NO­TA DE TA­PA. PAMPITA.

La mo­de­lo, con­duc­to­ra y ac­triz ha­bla en pro­fun­di­dad del gran mo­men­to que es­tá vi­vien­do: nue­vos desafíos, nue­vo amor y mu­cho éxi­to.

Perfil (Domingo) - Luz - - SUMARIO - -FER­NAN­DO GOMEZ DOSSENA

No pa­ra un se­gun­do. Y siem­pre man­tie­ne su son­ri­sa ga­na­do­ra e irre­sis­ti­ble. Después de un año y me­dio bas­tan­te tur­bu­len­to -el que in­clu­yó mun­dan­za, divorcio, es­cán­da­los me­diá­ti­cos y mu­cho más- se re­fu­gió cien­to por cien­to en su ca­rre­ra. Vol­vió a ser ju­ra­do de Sho­wmatch, lan­zó una co­lec­ción cáp­su­la de car­te­ras y de pi­ja­mas, se ani­mó otra vez a la con­duc­ción con Pampita On­li­ne (to­dos los días de 20:30 a 22 por el ca­nal KZO) y fil­mó la pe­lí­cu­la De­sea­rás al hom­bre de tu her­ma­na, pro­ta­go­ni­za­da tam­bién por Mó­ni­ca An­to­nó­pu­los, Juan So­ri­ni y Guil­her­me Win­ter y ba­sa­da en la exitosa no­ve­la de Eri­ka Hal­vor­sen. Y, como si es­to fue­ra po­co, ofi­cia de ma­dre de tres va­ro­nes: Bau­tis­ta (9), Bel­trán (5) y Be­ni­cio (2), y de novia del ex te­nis­ta Juan “Pi­co” Mó­na­co. Reconoce que sus se­ma­nas son sú­per in­ten­sas (“Tra­to de con­cen­trar to­do mi tra­ba­jo en­tre lu­nes y miér­co­les pa­ra después dis­fru­tar al má­xi­mo del res­to de la se­ma­na”, con­fie­sa) y que en­con­tró en su pro­fe­sión (y en el amor, cla­ro) otra vez un es­pa­cio pa­ra sen­tir­se fuer­te y con esa ener­gía que siem­pre la ca­rac­te­ri­zó. -¿Cómo te lle­gó la pro­pues­ta de De­sea­rás al hom­bre de tu her­ma­na? -Des­de el año pa­sa­do te­nía mu­chas ga­nas de ac­tuar. Ha­bía te­ni­do una pro­pues­ta pa­ra ha­cer una no­ve­la en Chi­le, pe­ro como me mu­dé a Ar­gen­ti­na no se pu­do dar. Mi re­pre­sen­tan­te se pu­so a bus­car guio­nes, leí es­te y me fas­ci­nó. Me gus­ta el tex­to de Éri­ca Hal­vor­sen, cómo es­cri­be, cómo cuen­ta to­do lo que les pa­sa a las mujeres sin ta­pu­jos. Au­di­cio­né y em­pe­zó el pro­yec­to. -¿Qué te in­ter­pe­ló de la his­to­ria? -El víncu­lo de es­tas dos her­ma­nas tan dis­tin­tas pe­ro que se aman pro­fun­da­men­te y no pue­den de­jar de es­tar jun­tas. Como se com­ple­men­tan, como go­za una a tra­vés de la otra...Es una pe­lí­cu­la con­ta­da des­de la mi­ra­da fe­me­ni­na...de­ta­lla cómo vi­vi­mos el sexo, el amor, la pa­sión, lo prohi­bi­do...¡es in­ten­sa, no da res­pi­ro! -¿Qué apor­ta esa mi­ra­da fe­me­ni­na que men­cio­nás? -Nos ani­ma a li­be­rar­nos, a atre­ver­nos, a ser au­tén­ti­cas, a con­tar las co­sas cómo las ve­mos no­so­tras sin el ve­lo mas­cu­lino. Es nues­tro mo­men­to y es­ta pe­lí­cu­la lo re­fle­ja. -¿Cómo fue pro­ta­go­ni­zar es­ce­nas tan hot? -Tu­vi­mos co­reó­gra­fo pa­ra las to­mas de sexo (N de la R: Car­los Ca­se­lla), en­ton­ces fue como ha­cer un bai­le. To­dos nos ve­mos di­vi­nos por­que es­tá muy cui­da­do, es ca­si Es­toy un muy cua­dro sen­sual re­na­cen­tis­ta.y los voy a Na­da sor­pren­de­res osa­do (ri­sas).ni bur­do. -La au­to­ra di­jo que le gus­ta­bas por­que veía en vos una mu­jer con mu­cho ham­bre, atre­vi­da...¿te sen­tís así? -Sí. Es­to fue al­go muy nue­vo pa­ra mí, en­ton­ces como ade­más iba a ha­ber mu­cho pre­jui­cio qui­se po­ner­me a la al­tu­ra de las cir­cun­tan­cias y me lo to­mé muy en se­rio. Atre­ver­se es to­do, siem­pre po­dés ha­cer al­go nue­vo o dis­tin­to, aun­que pa­rez­ca sú­per insólito. -¿Es­tás me­nos pen­dien­te del qué di­rán? -No, al re­vés. Me sien­to muy sen­si­ble y a flor de piel de ca­ra al es­treno de es­te pro­yec­to. -Pe­ro, ¿no te for­ta­le­cie­ron los años en el me­dio y to­do lo que pa­só el úl­ti­mo tiem­po? -No me con­cen­tro en eso. Yo busco con­quis­tar al pú­bli­co. No soy una ac­triz co­ol que no me im­por­ta na­da (ri­sas). To­do lo con­tra­rio, quie­ro gus­tar, sor­pren­der... Ju­ro que to­do me im­por­ta y si a al­guien no le gus­ta me va a rom­per el co­ra­zón. Tam­bién apren­dí que si por mie­do no te ani­más, te per­dés un mon­tón de co­sas. -Es­tás re­ple­ta de tra­ba­jo, ¿cómo or­ga­ni­zás tu vi­da? -No lo sé (ri­sas). Mi prio­ri­dad es la ma­ter­ni­dad, cui­do mu­cho mis es­pa­cios per­so­na­les y tra­to de es­tar mu­cho con los chi­cos. Pe­ro tra­ba­jar me en­can­ta. En es­te año y me­dio vol­ví a re­cu­pe­rar el tiem­po per­di­do y em­pe­cé a ilu­sio­nar­me con lo más lin­do que tie­ne mi tra­ba­jo: la di­ver­si­dad. -¿Qué ha­cés en tus mo­men­tos li­bres? -Sá­ba­do y do­min­go los ten­go siem­pre li­be­ra­dos y ju­ro que no ha­go na­da. Me le­van­to, me pon­go un jog­ging y a lo su­mo sal­go a la ve­re­da a an­dar en bi­ci­cle­ta con los chi­cos o ju­gar a la pe­lo­ta. A ve­ces vie­nen ami­gos a co­mer, leo o mi­ro se­ries... mi adre­na­li­na es­tá en ce­ro los fi­nes de se­ma­na. -¿Sos la ma­má que que­rés ser? -Siem­pre car­go con la cul­pa de no ser lo su­fi­cien­te bue­na y pre­sen­te que una qui­sie­ra ser, pe­ro me que­do fe­liz con ver­los con­ten­tos, edu­ca­dos, ale­gres... Eso me da bas­tan­te or­gu­llo. Me acom­pa­ñan a to­dos la­dos y sa­ben muy bien cuál es mi tra­ba­jo. En­tien­den que soy fa­mo­sa, pe­ro pa­ra ellos soy y se­ré siem­pre su ma­má. Los más chi­qui­tos se pe­lean mu­cho y es­cu­cho ma­má 60 ve­ces por ho­ra. Es la pa­la­bra del mo­men­to. Con el más gran­de es­toy atrás de las ta­reas, de que es­tu­die y de ad­mi­nis­trar la Play Sta­tion.

-¡Qué te­ma!

-Sí, la ma­ter­ni­dad es un tra­ba­jo tre­men­do, pe­ro el más lin­do del mun­do. In­clu­so cuan­do ten­go que re­tar­los me río por den­tro. Soy bra­va y de po­ner mu­chos lí­mi­tes. El otro día el más gran­de me di­jo: ¿Pa­ra qué me re­ga­las­te la Play si me la vi­vís qui­tan­do? (ri­sas), pe­ro bueno, es mi úni­ca ar­ma de ame­na­za.

-Lue­go de la se­pa­ra­ción y con el be­bé en ca­mino de Ben­ja­mín Vi­cu­ña, ¿cómo ima­gi­nás la fa­mi­lia en­sam­bla­da? ¿se vuel­ve com­pli­ca­da la or­ga­ni­za­ción tras la se­pa­ra­ción?

-Por res­pe­to a Ben­ja­mín no ha­blo so­bre esos te­mas pú­bli­ca­men­te. Lo char­lo con mis más ín­ti­mos, son si­tua­cio­nes que no ha­ce fal­ta ex­po­ner­las.

-¿Sos de loo­kear mu­cho a los chi­cos?

-Du­ran­te la se­ma­na es­tán to­do el día con el uni­for­me del co­le­gio y los fi­nes de se­ma­na no lo­gró qui­tar­les las ca­mi­se­tas de fútbol, ¡no hay ma­ne­ra! Los per­si­go con una re­me­ra de al­go­dón y no hay for­ma. Sino di­rec­ta­men­te los más chi­cos sa­len dis­fra­za­dos de su­per­hé­roe. No me de­jan me­ter­me.

-¿Y con “Pi­co” te pa­sa igual?

-¡No! Tie­ne buen gus­to na­tu­ral­men­te, sa­be com­bi­nar y qué usar pa­ra ca­da mo­men­to. ¡Y la per­cha, se po­ne una re­me­ra blan­ca y es una bom­ba! Él me la ha­ce muy fá­cil.

-¿Cómo ha­cés pa­ra en­tre me­dio del tra­ba­jo y la fa­mi­lia en­con­trar el tiem­po pa­ra el amor?

-Me las arre­glo, siem­pre (ri­sas). Con ese bom­bón al la­do me pon­go las pi­las y tra­to de de­vol­ver­le to­do el amor que me da. Es un di­vino to­tal y lle­gó a mi vi­da como un re­ga­lo.

-¿Te sor­pren­dió?

-¡Cla­ro! Hay gen­te que es­tá aler­ta o en la bús­que­da, pe­ro a mí me lle­gó de re­pen­te. Ni si­quie­ra sé si es­ta­ba pre­pa­ra­da, pe­ro me ani­mé a tran­si­tar­lo. Lo sor­pren­do mu­cho, le re­ga­lo o pre­pa­ro co­sas chi­qui­tas, tra­to de ser fe­me­ni­na, de es­tar siem­pre im­pe­ca­ble, de ce­der en co­sas que lo ha­gan fe­liz... Soy sim­ple, pe­ro muy aten­ta.

-¿Sos ro­mán­ti­ca?

-De­ma­sia­do, una ro­mán­ti­ca em­pe­der­ni­da. La­men­to que me ha­yan he­cho leer tan­tas no­ve­las de chi­ca. Soy del cam­po y mi abue­la era la di­rec­to­ra del co­le­gio de mi pue­blo, Do­blas (La Pam­pa). Como los ve­ra­nos eran muy ca­lu­ro­sos, nos pa­sá­ba­mos to­da la tar­de le­yen­do. Eso tu­vo efec­to, soy re sen­si­ble y ten­go mu­cha fan­ta­sía ro­mán­ti­ca. Pa­ra los sueños no ten­go lí­mi­tes y las ex­pec­ta­ti­vas son siem­pre de­ma­sia­do gran­des.

-El año que vie­ne cum­plís 40, ¿cómo te lle­vás con el pa­so del tiem­po?

-Re bien, pa­san los años y es­toy lle­na de ener­gía y más crea­ti­va y en­ci­ma el tra­ba­jo se di­ver­si­fi­có mu­chí­si­mo.

-¿Y qué apren­dis­te con el tiem­po so­bre el amor?

-Es una es­cue­la has­ta el fi­nal de los días. Va cam­bian­do con los años, cam­bian las ex­pec­ta­ti­vas, lo que es­pe­rás del otro... se vuel­ve más sim­ple, más sen­ci­llo. Ya no pre­ten­dés tan­to de tu com­pa­ñe­ro y eso es bár­ba­ro. Te re­la­ja al má­xi­mo.

-”Pi­co” no es pa­pá, ¿te gus­ta­ría ser ma­má de nue­vo?

-No po­dría de­cir que no, pe­ro no sien­to que ten­ga que ser ya. Ha­ce po­co vol­ví a to­mar las rien­das de mi ca­rre­ra y ten­go mi­les de pro­yec­tos a los cua­les de­di­car­me. En lo in­me­dia­to no lo veo, pe­ro es­toy con una pa­re­ja jo­ven que no tie­ne hi­jos, así que creo que en un fu­tu­ro se va a dar.

-Él tie­ne 33, ¿te con­ta­gió ener­gía más ju­ve­nil?

-Yo ya ten­go de­ma­sia­da (ri­sas). Pi­co es sú­per tran­qui­lo, yo soy ex­plo­si­va y me po­ten­cio con to­do lo que ha­go. Lle­ga a ca­sa, me da unos ma­tes, me calma, es ce­ro en­ros­ca­do. Soy re li­bre en mi ca­rre­ra, no tie­ne pre­jui­cio con na­da con lo que en­ca­re. Tie­ne una ener­gía in­creí­ble.

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