Un día co­mún

Perfil (Sabado) - - ESCRITORES - RA­FAEL SPRE­GEL­BURD

La ma­ra­vi­lla de Kaf­ka pa­re­ce ser la al­te­ra­ción bru­tal de la nor­ma­li­dad, da­da con un gol­pe se­co e ini­cial, una frase ex­tra­or­di­na­ria. To­do lo que si­gue es la des­crip­ción por­me­no­ri­za­da de lo “co­mún”. Des­pués de ama­ne­cer con­ver­ti­do en una cu­ca­ra­cha o te­ner un bui­tre que nos de­vo­ra los pies, los acon­te­ci­mien­tos se en­ca­de­nan de ma­ne­ra ab­so­lu­ta­men­te nor­mal.

Yo no soy ca­paz de po­ner en pa­la­bras esa frase ini­cial pe­ro mis días se ani­man co­mo si los es­cri­bie­ra Kaf­ka.

Sal­go a la ve­re­da. Otra vez unas ve­ci­nas de­jan su ba­su­ra en mi ar­bo­li­to. Les da fia­ca lle­var­la al ta­cho a una cua­dra. Ya se acos­tum­bra­ron a que se las lle­ve­mos no­so­tros. ¿Qué ha­ré con esa ba­su­ra cuan­do fi­nal­men­te es­ta­lle?

Bol­sa en mano, veo que dos agen­tes mu­ni­ci­pa­les es­tán re­mo­vien­do el car­tel con el nom­bre de mi ca­lle y po­nien­do uno con un nom­bre nue­vo. El cam­bio ocu­rrió ha­ce dos años pe­ro re­cién aho­ra jun­ta­ron aga­llas pa­ra re­mo­zar el car­tel. Les pi­do ama­ble­men­te, yo en tie­rra, ellos arri­ba de una es­ca­le­ra, que den par­te a la Di­rec­ción de Trán­si­to pa­ra que a su vez avi­sen al Correo Ar­gen­tino. Mi car­te­ro ya me ex­pli­có que na­die in­for­mó del cam­bio de nom­bre y por en­de las car­tas con el nue­vo do­mi­ci­lio no nos lle­gan, ni tam­po­co en­víos de Mer­ca­do Li­bre u otras tri­qui­ñue­las. Los se­ño­res en la es­ca­le­ra me di­cen que no es su fun­ción. Les ex­pli­co que tam­po­co es es­tric­ta­men­te la mía, co­mo no lo es sa­car la ba­su­ra aje­na de mi puer­ta, y les ha­go no­tar que en la ve­re­da de en­fren­te, a cua­tro me­tros, per­sis­te el car­tel con el an­ti­guo nom­bre y que eso se po­dría pres­tar a con­fu­sio­nes en un país nor­mal. Me di­cen que la­men­ta­ble­men­te el car­tel de en­fren­te es muy vie­jo, es de­cir: es his­tó­ri­co. No lo pue­den re­mo­ver por­que es pa­tri­mo­nio de la Ciu­dad. Los aban­dono sin un buen día.

Mi li­cen­cia de con­duc­tor ven­ce en no­viem­bre. Pi­do turno pa­ra re­no­var­la, por­que ten­go que via­jar en oc­tu­bre y de­bo al­qui­lar un auto en In­gla­te­rra y tra­mi­tar mi re­gis­tro in­ter­na­cio­nal. Pe­ro la pá­gi­na web se anu­da en un koan: la pri­me­ra re­no­va­ción só­lo se pue­de ha­cer des­pués del ven­ci­mien­to y no an­tes. Lla­mo al 147 pa­ra se­ña­lar un po­si­ble error: me es­ta­rían obli­gan­do a que­dar unos días en in­frac­ción y sin li­cen­cia. Me ex­pli­can que no es nin­gu­na in­frac­ción te­ner el re­gis­tro ven­ci­do, so­lo lo es con­du­cir. Les ex­pli­co que lo que ne­ce­si­to es con­du­cir, que lo que me gus­ta es con­du­cir, que por ello es­toy que­rien­do pa­gar un turno y tres ve­ri­fi­ca­cio­nes pa­ra que me de­jen ha­cer­lo. No se va a po­der. ¿Y el auto de al­qui­ler? Tam­po­co. Pe­ro, si quie­ro, me pue­do ir a in­quie­tar a la Di­rec­ción de Trán­si­to, por­que ad­mi­ten que efec­ti­va­men­te les he se­ña­la­do una má­cu­la en su sis­te­ma, un des­liz, una ta­ri­ta. ¿Por qué la pri­me­ra re­no­va­ción no se pue­de ha­cer an­tes pe­ro la se­gun­da o la ter­ce­ra sí, y de he­cho es muy con­ve­nien­te ha­cer­la así? Mis­te­rio. Si­len­cio. Me de­ri­van a una en­cues­ta de ca­li­dad, que no res­pon­do por pie­dad, y por­que el te­cla­do no trae el nú­me­ro que quie­ro.

Si­go. Aho­ra mi hi­ji­ta: ten­go que pe­dir un ap­to mé­di­co por­que es­tu­vo en­fer­ma y fal­tó al jar­dín. Su pe­dia­tra es­tá de va­ca­cio­nes y hay que evi­tar las guar­dias por­que es­tán lle­nas y las ron­da ese es­trep­to­co­co. Lla­mo al mé­di­co a do­mi­ci­lio, co­mo hi­ce ha­ce dos días; ape­lo al mis­mo ter­ce­ri­za­do, cuar­te­ri­za­do, quin­ti­za­do que se ofre­cía a dar­me el ap­to si ella hu­bie­se es­ta­do bien. Me pre­gun­tan qué sín­to­mas tie­ne. Nin­guno, les di­go: ya pue­de ir al jar­dín. En­ton­ces no le pue­do man­dar nin­gún mé­di­co, me di­cen. ¿Y si es­tu­vie­ra en­fer­ma? Ahí sí, pe­ro no le da­ría el ap­to. Cam­bié de idea, les di­go, es­tá muy, muy en­fer­mi­ta. Ya no me creen. ¿Qué sín­to­mas? Ama­ne­ció con­ver­ti­da en un in­sec­to. Co­mo to­dos.

En es­te or­den de co­sas me en­te­ro de que íba­mos a pa­gar re­tro­ac­ti­va­men­te las pér­di­das de Me­tro­gas pro­du­ci­das por el au­men­to del dó­lar. En un día co­mo hoy, he­cho por Kaf­ka, me pa­re­ce lo más ló­gi­co. Lo bueno es que si va­mos a par­ti­ci­par de las pér­di­das de la em­pre­sa es muy pro­ba­ble que tam­bién nos ha­gan par­ti­ci­par de sus ga­nan­cias, así que la no­ti­cia no de­ja de ser una muy bue­na no­ti­cia, una avan­za­da so­cia­lis­ta en el mo­men­to me­nos es­pe­ra­do. Un acon­te­ci­mien­to que es con­de­na­do por los edi­to­ria­les de La Na­ción no pue­de no ser bueno, me di­go.

Error: Kaf­ka no se hu­bie­ra per­mi­ti­do la iro­nía. Pe­ro acá es así.

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