Jun­tos por el ar­te, con­tra los me­diá­ti­cos

El jue­ves es­tre­nan el po­li­cial Coin­ci­den en que la suer­te es una par­te fun­da­men­tal en la ca­rre­ra de un ac­tor y afir­man que los arri­bis­tas de­ben ge­ne­rar an­gus­tia en los ar­tis­tas que se for­ma­ron y no tie­nen tra­ba­jo.

Perfil (Sabado) - - NOTA DE TAPA - GUSTAVO MEN­DEZ

So­mos ami­gos”, acla­ra Ri­car­do Da­rín de en­tra­da. Leo­nar­do Sbaraglia lo mi­ra, asien­te y abre la ron­da de ma­tes. Una si­tua­ción de li­ving de ca­sa, re­la­ja­dos, que se con­tra­po­ne a los sucesos de Nie­ve ne­gra, el film de Mar­tin Ho­da­ra que se es­tre­na el pró­xi­mo jue­ves, en el que in­ter­pre­tan a dos her­ma­nos que dispu­tan una mi­llo­na­ria he­ren­cia y cu­yo pa­sa­do es­tá mar­ca­do por un he­cho trá­gi­co y os­cu­ro. Da­rín, a pun­to de cum­plir 60, y Sbaraglia, de 46 años, ade­más de es­tar uni­dos por la pro­fe­sión, un­gi­dos en la amis­tad, per­te­ne­cen a dos ge­ne­ra­cio­nes di­fe­ren­tes que su­pie­ron pres­cin­dir de la te­le­vi­sión de ai­re, son res­pe­ta­dos y go­zan de bue­na sa­lud en cuan­to a los lla­ma­dos de di­rec­to­res lo­ca­les e in­ter­na­cio­na­les pa­ra ofre­cer­les pa­pe­les im­por­tan­tes.

—Tu­vie­ron ini­cios di­fe­ren­tes. Ri­car­do lo hi­zo du­ran­te la dic­ta­du­ra y Leo­nar­do en la épo­ca al­fon­si­nis­ta, ¿có­mo com­pa­ran aque­llos co­mien­zos den­tro del ofi­cio del ac­tor? ¿En­cuen­tran di­fe­ren­cias de cri­te­rios?

DA­RIN: Sí, de ca­rac­te­rís­ti­cas, te di­ría. Creo que ca­da tra­ba­jo es un mun­do aparte, te so­me­tés a li­nea­mien­tos que no tie­nen que ver só­lo con el li­bro sino más con las char­las que te­nés con el di­rec­tor, del con­tex­to, y de cuan­do em­pe­zás a ge­ne­rar una ener­gía y un ida y vuel­ta con el com­pa­ñe­ro, que es el ali­men­to de to­dos los días. Po­cas ve­ces apa­re­cen cier­tas co­sas que debés mi­rar un po­co ha­cia atrás.

SBARAGLIA: Nie­ve ne­gra fue una ex­pe­rien­cia que po­cas ve­ces vi­ví co­mo ac­tor, he­mos tra­ba­ja­do muy en equi­po, Laia (Cos­ta), Ri­car­do, Mar­tín (Ho­da­ra) y yo éra­mos una pi­ña. En­tre los cua­tro bus­cá­ba­mos la me­jor es­ce­na po­si­ble pa­ra ca­da uno de no­so­tros, y la en­con­trá­ba­mos jun­tos. ¿Qué quie­ro de­cir? Que po­dés te­ner for­ma­ción, ofi­cio, pe­ro lo que man­da es el aquí y aho­ra del tra­ba­jo.

—Empezaron co­mo galan- ci­tos y hoy son con­si­de­ra­dos “ac­to­res se­rios”. ¿Có­mo fue esa tran­si­ción?

D: Son co­sas que se van dan­do con na­tu­ra­li­dad y elec­cio­nes. La te­le­vi­sión es muy exi­gen­te, te tie­ne ata­do, y cuan­do lo­grás se­pa­rar­te un po­qui­to y mi­rar con ob­je­ti­vi­dad, te das cuen­ta de que el tea­tro y el ci­ne te otor­gan un es­pa­cio de ma­yor ama­bi­li­dad pa­ra po­der en­ca­rar ca­da tra­ba­jo. En la te­le, de pron­to te subís a una te­le­no­ve­la y es­tás nue­ve me­ses ha­cien­do el mis­mo per­so­na­je y la mis­ma his­to­ria. En el me­jor de los ca­sos, que no es lo más fre­cuen­te, con una co­sa in­tere­san­te en­tre ma­nos, y en otros, que son los más fre­cuen­tes, di-

ne­gra. Nie­ve

ABRI­GA­DOS. Ro­da­ron par­te de Nie­ve ne­gra en los Pi­ri­neos, con tem­pe­ra­tu­ras que des­cen­dían has­ta los diez gra­dos ba­jo ce­ro.

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