Una cloa­ca en la que su­mer­gir­se

Perfil (Domingo) - - SOCIEDAD - PA­BLO MAR­CHET­TI*

El in­sul­to es una ex­pre­sión fun­da­men­tal de la len­gua. Por eso es ab­so­lu­ta­men­te ne­ce­sa­rio su­mer­gir­se en esa cloa­ca si se quie­re com­pren­der, en prin­ci­pio, el idio­ma, y, en ge­ne­ral, la na­tu­ra­le­za del al­ma hu­ma­na.

In­sul­tar es mos­trar el em­pe­ño que po­ne­mos en di­fe­ren­ciar­nos de al­guien o de al­go. Cuan­to ma­yor es la di­fe­ren­cia que que­re­mos ex­po­ner, más crea­ti­vo de­be ser el in­sul­to. Y esa crea­ti­vi­dad re­quie­re una de­di­ca­ción que mu­chas ve­ces pue­de pa­re­cer­se a la crea­ti­vi­dad y a la de­di­ca­ción que mu­chas ve­ces pue­de pa­re­cer­se a la que le de­di­ca­mos a las ex­pre­sio­nes y a las pa­la­bras de amor.

Ese pun­to don­de el odio se pre­sen­ta mu­cho más cer­cano al amor que a la in­di­fe­ren­cia tam­bién va­le pa­ra el in­sul­to. No hay na­da más ale­ja­do del in­sul­to que la in­di­fe­ren­cia. Fren­te a lo que nos pro­vo­ca in­di­fe­ren­cia no in­sul­ta­mos: ig­no­ra­mos y ya.

Por es­tas y otras ra­zo­nes es que es­cri­bí un li­bro so­bre ellos, y si no les gus­ta, se pue­den ir to­dos y to­das a la re­cal­ca­da con­cha de su ma­dre. *Es­cri­tor, pe­rio­dis­ta y mú­si­co. Au­tor de (Pla­ne­ta).

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