“Cuan­do no se pue­de tra­ba­jar, co­mien­zan a emer­ger las en­fer­me­da­des so­cia­les”

Juan Gra­bois, abogado

Río Negro - Pulso - - Entrevista - DIE­GO PENIZZOTTO die­go­pe­niz­zot­to@rio­ne­gro.com.ar CORRESPONSALÍA CI­PO­LLET­TI

Fun­da­dor de la Con­fe­de­ra­ción de Trabajadores de la Eco­no­mía Po­pu­lar, de fuer­te arrai­go en la igle­sia ca­tó­li­ca y cer­cano al pa­pa Fran­cis­co, Juan Gra­bois es uno de los más im­por­tan­tes re­fe­ren­tes so­cia­les a ni­vel na­cio­nal, y su ta­rea co­bra un va­lor pre­emi­nen­te en me­dio de la cri­sis. En diálogo con “Pul­so”, com­par­tió sus sen­sa­cio­nes res­pec­to a la eco­no­mía y la ges­tión de go­bierno.

PRE­GUN­TA-

¿Que per­cep­ción tie­ne del mo­men­to eco­nó­mi­co social que vi­ve el país?

RES­PUES­TA-

Es­ta­mos en un mo­men­to muy di­fí­cil. La po­bre­za ha au­men­ta­do mu­chí­si­mo. Es­ti­ma­mos que los indicadores se­rán peo­res a los de la post cri­sis de 2001. Y se ob­ser­va una enor­me caí­da del tra­ba­jo asa­la­ria­do re­gis­tra­do, so­bre to­do en los sec­to­res pro­duc­ti­vos, que ge­ne­ran em­pleo de ca­li­dad y me­jo­res in­gre­sos. Eso im­pac­ta so­bre los trabajadores de la eco­no­mía po­pu­lar. Los ven­de­do­res am­bu­lan­tes son un ejem­plo. Has­ta ha­ce po­co, su ma­yor pro­ble­ma eran los per­mi­sos o la vio­len­cia po­li­cial. Hoy en cam­bio, la ma­yor di­fi­cul­tad es que no ven­den. Con los re­ci­cla­do­res, su­ce­de que los pre­cios no han caí­do, por­que es­tán do­la­ri­za­dos, pe­ro hay una gran mer­ma en la can­ti­dad. Al ha­ber me­nos con­su­mo, la gen­te ti­ra me­nos en­va­ses.

P- ¿Có­mo sub­sis­ten esos sec­to­res en es­te es­ce­na­rio?

R- La si­tua­ción ac­tual no es so­lo un pro­ble­ma de in­gre­sos. El sis­te­ma de in­clu­sión social con­fi­gu­ra­do du­ran­te la úl­ti­ma dé­ca­da, bá­si­ca­men­te con dos ins­tru­men­tos, la Asig­na­ción Uni­ver­sal por Hi­jo (AUH) y las mo­ra­to­rias ju­bi­la­to­rias, ha­ce que el 75% de los ho­ga­res po­bres en Ar­gen­ti­na, re­ci­ba al­gún ti­po de trans­fe­ren­cia. Ello per­mi­te que en el mo- men­to en que se cae la chan­ga o la ven­ta, ha­ya un in­gre­so mí­ni­mo. A ello se su­ma el tra­ba­jo ca­pi­lar de los mo­vi­mien­tos so­cia­les y las igle­sias.

P- ¿Hay un in­cre­men­to del tra­ba­jo in­for­mal por la caí­da del tra­ba­jo re­gis­tra­do?

R- Hay un pro­ce­so de ex­pul­sión del mer­ca­do laboral que se vie­ne re­gis­tran­do des­de el ini­cio de la ges­tión de go­bierno. Aho­ra se agre­ga el he­cho de que las chan­gas no ge­ne­ran in­gre­so. Se pro­du­ce una es­pe­cie de com­pe­ten­cia in­tra eco­no­mía po­pu­lar. Don­de ha­bía un ven­de­dor am­bu­lan­te aho­ra hay tres. O en la cua­dra don­de ha­bía un car­to­ne­ro, aho­ra hay dos. Eso pro­du­ce si­tua­cio­nes de ma­les­tar y vio­len­cia, que so­lo son mi­ti­ga­das por la exis­ten­cia del in­gre­so mí­ni­mo social.

P- ¿Ve un es­ce­na­rio de cri­sis si­mi­lar al de 2001?

R- No avi­so­ro un am­bien­te de es­ta­lli­do, al me­nos en las zo­nas que yo co­noz­co. Por­que no hay esos ni­ve­les de de­ses­pe­ra­ción que ha­bía an­tes. Pe­ro sí hay un de­te­rio­ro si­len­cio­so y no por ello me­nos da­ñino, de la ca­li­dad de vi­da y de la cohe­sión social. Cuan­do se pier­de la ca­pa­ci­dad de ga­nar el pan tra­ba­jan­do, to­das las en­fer­me­da­des so­cia­les co­mien­zan a emer­ger. Dro­ga, al­coho­lis­mo, de­pre­sión, sui­ci­dios. To­do eso se es­tá pro­fun­di­zan­do, y ello genera vio­len­cia de to­do ti­po.

P- ¿Cree que la si­tua­ción pue­de me­jo­rar en el corto pla­zo?

R- No hay pers­pec­ti­vas de que así sea. De he­cho ni el pro­pio go­bierno es­pe­ra que la si­tua­ción eco­nó­mi­ca me­jo­re en lo in­me­dia­to.

P- ¿Qué lu­gar ocu­pan los mo­vi­mien­tos so­cia­les?

R- No­so­tros cree­mos que los mo­vi­mien­tos so­cia­les no son pa­ra con­te­ner, son pa­ra trans­for­mar la reali­dad. Cual­quier or­ga­ni­za­ción co­mu­ni­ta­ria genera con­ten­ción. Pe­ro lo nues­tro no es con­te­ner en una si­tua­ción de mi­se­ria, sino. Por eso bus­ca­mos que la bron­ca se trans­for­me en or­ga­ni­za­ción y en pro­tes­ta, y que eso de­ri­ve en pro­pues­tas con­cre­tas que pro­duz­can trans­for­ma­ción. La­men­ta­ble­men­te, los ca­na­les de diálogo que man­te­nía­mos abier­tos con el go­bierno, ha­ce un par de me­ses se han cor­ta­do.

P- ¿Qué pro­pues­ta con­cre­ta han ge­ne­ra­do en ese ám­bi­to?

R- Un ejem­plo cla­ro es que lo­gra­mos por una­ni­mi­dad una ley pa­ra la in­te­gra­ción urbana de to­das las vi­llas y asen­ta­mien­tos del país, que de­bie­ra te­ner un pre­su­pues­to a fin de ur­ba­ni­zar al me­nos un por­cen­ta­je mí­ni­mo el año que vie­ne, y en el Pre­su­pues­to 2019 no hay na­da. Por ello nos to­ca ju­gar un rol de crí­ti­ca fuer­te.

P- El go­bierno plan­tea que in­cre­men­tó el gas­to social...

R- Au­men­tó un 32% en tér­mi­nos no­mi­na­les, pe­ro ca­yó un 2% en tér­mi­nos reales. A eso hay que ma­ti­zar­lo con que la can­ti­dad de gen­te en si­tua­ción de vul­ne­ra­bi­li­dad en­tre la que se re­par­te ese pre­su­pues­to, au­men­tó un 20%. Es de­cir que en tér­mi­nos re­la­ti­vos, el pre­su­pues­to dis­mi­nu­yó.

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