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Es­te es un tri­bu­to a Geor­gia O’keef­fe re­cor­ta­do con­tra la na­tu­ra­le­za agres­te de Ca­li­for­nia...

VOGUE Latinoamerica - - Punto De Vista -

na lar­ga fi­la de co­ches tre­pa por las si­nuo­sas la­de­ras del ca­ñón, de­jan­do atrás la ve­ge­ta­ción pa­ra aden­trar­se en la are­na y las ro­cas. Al bajar de los gi­gan­tes­cos vehícu­los, los ca­si 800 in­vi­ta­dos de­ben au­par­se so­bre otros más li­ge­ros y re­sis­ten­tes, he­chos pa­ra la aven­tu­ra. En es­te agres­te ran­cho de 1.200 hec­tá­reas, a una ho­ra de las pla­yas de Los Án­ge­les, se ro­dó MASH (1970) y Lo que el vien­to se lle­vó (1962). Tam­bién fue el hogar de la tri­bu Chu­mash. Pe­ro nin­gu­na de es­tas en­car­na­cio­nes re­sul­ta tan pin­to­res­ca co­mo la de ser­vir de de­co­ra­do pa­ra el des­fi­le de la co­lec­ción cru­ce­ro 2018 de Dior. La pri­me­ra que pre­sen­ta Ma­ria Gra­zia Chiu­ri, di­rec­to­ra crea­ti­va de la di­vi­sión fe­me­ni­na de la fir­ma des­de el año pa­sa­do. La ita­lia­na (Ro­ma, 1964) ad­mi­te que la de­ci­sión de ve­nir has­ta aquí fue de la com­pa­ñía, pe­ro el lu­gar ejer­ce de po­de­ro­so mar­co pa­ra su pro­pues­ta, ins­pi­ra­da en la ar­tis­ta Geor­gia O’keef­fe y en las pin­tu­ras prehis­tó­ri­cas de la cue­va de Las­caux. La mu­jer que ha he­cho his­to­ria al rom­per con 70 años de he­ge­mo­nía mas­cu­li­na en la le­gen­da­ria ca­sa de mo­da, se mos­tra­rá así de sin­ce­ra a lo lar­go de to­da la con­ver­sa­ción.

Es­ta co­lec­ción se man­tie­ne mu­cho tiem­po en la tien­da y es muy par­ti­cu­lar por­que com­pren­de va­rias es­ta­cio­nes y cli­mas. Es dis­tin­ta de las de prêt-à-por­ter por­que es más ecléc­ti­ca. Cuan­do, ade­más, de­ci­des ha­cer un des­fi­le tie­nes que bus­car una co­ne­xión con el lu­gar don­de la pre­sen­tas.

La ca­sa Dior ha man­te­ni­do siem­pre una re­la­ción muy es­tre­cha con las es­tre­llas, con el ci­ne y la in­dus­tria es­ta­dou­ni­den­ses. Y lo pri­me­ro que pen­sé es que ese no po­día ser el pun­to al que hi­cié­ra­mos re­fe­ren­cia en es­ta co­lec­ción. En cam­bio, me gus­tó po­ten­ciar la idea de que en es­ta par­te del país la gen­te vi­ve muy en el ex­te­rior, en con­tac­to con la na­tu­ra­le­za y el cam­po. “Ca­li­for­nia es el pa­raí­so”, afir­mó Ch­ris­tian Dior. Y eso era al­go de lo que que­ría ha­blar. Por eso de­ci­dí que el des­fi­le fue­ra en un es­pa­cio abier­to y con una ac­ti­tud sal­va­je. Creo que, en reali­dad, eso ex­pli­ca tam­bién por qué las es­tre­llas quie­ren vi­vir aquí. Les tien­ta pa­sar de la al­fom­bra ro­ja a es­ta vi­da más na­tu­ral. Ade­más, vi una pre­cio­sa ex­po­si­ción en Brooklyn de Geor­gia O’keef­fe y me acor­dé Iz­quier­da: top es­tam­pa­do, cin­tu­rón y fal­da con len­te­jue­las, to­do de Dior. En pá­gi­na opuesta: con­jun­tos en de­nim con de­ta­lles bor­da­dos en pe­dre­ría y com­ple­men­tos, to­do de Dior.

de las ins­tan­tá­neas de ella que to­mó su ma­ri­do, Al­fred Stie­glitz. Esa ima­gen pa­ra mí es muy Vo­gue y muy Dia­na Vree­land. Y esa era la idea que que­ría evo­car.

Hoy en día, la nue­va au­dien­cia es­tá co­nec­ta­da con la mo­da ha­gas lo que ha­gas. No es po­si­ble tra­ba­jar en es­to y no pen­sar en ellos. La nue­va au­dien­cia es el fu­tu­ro de la mar­ca y hay que pen­sar en ellos. Y, ade­más, apren­do mu­cho de las nue­vas ge­ne­ra­cio­nes. Pien­san de una for­ma dis­tin­ta, tie­nen mu­cha in­for­ma­ción, sa­ben lo que les gus­ta y me en­can­ta es­tar en con­tac­to con los jó­ve­nes.

Ho­nes­ta­men­te, no. Me ha sor­pren­di­do y ale­gra­do por­que creo que es im­por­tan­te ha­blar de las mu­je­res y de­vol­ver es­te de­ba­te a la ac­tua­li­dad. En es­ta co­lec­ción hay re­fe­ren­cias a las obras de las fe­mi­nis­tas Vic­ki No­ble y Cla­ris­sa Pin­ko­la Es­tés. Me in­te­re­sa mu­cho la idea de que, en el pa­sa­do, las mu­je­res se de­fi­nían a par­tir de los hom­bres y, aho­ra, es im­por­tan­te que se de­fi­nan por sí mis­mas. Creo que eso su­ce­de tam­bién en la mo­da. Co­mo di­se­ña­do­ra, pro­pon­go una idea, pe­ro lue­go son las mu­je­res las que tie­nen que ele­gir las pie­zas y com­po­ner al­go con ellas. Es im­por­tan­te ha­blar de to­do es­to des­de la mo­da. Por­que es­ta tie­ne una res­pon­sa­bi­li­dad. Y es­pe­ro que ayu­de a que la nue­va ge­ne­ra­ción sea más li­bre.

Es­pe­ro ser­vir pa­ra las fu­tu­ras ge­ne­ra­cio­nes pe­ro, en cual­quier ca­so, ha ha­bi­do gran­des ejem­plos de mu­je­res di­se­ña­do­ras an­tes y aho­ra co­mo Miuc­cia Prada, Phoe­be Phi­lo, Do­na­te­lla Ver­sa­ce o las her­ma­nas Fen­di. Pro­ba­ble­men­te la di­fe­ren­cia re­si­de en que aquí ha­bla­mos de una gran ca­sa y de una fir­ma fran­ce­sa, es de­cir, muy cer­ca­na a la tra­di­ción, que eli­ge a una mu­jer y, ade­más, ita­lia­na co­mo di­rec­to­ra crea­ti­va. ¡Y la na­cio­na­li­dad su­po­ne una rup­tu­ra ca­si tan im­por­tan­te co­mo la del gé­ne­ro!

Me con­si­de­ro una di­se­ña­do­ra de ac­ce­so­rios y es­toy or­gu­llo­sa de ello. Hay crea­do­res que ven los com­ple­men­tos co­mo al­go me­nor. En el pa­sa­do, los crea­do­res es­ta­ban ob­se­sio­na­dos con el prêt-à-por­ter y la cos­tu­ra y sub­es­ti­ma­ban los ac­ce­so­rios. Hoy, mu­chos lo ha­cen co­mo par­te de su tra­ba­jo, pe­ro no les emo­cio­na. Ese no es mi ca­so. Creo que los ac­ce­so­rios son muy im­por­tan­tes y de­fi­nen el es­ti­lo. Y las nue­vas ge­ne­ra­cio­nes les pres­tan mu­cha aten­ción: al gro­sor del cin­tu­rón, a la sue­la de los za­pa­tos. Pa­ra mí los com­ple­men­tos son un ele­men­to crea­ti­vo de gran im­por­tan­cia y es­toy enamo­ra­da de ellos.

Y, si eres un di­se­ña­dor de ac­ce­so­rios, apre­cias los lo­go­ti­pos por­que son uno de los ele­men­tos que tie­nes pa­ra ju­gar. Ade­más, la idea de es­cri­bir J’adior en las pren­das me gus­ta por­que me re­mi­te a esa for­ma de abre­viar pa­la­bras que ca­rac­te­ri­za a los jó­ve­nes, que to­do el tiem­po in­ven­tan tér­mi­nos nue­vos. La mo­da tie­ne que ser ju­gue­to­na y di­ver­ti­da, no es al­go tan se­rio.

El ate­lier de Dior ha tra­ba­ja­do con mu­chos di­se­ña­do­res y ha te­ni­do que adap­tar­se a sus dis­tin­tos len­gua­jes. Tie­nes que ini­ciar esa re­la­ción, que co­noz­can y en­tien­dan tu vi­sión. Yo em­pe­cé ha­blan­do con ellos de al­go frá­gil e ín­ti­mo y, al mis­mo tiem­po, mo­derno. Me en­tu­sias­mó lo rá­pi­do que lo en­ten­die­ron. Tie­nen una gran sen­si­bi­li­dad pa­ra cap­tar y ma­te­ria­li­zar las di­fe­ren­tes es­té­ti­cas. Han pa­sa­do de la tea­tra­li­dad de John Ga­lliano, a la so­brie­dad de Raf Si­mons y, aho­ra, a mi idea. Sin esas pe­ti­tes mains se­ría im­po­si­ble ha­cer nues­tro tra­ba­jo. Co­mo di­se­ña­dor pue­des ha­cer un bo­ce­to bo­ni­to o te­ner una vi­sión, pe­ro la mo­da es al­go muy con­cre­to y ma­te­rial. Se tra­ta de ves­ti­dos que sien­ten bien, con un buen cor­te y un bor­da­do pre­cio­so. Es al­go muy tan­gi­ble y por eso tie­ne tanta im­por­tan­cia la ar­te­sa­nía.

Es­toy ob­se­sio­na­da con la mo­da y me en­can­tan los ar­chi­vos. Los de Dior son tan in­gen­tes que me es im­po­si­ble do­mi­nar­los to­da­vía. Cuan­do em­pe­cé, qui­se plan­tear­me el tra­ba­jo co­mo el de una co­mi­sa­ria de ar­te que edi­ta la his­to­ria y com­po­ne al­go nue­vo con los frag­men­tos. El pe­rio­do de Ch­ris­tian Dior re­sul­tó ex­tra­or­di­na­rio en to­dos los sen­ti­dos, pe­ro so­lo fue­ron diez años. Y sus su­ce­so­res tam­bién son im­por­tan­tes. Por eso de­ci­dí uti­li­zar el ar­chi­vo pa­ra com­po­ner mi pro­pia na­rra­ción. Me gus­ta mu­cho el tiem­po de Dior, pe­ro se tra­ta de ir to­man­do ele­men­tos de to­da la tra­di­ción pa­ra ha­blar de qué sig­ni­fi­ca ser una mu­jer en la ac­tua­li­dad. Cuan­do lle­gué a Dior to­do el mun­do me de­cía que la iden­ti­dad de la mar­ca era la fe­mi­ni­dad. Y yo res­pon­día: De acuer­do, pe­ro ¿cuál de ellas? Por­que ser una mu­jer hoy es muy dis­tin­to a lo que sig­ni­fi­ca­ba en los años cin­cuen­ta. No po­de­mos se­guir ha­blan­do de la mu­jer co­mo una flor. Po­de­mos to­mar esa re­fe­ren­cia pe­ro hay que ha­cer­la con­tem­po­rá­nea. Al tiem­po, hay mu­chos sig­nos de la épo­ca de Raf Si­mons, de John Ga­lliano o in­clu­so de He­di Sli­ma­ne, que pa­ra mí son in­tere­san­tes y for­man par­te Aba­jo: look de Dior. En es­te re­por­ta­je: pei­na­do, Ra­chel Lee/ Ate­lier Mgmt; ma­qui­lla­je, Jo Ba­ker/ For­ward Ar­tists; mo­de­los, Carly Foul­kes y Isabella Pes­chardt. de la tra­di­ción. Por eso me ale­gra tan­to que se or­ga­ni­ce es­ta ex­po­si­ción. Creo que es ne­ce­sa­rio po­ner el fo­co en la ro­pa y que es­to ayu­da­rá a ha­cer­lo.

A me­nu­do, te­ne­mos una idea de Dior ba­sa­da en las imá­ge­nes, co­mo en las ma­ra­vi­llo­sas fo­to­gra­fías de Vo­gue. Y cuan­do ves las pren­das reales no siem­pre en­ca­jan con esa re­pre­sen­ta­ción. To­do pa­re­ce más li­ge­ro en la mano, por ejem­plo. Fi­nal­men­te, creo que la ex­po­si­ción tam­bién me ayu­da­rá a mí. En es­ta co­lec­ción, por ejem­plo, hay un abri­go que he sa­ca­do del ar­chi­vo, pe­ro na­die lo re­co­no­ce­rá por­que lo he rea­li­za­do en ga­bar­di­na y por­que en la foto que le dio la fa­ma pa­re­ce mu­cho más rí­gi­do y es­tá­ti­co. Me sor­pren­de siem­pre cuan­do la gen­te no re­co­no­ce las re­fe­ren­cias. La mues­tra es muy im­por­tan­te y da­rá otro pun­to de vis­ta so­bre Dior. Y yo tam­bién apren­de­ré mu­cho de su his­to­ria. —Eu­ge­nia de la To­rrien­te

Arri­ba: ves­ti­do de se­da con bor­da­dos, co­lla­res, ani­llos y cin­tu­rón, to­do de Dior.

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