 uni­da­des del ser­vi­cio sub­ur­bano de dis­tin­tas em­pre­sas sin sub­si­dios. Te­ne­mos que lo­grar equi­dad. Es­toy es­pe­ran­za­da en eso.

–Lu­cía: El in­te­rior del país siem­pre fue dis­cri­mi­na­do. Hu­bo mu­cha po­lí­ti­ca en­tre me­dio. El Go­bierno na­cio­nal ac­tual ha da­do al­gu­nos pa­sos con las ta­ri­fas y los sub­si­dios, pero fal­ta mu­cho. –Ima­gino que la me­jo­ra en la

in­fra­es­truc­tu­ra vial, como la au­to­vía en la ru­ta 36, los ayu­da.

–Adria­na: Sí, es un cam­bio to­tal pa­ra el trans­por­te. Tam­po­co rom­pe­mos tan­tos pa­ra­bri­sas como en otra épo­ca.

–Lu­cía: Pero hay un gran pro­ble­ma en todos los ac­ce­sos a Córdoba. En cua­tro me­ses nos han des­trui­do pa­ra­bri­sas y vi­drios a un cos­to de 1,8 mi­llo­nes de pe­sos. Es un fla­ge­lo pe­li­gro­so pa­ra el pa­sa­je­ro. Son ni­ños que con sus go­me­ras ha­cen pun­te­ría.

–Adria­na: Es un pro­ble­ma de edu­ca­ción, de cul­tu­ra, com­pli­ca­do de so­lu­cio­nar. Al­go va­mos a te­ner que ha­cer con es­to como so­cie­dad.

–Lu­cía, cuan­do fal­tó su es­po­so, ¿có­mo fue re­to­mar la em­pre­sa?

–Lu­cía: Me cos­tó ho­rro­res vol- ver, so­la no hu­bie­ra po­di­do. Mis hi­jos asu­mie­ron la res­pon­sa­bi­li­dad has­ta que pu­de re­gre­sar.

–Adria­na: Na­die pue­de so­lo, so­mos fa­mi­lia. Se ne­ce­si­tan to­das las par­tes, cuan­do fal­ta una se com­pli­ca. Nues­tros hi­jos han es­ta­do des­de chi­qui­ti­tos, eran ni­ños y re­par­tían vo­lan­tes pa­ra pro­mo­cio­nar el ser­vi­cio.

–Bueno, aho­ra, a es­ta al­tu­ra de la vida, ¿se to­man al­gún tiem­po pa­ra us­te­des so­las?

–Lu­cía: Tra­to de ir­me a pri­me­ra ho­ra de la tar­de pa­ra ha­cer mis co­sas.

–Adria­na: Yo in­ten­ta­ba ir­me a las 2 o a las 3 de la tar­de, pero con la ex­pan­sión to­da­vía es­toy un po­co más. De todos mo­dos, bus­co el tiem­po pa­ra es­tar con mis nie­tos.

(RAI­MUN­DO VIÑUELAS)

Ami­gas al vo­lan­te. Adria­na y Lu­cía a bor­do de una fla­man­te uni­dad de lar­ga dis­tan­cia. Con mi­ra­da de mujer, acep­ta­ron el desafío de cre­cer en nue­vos des­ti­nos.

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