“Voz Allen­se”, el dia­rio que es­cri­bió la his­to­ria de un pue­blo

Na­ció en 1933 e im­pri­mía unos 300 ejem­pla­res. Lo fun­dó el uru­gua­yo Ig­na­cio Tort Ori­be. Uno de sus sie­te hi­jos, que aún vi­ve en la ciu­dad, re­cons­tru­ye es­ta apa­sio­nan­te aven­tu­ra.

Río Negro - - Sociedad - BENJAMIN RIOS ben­ja­min­rios@rio­ne­gro.com.ar Allen

La má­qui­na con la que se im­pri­mía

Al prin­ci­pio te­nía dos em­plea­dos ti­pó­gra­fos pe­ro lue­go pa­só a ser un em­pren­di­mien­to ex­clu­si­va­men­te fa­mi­liar.

Allen es una ciu­dad con his­to­ria y par­te de ella se es­cri­bió en las pá­gi­nas de uno de sus pri­me­ros pe­rió­di­cos, “Voz Allen­se”. En el año 1933 el mar­ti­lle­ro Ig­na­cio Tort Ori­be vio que era ne­ce­sa­ria una pu­bli­ca­ción para in­for­mar los even­tos más im­por­tan­tes de la co­mu­ni­dad y para que la gen­te ex­pre­se su opi­nión, por lo que de­ci­dió abrir un dia­rio.

Tort era uru­gua­yo y ha­bía lle­ga­do a Allen en 1918. En el va­lle se ca­só con Pal­me­ña Gua­jar­do en 1925 y tu­vo sie­te hi­jos. Al po­co tiem­po, fun­dó el se­ma­na­rio “Voz Allen­se” y le­van­tó su pro­pia im­pren­ta.

Ig­na­cio Ju­lio o Don Ju­lio co­mo lo lla­man, tie­ne 85 años y es uno de los sie­te hi­jos de Tort. En su ca­sa re­cor­dó con nos­tal­gia aquel dia­rio que su pa­dre di­ri­gía, es­cri­bía y tam­bién im­pri­mía.

“Mi pa­dre era re­ma­ta­dor. Ha­cia ne­go­cios in­mo­bi­lia­rios, apar- te era una de las po­cas per­so­nas que te­nía una má­qui­na de es­cri­bir en ese tiem­po. Co­no­cía bas­tan­te de le­yes y si­tua­cio­nes co­mer­cia­les y la gen­te le pe­día que los ase­so­ra­ra”, de­ta­lló Don Ju­lio.

Asu­mió, de to­dos mo­dos, que no fue el pri­mer pe­rió­di­co, ya que an­tes fun­cio­nó por unos años, “El Regional”.

El pe­rió­di­co “Voz Allen­se" edi­ta­ba unos 300 ejem­pla­res, un nú- me­ro im­por­tan­te para la es­ca­sa po­bla­ción de la épo­ca. Al prin­ci­pio te­nía dos em­plea­dos ti­pó­gra­fos pe­ro lue­go pa­só a ser un em­pren­di­mien­to ex­clu­si­va­men­te fa­mi­liar.

Ju­lio re­cor­dó que su pa­dre era el prin­ci­pal re­dac­tor y el en­car­ga­do de con­se­guir la pu­bli­ci­dad, su ma­dre se ocu­pa­ba de la com­po­si­ción de los tex­tos y su her­mano ma­yor, ha­cía los ti­tu­la­res y la im­pre­sión. Las no­ti­cias na­cio­na­les se trans­cri­bían de las agen­cias de Bue­nos Ai­res y lle­ga­ban a tra­vés del co­rreo.

La má­qui­na con la que se im­pri­mía era una Mi­ner­va Sa­ro­glia. Se aco­mo­da­ba le­tra por le­tra y se po­nía la ra­ma con to­da la pá­gi­na y des­pués se im­pri­mía. La ca­pa­ci­dad era 800 ho­jas por ho­ra y ca­da ejem­plar te­nía tres ho­jas. To­do el tra­ba­jo se ha­cía de lu­nes a jue­ves para que el vier­nes sa­lie­ra a las ca­lles y se ven­día a un pe­so de la épo­ca.

Don Ju­lio al igual que su pa­dre es un per­so­na­je muy im­por­tan­te en la ciu­dad. En 1961 se hi­zo car­go

Don Ju­lio se hi­zo car­go de la im­pren­ta cuan­do te­nía 24 años y el dia­rio ha­bía de­ja­do de fun­cio­nar.

Ig­na­cio Tort Ori­be era re­ma­ta­dor y uno de los po­cos que te­nía má­qui­na de es­cri­bir en el pue­blo.

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