Un Te­tris a 8 ma­nos

Negocios - - Negocios + Opinión - Da­niel Alon­so da­lon­so@la­voz­de­lin­te­rior.com.ar

La le­yen­da cuen­ta que ape­nas una tar­de le bas­tó al ru­so Alek­séi Páz­hit­nov pa­ra pro­gra­mar, ha­ce más de 30 años, lo que se con­ver­ti­ría en uno de los jue­gos elec­tró­ni­cos más po­pu­la­res: el Te­tris.

El desafío consiste en aco­mo­dar pie­zas (com­pues­tas de cua­tro blo­ques cua­dra­dos) a me­di­da que van ca­yen­do. Cuan­do se lle­na un zó­ca­lo a lo an­cho de la pan­ta­lla, se li­be­ra es­pa­cio.

Pe­ro la co­sa se com­pli­ca cuan­do las apa­ri­cio­nes alea­to­rias de esas fi­gu­ras ape­nas si dan tiem­po pa­ra ubi­car­las de la ma­ne­ra más in­te­li­gen­te.

Al­go muy pa­re­ci­do es lo que le ha ve­ni­do ocu­rrien­do a la economía ar­gen­ti­na, con un vér­ti­go que ma­rea. En po­cos me­ses, la pan­ta­lla se lle­nó de pie­zas des­or­de­na­das y em­pe­zó a aso­mar el fan­tas­ma del ga­me over.

Por eso, ocho ma­nos con­ver­gen aho­ra en si­mul­tá­neo pa­ra el ma­ne­jo de la “cri­sis Te­tris”: las del pre­si­den­te Mau­ri­cio Ma­cri, las de los mi­nis­tros Ni­co­lás Du­jov­ne (Economía) y Ro­ge­lio Fri­ge­rio (In­te­rior), y las del jefe del Ban­co Cen­tral, Luis Capu­to.

En me­dio de un caó­ti­co cua­dro, la es­tra­te­gia pa­re­ce que em­pe­zó a dar re­sul­ta­dos pa­ra re­ver­tir la enor­me ola de des­con­fian­za y las con­se­cuen­cias de una sa­ga de ma­la pra­xis que ace­le­ra­ron la ve­lo­ci­dad con la que caen las pie­zas, en es­pe­cial la del dó­lar.

Des­pués de va­rios días de fu­ria, los mer­ca­dos hi­cie­ron pau­sa. Na­da ase­gu­ra que es­ta sea de­fi­ni­ti­va. Ya an­tes hu­bo un res­pi­ro y lo que so­bre­vino fue mu­cho peor.

Ade­más, eso no qui­ta que sub­sis­tan du­das. El cen­tro en el que se ori­gi­nó la in­cer­ti­dum­bre fue y si­gue sien­do el fi­nan­cia­mien­to de la Ar­gen­ti­na y su ca­pa­ci­dad de pa­go, ba­jo la vie­ja som­bra de nues­tro otro­ra ce­le­bra­do de­fault.

No es muy com­pli­ca­do en­ten­der­lo: quie­nes nos pres­ta­ron pla­ta pa­ra su­tu­rar la he­ri­da fis­cal pu­sie­ron un ojo en nues­tra vo­ca­ción pa­ra re­du­cir el gas­to pú­bli­co y otro en el de­fi­ci­ta­rio flu­jo de dó­la­res. Es que son más los que sa­len que los que en­tran.

En el mun­do del co­mer­cio ex­te­rior, to­dos se acor­da­ron del Día de los Muer­tos. El 2 de no­viem­bre del año pa­sa­do, el Go­bierno eli­mi­nó la obli­ga­ción de li­qui­dar en el mer­ca­do de cam­bios las di­vi­sas pro­ve­nien­tes de las exportaciones. No hay un pla­zo li­mi­te, en un país al que, si al­go le fal­tan, son jus­ta­men­te dó­la­res.

Por lo pron­to, con una nue­va ho­ja de ru­ta eco­nó­mi­ca que re­vi­vió a las re­ten­cio­nes y mar­có el tra­zo grue­so del Pre­su­pues­to 2019, el Go­bierno ob­tu­vo al­go que pa­re­cía ago­tar­se: tiem­po, vi­tal pa­ra ce­rrar la re­ne­go­cia­ción con el Fon­do Mo­ne­ta­rio In­ter­na­cio­nal y la pau­ta del ajus­te mo­de­lo 2019 con los go­ber­na­do­res pe­ro­nis­tas.

Pe­ro su­pe­ra­dos es­tos es­co­llos y des­pe­ja­do el cor­to pla­zo, em­pe­za­rán a aso­mar con más ve­lo­ci­dad las pie­zas de la re­ce­sión, de la in­fla­ción y de sus con­se­cuen­cias so­cio­eco­nó­mi­cas.

La hi­pó­te­sis ofi­cial de ter­mi­nar 2018 con una caí­da de 2,4 por cien­to en la ac­ti­vi­dad po­dría que­dar vie­ja en for­ma pre­ma­tu­ra.

La agencia Moody’s ya ha­bla de tres por cien­to pa­ra aba­jo y no es pa­ra na­da op­ti­mis­ta so­bre 2019, el año en que las de­man­das económicas que­da­rán te­ñi­das por la política. Se­rá cuan­do sa­bre­mos cuán­tos vo­tos re­di­túa el tra­ba­jo su­cio de ajus­tar el des­qui­cio de la dé­ca­da de la fan­ta­sía.

(CA­SA RO­SA­DA)

Nue­va ru­ta. El pre­si­den­te Ma­cri, con una apli­ca­ción vir­tual.

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