El chi de las mas­co­tas

TAO - Tomo I - - Convivencia -

Los ani­ma­les trans­mi­ten una ener­gía es­pe­cial y po­si­ti­va en el ho­gar y en con­se­cuen­cia a los que ha­bi­tan en él. Con su so­la pre­sen­cia las mas­co­tas son ca­pa­ces de po­der equi­li­brar el chí y me­jo­ra­ren gran for­ma la sa­lud de quie­nes con­vi­ven to­dos los días con ellos. Pe­ro pa­ra la elec­ción del com­pa­ñe­ro ideal hay que te­ner muy en cuen­ta al­gu­nos as­pec­tos que van des­de los es­pa­cios dis­po­ni­bles has­ta la edad y la per­so­na­li­dad de los ha­bi­tan­tes de la ca­sa. Veá­mos­lo en de­ta­lle.

Pe­rro

En chi­na tam­bién se lo co­no­ce co­mo dra­gón de tie­rra. Su ener­gía es Yang, ca­rac­te­rís­ti­ca que lo ha­ce más ac­ti­vo y ju­gue­tón apor­tan­do mu­cha ale­gría a las per­so­nas que con­vi­van con él.Su lu­gar en el zo­día­co chino está ubi­ca­do en la puer­ta del cie­lo (de 19 a 21 ho­ras) por­que es el mo­men­to en que ba­ja el sol y el cie­lo to­ma con­tac­to con la tie­rra. Coin­ci­de con el me­ri­diano del pe­ri­car­dio, ten­ga­mos en cuen­ta que és­te es el men­sa­je­ro de em­pe­ra­dor (co­ra­zón) y es el que le trans­por­ta ale­gría, jus­ta­men­te lo que le apor­ta el pe­rro a su due­ño. Se po­dría de­cir que es un ser más emo­cio­nal.

Más allá de sus ani­ma­les

sa­gra­dos, la cul­tu­ra chi­na tam­bién re­co­no­ce

la in­fluen­cia de los ani­ma­les

do­més­ti­cos pa­ra el bie­nes­tar de las per­so­nas. Có­mo ele­gir al com­pa­ñe­ro ideal

Ga­to

En los fe­li­nos pre­va­le­ce la ener­gía Yin, por lo cual trans­mi­ten mu­cha tran­qui­li­dad y equi­li­brio a sus res­pec­ti­vos due­ños. Se po­dría de­cir que la ener­gía de los ga­tos es cu­ra­ti­va, por­que tie­nen la ca­pa­ci­dad de ab­sor­ber la ne­ga­ti­va y lo­grar trans­for­mar­la.

Por ejem­plo, cuan­do las per­so­nas con las que con­vi­ven sien­ten al­gún do­lor fí­si­co, lo más pro­ba­ble es que se po­sen en la zo­na afec­ta­da, trans­mi­tien­do la bue­na ener­gía y cal­man­do el do­lor.

Es­te ani­mal es ideal pa­ra las per­so­nas ma­yo­res por

su de­li­ca­de­za y pa­ra aque­llas que vi­ven so­las, se sien­ten al­go de­pri­mi­das o me­lan­có­li­cas por­que es un com­pa­ñe­ro in­con­di­cio­nal.

Co­mo per­te­ne­cen a la fa­mi­lia de los fe­li­nos, los ga­tos tie­nen afi­ni­dad con el ti­gre, que en el zo­día­co chino coin­ci­de su ubi­ca­ción con el me­ri­diano de pul­món (de 3:00 a 5:00 ho­ras). Cuan­do es­te ór­gano no está sano, pro­du­ce tris­te­za y la mas­co­ta es la en­car­ga­da de con­tra­rres­tar es­ta ma­la ener­gía.

Pe­rro o ga­to: ¿cuál es me­jor?

Co­mo di­ji­mos, el pe­rro tie­ne ener­gía Yang y el ga­to Yin y pa­ra lo­grar el equi­li­brio ener­gé­ti­co es ne­ce­sa­rio que es­tas dos fun­cio­nen al mis­mo ni­vel.

En­ton­ces, la me­jor elec­ción se­rá te­ner­los a los dos vi­vien­do en ca­sa. Y cla­ro que es­to no siem­pre es po­si­ble. Por eso hay que te­ner en cuen­ta al­gu­nos aes­pec­tos, a sa­ber:

Si en la ca­sa hay ni­ños, es me­jor te­ner un pe­rro, ya que los chi­cos es­tán en pleno desa­rro­llo y po­seen mu­cho Yang, por lo cual ne­ce­si­tan jue­gos que im­pli­quen mu­cho mo­vi­mien­to fí­si­co.

Es su com­pa­ñe­ro ideal.

Si los ha­bi­tan­tes de la ca­sa son per­so­nas ma­yo­res, sin du­das ne­ce­si­tan la tran­qui­li­dad del ga­to.

Si lo que se bus­ca es un pe­rro guar­dián de la ca­sa, sin du­da hay que ele­gir una hem­bra.

Si el ob­je­ti­vo es una mas­co­ta que jue­gue más y re­vo­lu­cio­ne con su ale­gría, op­tar por un pe­rro ma­cho.

En el ca­so de los ga­tos, el ma­cho es más dó­cil y la hem­bra más do­mi­nan­te.

Pá­ja­ros

Si bien hoy en día no es muy co­mún te­ner­los en ca­sa, el can­to de las aves es es­ti­mu­lan­te pa­ra los sen­ti­dos y los ór­ga­nos, co­mo el ba­zo. El ba­zo tie­ne co­mo fun­ción al­ma­ce­nar los nu­trien­tes y es­tar en con­tac­to con la men­te. Al ser es­ti­mu­la­do por el so­ni­do ce­les­tial de, por ejem­plo, un ca­na­rio se lo­gra lle­var la ima­gi­na­ción a su má­xi­ma po­ten­cia.

Tor­tu­ga

Aun­que no lo pa­rez­ca, la tor­tu­ga es un ani­mal muy in­te­li­gen­te y, pe­se a que la creen­cia po­pu­lar lo se­ña­la co­mo por­ta­dor de ma­la on­da, en Chi­na es muy res­pe­ta­do.

Se­gún la cul­tu­ra orien­tal, Fu Xi, el em­pe­ra­dor del cie­lo, se ins­pi­ró jus­ta­men­te en el di­se­ño del ca­pa­ra­zón de una enor­me tor­tu­ga que sa­lió de río pa­ra di­bu­jar los tri­gra­mas del Ba Gua (I Ching). Tam­bién sim­bo­li­zan la lon­ge­vi­dad, ya que es­te rep­til pue­de vi­vir más de 100 años.

Es ideal pa­ra te­ner­la en el jar­dín por­que apor­ta una ener­gía muy po­si­ti­va.

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