PANGU, NUWA Y FUXI

TAO - Tomo I - - Mitología -

En to­das las cul­tu­ras exis­ten mi­tos con res­pec­to a la crea­ción del uni­ver­so; Chi­na tam­bién tie­ne los su­yos y, des­de lue­go, en dis­tin­tas ver­sio­nes que a ve­ces se com­ple­men­tan y con­fun­den.

Una de ellas cuen­ta que al co­mien­zo de la vi­da só­lo ha­bía un caos sin for­ma del que sur­gió un hue­vo, cuan­do las fuer­zas

Yin y Yang es­ta­ban equi­li­bra­das en él, Pangu sa­lió del hue­vo y to­mó la ta­rea de crear el mun­do.

Pri­me­ro di­vi­dió el

Yin y el Yang con su ha­cha; el Yin, pe­sa­do, se hun­dió pa­ra for­mar la tie­rra, el Yang se ele­vó pa­ra for­mar los cie­los. Pangu per­ma­ne­ció en­tre am­bos ele­van­do el cie­lo du­ran­te 18.000 años, tras los cua­les des­can­só.

De su res­pi­ra­ción sur­gió el vien­to, de su voz el trueno, del ojo iz­quier­do el sol y del de­re­cho la lu­na. Su cuer­po se trans­for­mó en las mon­ta­ñas, su san­gre en los ríos, sus múscu­los en tie­rras fér­ti­les, el ve­llo de su ca­ra en las es­tre­llas y la Vía Lác­tea. Su pe­lo dio ori­gen a los bos­ques, sus hue­sos a los mi­ne­ra­les de va­lor, la mé­du­la a los dia­man­tes sa­gra­dos. Su su­dor ca­yó en for­ma de llu­via y las pe­que- ñas cria­tu­ras que po­bla­ban su in­men­so cuer­po (pul­gas, pio­jos, etc.), des­pa­rra­ma­das por el vien­to, se con­vir­tie­ron

en los se­res hu­ma­nos.

La otra teo­ría

Si bien la le­yen­da de Pangu es am­plia­men­te acep­ta­da co­mo la que dio ori­gen al Uni­ver­so, el mi­to de Nü­wa y su es­po­so (y her­mano) Fuxi, el pri­me­ro de Los Tres Augustos, es el más re­co­no­ci­do en la mi­to­lo­gía chi­na co­mo la gé­ne­sis del gé­ne­ro hu­mano.

Su re­pre­sen­ta­ción fí­si­ca es muy pe­cu­liar: la par­te su­pe­rior de su cuer­po es una fi­gu­ra hu­ma­na y la par­te in­fe­rior tie­ne for­ma de ser­pien­te. Su­pues­ta­men­te, con esa co­la ser­pen­tea­da ta­lla­ron los ríos del mun­do y lo­gra­ron en­cau­sar las aguas pa­ra evi­tar las inun­da­cio­nes.

Ella sos­tie­ne un com­pás con la mano y él una es­cua­dra. Es­tos dos ele­men­tos han sim­bo­li­za­do en Orien­te los ins­tru­men­tos que re­pre­sen­tan a la crea­ción. El com­pás (di­bu­ja círcu­los), re­pre­sen­ta al cie­lo (Yin) y la es­cua­dra a la tie­rra (Yang), en es­te di­bu­jo Yin do­mi­na a Yang.

Los es­pe­cia­lis­tas en mi­to­lo­gía chi­na sos­tie­nen que el com­pás de­be­ría es­tar en la mano de Fuxi y la es­cua­dra en la de Nuwa, pe­ro en reali­dad lo que quie­re re­pre­sen­tar­se es la al­ter­nan­cia del Yin y Yang, mas­cu­lino-fe­me­nino, po­si­ti­vo-ne­ga­ti­vo, día-no­che, la do­mi­na­ción de Yin so­bre Yang y vi­ce­ver­sa.

Por otra par­te, am­bas fi­gu­ras ser­pen­tea­das se en­tre­la­zan en­tre sí for-

man­do una es­pe­cie de es­pi­ral. Es­to fue in­ter­pre­ta­do co­mo un gi­ro eterno y as­cen­den­te a ni­ve­les su­pe­rio­res. Ac­tual­men­te se cree que po­dría es­tar re­la­cio­na­do con la re­pre­sen­ta­ción grá­fi­ca de la ca­de­na del ADN.

Los ani­ma­les y el ar­co iris

Nü­wa, fue quien re­pa­ró el cie­lo da­ña­do con sie­te pie­dras de co­lo­res pa­ra evi­tar las gran­des inun­da­cio­nes.

Se di­ce que al ser atra­ve­sa­das por la luz, na­ció el ar­co iris.

El mi­to cuen­ta que ella se sen­tía muy so­la, y de­ci­dió crear a los se­res que ha­bi­ta­rían la tie­rra.

Co­men­zó crean­do ani­ma­les, por eso el pri­mer día creó al ga­llo; el se­gun­do día al pe­rro; el ter­ce­ro, a la ove­ja; el cuar­to, al cer­do; el quin­to, a la va­ca; el sex­to, al ca­ba­llo y por úl­ti­mo el sép­ti­mo día co­men­zó a mol­dear a los se­res hu­ma­nos usan­do ar­ci­lla ama­ri­lla y dán­do­les vi­da pos­te­rior­men­te so­plan­do su alien­to so­bre ellos.

A Fuxi es a quien se le atri­bu­ye la in­ven­ción de la es­cri­tu­ra, la pes­ca, la ca­za y los tra­ba­jos ru­ra­les.

Por otra par­te, fue el des­cu­bri­dor de los Ocho Tri­gra­mas o Ba­gua que, se­gún el mi­to, le fue­ron re­ve­la­dos al ver los di­bu­jos que te­nía en su ca­pa­ra­zón una tor­tu­ga gi­gan­te que sa­lía del agua.

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