Un sue­ño he­cho reali­dad: el Hue­vo Acu­ña es de se­lec­ción

Mar­cos Acu­ña es el pri­mer ju­ga­dor re­gio­nal en lle­gar a un mun­dial de ma­yo­res. El per­fil ba­jo es su prin­ci­pal ca­rac­te­rís­ti­ca.

Río Negro - Especiales - - Portada - RE­DAC­CIÓN CEN­TRAL

En tiem­pos don­de el fút­bol ab­sor­bió la ne­ce­si­dad dia­ria de la apa­ren­tar por so­bre la esen­cia, Mar­cos Acu­ña ga­nó la ba­ta­lla. El Hue­vo hi­zo los mé­ri­tos pa­ra es­tar en el mun­dial ex­clu­si­va­men­te aden­tro de la can­cha. No ne­ce­si­to de lobby me­diá­ti­co pa­ra ser el pri­mer neu­quino en dispu­tar una Co­pa del Mun­do de ma­yo­res.

Se po­dría aven­tu­rar, in­clu­so, que su fal­ta de ex­po­si­ción pú­bli­ca lo pu­so en du­das ho­ras an­tes de que se co­no­cie­ra la lis­ta de 23.

La ba­ta­lla de la que sa­le triun­fal no es una que el zur­do ha­ya ele­gi­do com­ba­tir. Ni si­quie­ra le in­tere­só la vic­to­ria en el te­rreno de los me­dios. Sin dar no­tas, sin ha­cer de­cla­ra­cio­nes rui­do­sas, le­jos de los flas­hes, Acu­ña es uno de los in­te­gran­tes del plan­tel ar­gen­tino a fuer­za de fút­bol. Su ver­sa­ti­li­dad ex­pli­ca des­de lo fut­bo­lís­ti­co las ra­zo­nes por las que el en­tre­na­dor lo tu­vo siem­pre en cuen­ta. Lle­gó con Ed­gar­do Bau­za al com­bi­na­do na­cio­nal, pe­ro Sam­pao­li le dio aun más pro­ta­go­nis­mo.

Si bien, por ca­rac­te­rís­ti­cas, es el vo­lan­te por iz­quier­da con ida y vuel­ta por ex­ce­len­cia que tie­ne el plan­tel, Acu­ña ju­gó de la­te­ral iz­quier­do en el co­te­jo de­ci­si­vo con­tra Ecua­dor y lo hi­zo en bue­na for­ma.

Pe­ro es el ca­mino lo que re­fuer­za el re­sul­ta­do pa­ra el Hue­vo. Ha­bi­li­dad, ve­lo­ci­dad, bue­na pe­ga­da, son al­gu­nas de las vir­tu­des que en Za­pa­la le vie­ron de chi­qui­to. Pri­me­ro ju­gan­do en el po­tre­ro y lue­go sien­do par­te de las in­fe­rio­res de Don Bos­co. A los 17 ju­gó su pri­mer par­ti­do en la pri­me­ra de Li­fu­ne, don­de no du­ró mu­cho. El sal­to a Fe­rro Ca­rril Oes­te en 2011 fue cla­ve pa­ra su ca­rre­ra.

La hu­mil­dad siem­pre des­ta­có su par­te hu­ma­na. Los ami­gos de la ciu­dad lo men­cio­nan co­mo una per­so­na sim­ple, sin vuel­tas. Eso ex­pli­ca la rá­pi­da adap­ta­ción que tu­vo a los dis­tin­tos gru­pos que in­te­gró. En Fe­rro lle­gó a ser ca­pi­tán a tem­pra­na edad y des­de pri­me­ra di­vi­sión po­sa­ron los ojos rá­pi­da­men­te so­bre él. Ocu­pó un lu­gar fun­da­men­tal en el Ra­cing cam­peón y, jun­to a Bou y Mi­li­to, se trans­for­mó en uno de los me­jo­res va­lo­res de la cam­pa­ña de Die­go Coc­ca.

Ese ni­vel lo ca­ta­pul­tó al fút­bol eu­ro­peo. Spor­ting Lis­boa lo uti­li­zó en la ma­yo­ría de los en­cuen­tros de la tem­po­ra­da co­mo ti­tu­lar.

El Mun­dial pue­de ser un em­pu­jó im­por­tan­te pa­ra sal­tar a una li­gar su­pe­rior, pe­ro lo cier­to es que Neu­quén y la Pa­ta­go­nia tie­nen un em­ba­ja­dor que re­pre­sen­ta es­tas tie­rras con ca­da pa­so que da. Des­de su for­ma de vivir y de ju­gar, Acu­ña es uno de los nues­tros a la vis­ta del mun­do.

Acu­ña usa­rá la ca­sa­ca nú­me­ro 8 en Ru­sia. Pue­de ju­gar en va­rios pues­tos, una vir­tud im­por­tan­te pa­ra Sam­pao­li.

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