CO­LOR ES­PE­RAN­ZA

La elec­ción de los to­nos de ca­da am­bien­te tam­bién jue­ga un rol fun­da­men­tal en la ar­mo­ni­za­ción de los es­pa­cios pa­ra me­jo­rar nues­tra ca­li­dad de vi­da. Cuá­les son los más ade­cua­dos pa­ra ca­da ám­bi­to y có­mo in­flu­yen los co­lo­res de los ali­men­tos so­bre la sa­lud.

TAO - Tomo IV - - Feng Shui -

La elec­ción de los co­lo­res del ex­te­rior de una vi­vien­da o de un am­bien­te es­tá re­gi­da por el gus­to, la mo­da o una com­bi­na­ción de am­bas y, en ge­ne­ral, no me­re­ce ma­yo­res con­si­de­ra­cio­nes más allá de ha­cer­nos sen­tir a gus­to. Pe­ro cuan­do pre­ten­de­mos que el lu­gar don­de pa­sa­mos gran par­te de nues­tro tiem­po es­té ade­más en ar­mo­nía con nues­tra ener­gía pa­ra ase­gu­rar­nos el bie­nes­tar, en­ton­ces sí de­be­mos pres­tar aten­ción a las re­glas del Feng Shui. En pri­mer lu­gar de­be­mos re­cor­dar que los co­lo­res es­tán muy li­ga­dos a los cin­co ele­men­tos, Agua, Ma­de­ra, Fue­go, Me­tal y Tie­rra, que a su vez se re­la­cio­nan con un ór­gano, un ti­po de ener­gía y una emo­ción.

“La me­di­ta­ción es un buen ca­mino pa­ra `ver´ la ener­gía de los co­lo­res. Cuan­do me­di­ta­mos ob­ser­va­mos los sie­te co­lo­res de la luz in­ter­na y en la unión de ellos lo­gra­mos la ar­mo­nía del cuer­po-men­te”, ex­pli­ca el maes­tro Liu Ming.

To­nos, ór­ga­nos y emo­cio­nes

Los sie­te co­lo­res de la luz in­ter­na (en to­das sus ga­mas), re­fle­jan el Chi de los ór­ga­nos, de los me­ri­dia­nos y del pe­ri­car­dio. Si apli­ca­mos al­guno por ejem­plo en las pa­re­des de un am­bien­te, se es­ta­rá es­ti­mu­lan­do el fun­cio­na­mien­to de aquel que es­té re­la­cio­na­do con ese tono.

“El co­lor ro­jo (chi), por ejem­plo, es­ti­mu­la el co­ra­zón y el sis­te­ma cir­cu­la­to­rio, por lo tan­to ayu­da a pre­ve­nir in­far­tos y en­fer­me­da­des car­dio­vas­cu­la­res. En cuan­to a las emo­cio­nes, apor­ta ale­gría y se aso­cia con el amor y el ma­tri­mo­nio.

El na­ran­ja(cheng), es­ti­mu- la al pe­ri­car­dio y re­vier­te los es­ta­dos de­pre­si­vos, ya que apor­ta en­tu­sias­mo y op­ti­mis­mo. El ama­ri­llo (huang), es­ti­mu­la al ba­zo y al es­tó­ma­go, me­jo­ran­do la di­ges­tión y la asi­mi­la­ción de los nu­trien­tes; en cuan­to a las emo­cio­nes, apor­ta sen­si­bi­li­dad. El ver­de (lu), fa­vo­re­ce el fun­cio­na­mien­to del hí­ga­do y de la ve­sí­cu­la; tam­bién otor­ga tran­qui­li­dad, crea­ti- vi­dad y es­pe­ran­za. El ce­les­te (qing) es­ti­mu­la al pul­món y al in­tes­tino grue­so; me­jo­ra la res­pi­ra­ción y la des­in­to­xi­ca­ción del or­ga­nis­mo; ade­más trans­mi­te paz. El azul (lan), es­ti­mu­la al ri­ñón y la ve­ji­ga, evi­tan­do la re­ten­ción de lí­qui­dos; pro­vee de co­ra­je, lo cual fa­ci­li­ta en­fren­tar y re­sol­ver si­tua­cio­nes con­flic­ti­vas. El vio­le­ta (zi), ar­mo­ni­za el me­ri­diano de las tres par­tes y ayu­da a equi­li­brar to­do el or­ga­nis­mo en ge­ne­ral”, in­di­ca Liu.

Por otra par­te, el ro­jo per­te­ne­ce al ele­men­to Fue­go; el na­ran­ja y el ama­ri­llo al ele­men­to Tie­rra; el ver­de, a la Ma­de­ra; el ce­les­te y el blan­co al Me­tal, y el azul al Agua.

Los co­lo­res tam­bién se iden­ti­fi­can es­pe­cí­fi­ca­men­te se­gún las le­yes del Yin-yang; aque­llos con ener­gía Yin

trans­mi­ten tran­qui­li­dad e in­tros­pec­ción, co­mo por ejem­plo el azul os­cu­ro, ce­les­te, ne­gro, vio­le­ta y blan­co; los co­lo­res Yang, son ex­pan­si­vos e in­ci­tan a la ac­ti­vi­dad, es el ca­so del ro­jo, el na­ran­ja y el ama­ri­llo.

Cuán­do y dón­de uti­li­zar­los

Co­mo men­cio­na­mos, to­dos los co­lo­res po­seen una vi­bra­ción especial que fa­vo­re­ce al or­ga­nis­mo y las emo­cio­nes; sin em­bar­go, a la ho­ra de uti­li­zar­los pa­ra la de­co­ra­ción de un am­bien­te tam­bién de­be ana­li­zar­se el efec­to que cau­sa­rá ex­po­ner­se a dia­rio a de­ter­mi­na­do tono y pa­ra eso el Feng Shui de­ter­mi­na cuá­les son los to­nos más com­pa­ti­bles con ca­da ám­bi­to.

Los ver­des son los me­jo­res pa­ra los lu­ga­res don­de se quie­ra des­ta­car la cal­ma, el desa­rro­llo y la crea­ti­vi­dad, por ejem­plo, en un es­tu­dio o bi­blio­te­ca. Son idea­les pa­ra ini­ciar un nue­vo pro­yec­to.

Los ro­jos lla­man mu­cho la aten­ción y ge­ne­ran ale­gría, por eso van bien en una sa­la de jue­gos. Los to­nos más sua­ves de es­ta ga­ma crean am­bien­tes cá­li­dos y re­la­ja­dos, idea­les pa­ra los dor­mi­to­rios. Otra op­ción pa­ra el cuar­to, en par­ti­cu­lar pa­ra el de los ni­ños, es el blan­co.

“Es muy bueno uti­li­zar el ro­jo cuan­do se ne­ce­si­te re­ver­tir un cua­dro de tris­te­za, ya que su vi­bra­ción per­mi­te ver las cosas con ma­yor cla­ri­dad.

Los na­ran­jas y ama­ri­llos ge­ne­ran op­ti­mis­mo, por lo tan­to son re­co­men­da­bles en am­bien­tes con po­ca luz, co­mo la co­ci­na, don­de son me­nos con­ve­nien­tes el ro­jo y el azul, ya que se re­la­cio­nan con el Fue­go y el Agua, ele­men­tos na­tu­ra­les de es­te am­bien­te, y no de­be ha­ber un ex­ce­so de ellos.

Los to­nos gri­ses trans­mi­ten for­ma­li­dad y se­rie­dad, por lo cual si se com­bi­nan con to­nos azu­les, son idea­les pa­ra aque­llos lu­ga­res des­ti­na­dos al tra­ba­jo.

Es acon­se­ja­ble pa­ra los mo- men­tos en que se ne­ce­si­te in­cre­men­tar la crea­ti­vi­dad y la ac­ti­vi­dad la­bo­ral.

El blan­co es el co­lor por ex­ce­len­cia de la pu­re­za y la hi­gie­ne, ideal pa­ra el cuar­to de ba­ño y la co­ci­na. Por otra par­te re­pre­sen­ta la ener­gía Yang, por lo cual tam­bién pue­de usar­se en lu­ga­res con mu­cha pre­sen­cia de ener­gía Yin”.

En el li­ving tam­bién es ade­cua­do, pe­ro hay que com­pen­sar­lo con ac­ce­so­rios de de­co­ra­ción en co­lo­res fuertes.

Qué pa­sa con los ali­men­tos

Se­lec­cio­nar y com­bi­nar los co­lo­res de los ali­men­tos es tan im­por­tan­te co­mo ha­cer­lo en la de­co­ra­ción, por­que ca­da tono de­ter­mi­na no só­lo la ener­gía sino tam­bién los nu­trien­tes que los com­po­nen. La re­gla en es­te ca­so es po­der com­bi­nar la ma­yor can­ti­dad po­si­ble te­nien­do en cuen­ta sus efec­tos, pe­ro tam­bién con­si­de­ran­do que en ca­da es­ta­ción del año el ór­gano con el cual se re­la­cio­nan se en­cuen­tra más vul­ne­ra­ble, por eso ne­ce­si­ta de cui­da­dos ex­tras. En el in­vierno se de­be­rá au­men­tar el con­su­mo de aque­llos que fa­vo­rez­can al ri­ñón y la ve­ji­ga, re­la­cio­na­dos con el ne­gro, el vio­le­ta y tam­bien el azul os­cu­ro (al­gu­nos hon­gos tam­bien sé­sa­mo y arroz ne­gro; mo­ras, uvas, arán­da­nos y le­chu­ga mo­ra­da). En la pri­ma­ve­ra, al hí­ga­do y la ve­sí­cu­la, co­mo los ali­men­tos ver­des (bró­co­li, pal­ta, uvas y za­pa­lli­tos). En ve­rano al co­ra­zón e in­tes­tino delgado, con ali­men­tos ro­jos (car­nes y man­za­nas ro­jas, fru­ti­llas, ce­re­zas, to­ma­tes y re­mo­la­chas). En otoño al pul­món e in­tes­tino grue­so, con ali­men­tos blan­cos (co­li­flor, ce­bo­lla, na­bo, al­gu­nos ti­pos de hon­gos y po­llo). Por úl­ti­mo, en los die­ci­ocho días de la tran­si­ción en­tre una es­ta­ción y otra, al ba­zo y es­tó­ma­go, que po­dre­mos re­for­zar au­men­tan­do el con­su­mo de ali­men­tos de co­lor ama­ri­llo (cho­clo, pi­mien­to ama­ri­llo, za­pa­llo, me­lón y pi­ña)

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