El ca­be­llo de la em­pe­ra­triz

TAO - Tomo III - - Alimentación -

Cuen­ta la his­to­ria que en la di­nas­tía Tang exis­tió una em­pe­ra­triz de sor­pren­den­te be­lle­za, pe­ro lo que más asom­bro cau­sa­ba no era su piel de por­ce­la­na sino el co­lor, la fir­me­za y lo se­do­so de su pe­lo, que le da­ba un mar­co in­me­jo­ra­ble al ros­tro. Cuan­do le pre­gun­ta­ban, ella de­cía que lo en­jua­ga­ba con una lo­ción se­cre­ta cu­ya fórmula se lle­vó a la tum­ba. “Pe­ro hoy sa­be­mos que esa lo­ción má­gi­ca era so­lo un po­co de vinagre, ase­gu­ra el maes­tro Liu Ming. El pro­ce­di­mien­to es el si­guien­te: una vez por se­ma­na em­be­ber el ca­be­llo lim­pio con vinagre y en­vol­ver­lo con una toa­lla, de­jar ac­tuar unas ho­ras y en­jua­gar con agua ti­bia. Se tor­na­rá más fuer­te y el co­lor se acen­tua­ra, re­tra­san­do la apa­ri­ción de las ca­nas”.

Otra apli­ca­ción del vinagre tie­ne que ver con el año nue­vo. Los chi­nos pre­pa­ran con an­ti­ci­pa­ción una gran va­rie­dad de pla­tos pa­ra los 15 días de fes­te­jos. Y los ajos en vinagre son in­fal­ta­bles. El 8 de di­ciem­bre co­lo­can en un fras­co de vi­drio con ta­pa los dien­tes de ajo pe­la­dos y los cu­bren con vinagre; se ta­pan muy bien y se al­ma­ce­nan en un lu­gar os­cu­ro y fres­co has­ta el día de año nue­vo (que se­rá en­tre la úl­ti­ma lu­na de enero y la pri­me­ra de fe­bre­ro).

En las fies­tas se con­su­men pla­tos sa­bro­sos que abren el or­ga­nis­mo, lo cual ge­ne­ra una pér­di­da de ener­gía que se evi­ta in­gi­rien­do es­te sen­ci­llo en­cur­ti­do.

Lo ideal es desa­yu­nar 7 dien­tes de ajo y, si se desea, to­mar el vinagre du­ran­te 7 días (el sie­te es el nú­me­ro del cam­bio). No só­lo me­jo­ra el sis­te­ma car­dio­vas­cu­lar, sino que tam­bién pre­vie­ne del cán­cer.

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