Impu­tan y liberan a un do­cen­te. Hu­bo 2 mil in­ti­mi­da­cio­nes en Pro­vin­cia.

Perfil (Sabado) - - PORTADA - CAR­LOS ARES*

Do­min­go, me­dia ma­ña­na. Tim­bre. De­trás de la re­ja de en­tra­da tres pá­li­dos mu­cha­chos, lam­pi­ños, tra­je ne­gro, ca­mi­sa blan­ca, cor­ba­ta ne­gra, pelo cor­to. No hay mo­ti­to a la vis­ta. No hay bol­sa de plás­ti­co en­vol­vien­do tres ca­jas de ra­vio­les. No son el de­li­very de La Leo­ne­sa. Uno lle­va una Bi­blia en las ma­nos y la ofre­ce. ¿"Le in­tere­sa Je­sús"?

En es­te mo­men­to me ven­drían me­jor los ra­vio­les. Pe­ro po­de­mos con­ver­sar mien­tras llegan. ¿En qué con­di­cio­nes lo ofre­cen? La Bi­blia va de re­ga­lo, a cam­bio de unos da­tos. Nom­bre, es­ta­do ci­vil, edad, pro­fe­sión, nú­me­ro de mó­vil, e-mail. ¿To­do es­to por un li­bro de cuen­tos? Pa­rá. ¿Quié­nes son us­te­des? ¿Los tes­ti­gos de quién? ¿ Los úl­ti­mos días de los san­tos de dón­de? ¿Pa­ra qué quie­ren tan­ta in­for­ma­ción?

Ba­se de da­tos, ba­se de da­tos, no me jo­das. A otro pe­rro con ese hue­so. An­dá a sa­ber a quién se la ven­den des­pués. Te doy el mail y me lle­nan la ca­si­lla con men­sa­jes apo­ca­líp­ti­cos de los cu­ras K. “Si no vo­tás con­tra el go­bierno y com­prás es­ta ca­de­ni­ta ben­de­ci­da por Cris­ti­na, te van a caer otros diez años de pla­gas, te van a llo­ver ‘Pa­tas’ Me­di­na con hon­gos, De Vi­dos, Ló­pez, Mo­re­nos, Jai­mes y Bou­dúes de pun­ta”.

Fue­ra sa­ta­na­ces. Apar­te, mu­cha­chos, el tim­breo ya fue. ¿No ven que se los co­pia­ron has­ta los po­lí­ti­cos? Sa­len a evan­ge­li­zar co­mo us­te­des. Ellos al me­nos son más sin­ce­ros. Una cloa­ca la po­dés lle­gar a ver, la vi­da eter­na no. Y an­dá a re­cla­mar des­pués. ¿Van a ve­nir a re­co­no­cer­me que ven­dían mi­la- gros truchos, que los te­nían adoc­tri­na­dos, que les la­va­ron la ca­be­za, que no pen­sa­ban por sí mis­mos? Cla­ro que no. Por­que ya se­rán gran­des, usa­rán fo­rro, ha­brán de­ja­do de chu­par ve­las pa­ra re­cu­pe­rar cer­ve­zas y yo se­ré mi­llo­nes, de ce­ni­zas.

Si me das a ele­gir, pre­fie­ro car­gar con la cruz de Li­li­ta Ca­rrió. Que an­da a la ca­za de vo­tos y de al­gún se­ñor que se la pon­ga en la ur­na. La gor­da, cuan­do se ca­lien­ta, es di­ver­ti­da. Man­da en ca­na a cual­quie­ra. Us­te­des, lo­co, ni cuan­do can­tan a co­ro. Tie­nen me­nos on­da que el Pa­pa­ni­co­lau.

¿De qué fe me ha­blás, fla­co? ¿No leen los dia­rios, no mi­ran la te­le, no ven có­mo es­tá el mun­do? Te­rre­mo­tos, hu­ra­ca­nes, in­de­pen­den­cias, el pla­ne­ta hier­ve de in­dig­na­ción y mal­tra­to. Acá no se tra­ta de re­zar, de fe y pa­cien­cia, de fe y su­mi­sión, de es­pe­rar a ver si al­gún dios se apia­da. Hay que pe­dir por San­tia­go Mal­do­na­do, por Ju­lio Ló­pez y por to­dos los que fal­tan, su­fren y ne­ce­si­tan aho­ra. Hay que re­cla­mar la jus­ti­cia aho­ra. No la di­vi­na. La que co­rres­pon­de. La de los tri­bu­na­les. Sin esa, no hay na­da. An­dá a pe­dir­le al Ca­ba­llo Suárez, a los Mo­yano, a Ge­rar­do Mar­tí­nez, a Ca­va­lie­ri que re­sig­nen al­go, que cam­bien, que sean buenos en nom­bre del Se­ñor. Al “Ca­ní­bal” Fer­nán­dez que vo­mi­te y de­vuel­va los aho­rros y las es­pe­ran­zas de la gente. ¿A ima­gen y se­me­jan­za de quién es­tán he­chos esos ti­pos?

Los tres ca­llan. Po­nen ca­ra y oí­do de ex­per­tos “call-cen­ter” for­ma­tea­dos den­tro de con­fe­sio­na­rios. Uno de ellos me­te el bo­ca­di­llo: “Los ojos del Se­ñor es­tán so­bre los jus­tos, y sus oí­dos aten­tos a su cla­mor”, di­ce, es­ti­ra los la­bios, par­pa­dea. Un ges­to de bon­dad que cam­bia a te­rror cuan­do com­pren­de el efecto que cau­sa la pe­lo­tu­dez que aca­ba de de­cir. Es­pe­ra la peor, pe­ro no.

A ver, her­ma­nos. Ten­go los to­ma­tes al pla­to. No hi­ce la sal­sa, ni lim­pié, ni pre­pa­ré la me­sa tal co­mo me lo or­de­nó la ver­da­de­ra Se­ño­ra del Se­ñor, o sea mi mu­jer. Les ju­ro que me en­can­ta­ría es­tar ya en el reino de los cie­los. Pe­ro acá to­da­vía hay que ban­car­se a Cris­ti­na ha­cien­do de An­drea del Bo­ca, a Trump de Alec Bald­win, a Mes­si de Mar­tín Bos­si, mien­tras es­pe­ra­mos que Ma­ra­do­na vuel­va a ha­blar de co­rri­do. ¿Se en­tien­de?

Les pe­di­ría, si pue­den, si se ani­man, que les den es­te men­sa­je a sus san­tos pa­tro­nes. De­jen de cho­rear con los mis­te­rios, ex­pli­quen los que en­cu­brie­ron ba­jo la dic­ta­du­ra. Si son cris­tia­nos de ver­dad, de­nun­cien a los abu­sa­do­res de pi­bes, a los obis­pos y a los co­le­gios ban­ca­dos con la gui­ta pú­bli­ca, al Va­ti­cano, a los del Opus Dei, a to­dos los que viven de la fe aje­na. Us­te­des sa­ben más de lo que di­cen y pue­den dar más de lo que pi­den.

Con perdón. Lle­ga­ron los ra­vio­les.

CEDOC PERFIL

TES­TI­GOS DE JEHOVA. No son tiem­pos de es­pe­rar y con­fiar en dio­ses. Hay que ac­tuar.

Newspapers in Spanish

Newspapers from Argentina

© PressReader. All rights reserved.