So­ja, an­tes del Per­so­nal Fest.

Ja­cob Hemp­hill, can­tan­te de So­ja, res­pal­da su vi­sión op­ti­mis­ta de mun­do y con­fie­sa su gus­to por el reg­gae­tón. Estará en el Per­so­nal Fest.

VOS - - PÁGINA DELANTERA - Ger­mán Arras­cae­ta ga­rras­cae­ta@la­voz­de­lin­te­rior.com.ar

Ja­cob Hemp­hill, can­tan­te de la ban­da de reg­gae So­ja (acró­ni­mo de Sol­diers Of Jah Army), atien­de el te­lé­fono en su ho­gar es­ta­dou­ni­den­se y se ex­pre­sa con una pas­mo­sa tran­qui­li­dad. Es pro­ba­ble que es­té so­se­ga­do por al­gu­na de­li­cia, aun­que tam­bién ca­be la po­si­bi­li­dad de que se ha­ya sa­ca­do al­go de en­ci­ma.

Aca­so se tra­te de la pu­bli­ca­ción de Poetry in Mo­tion, un dis­co que in­te­rrum­pe una ve­da de tres años sin edi­cio­nes en su gru­po, siem­pre bien re­ci­bi­do en Ar­gen­ti­na y que se con­vir­tió en una fi­ja del Per­so­nal Fest. “No lo sé, no pue­do ex­pli­car por qué nos quie­ren tan­to. A ve­ces pien­so que tie­ne que ver con que Su­da­mé­ri­ca es­tá lis­ta pa­ra la re­vo­lu­ción, y que qui­zás es­tán can­sa­dos de có­mo fun­cio­nan las co­sas. Lo que sí sé es que en Es­ta­dos Uni- dos el reg­gae es si­nó­ni­mo de re­lax, de es­tar de fies­ta, de fu­mar ma­rihua­na. En Su­da­mé­ri­ca, y en Ar­gen­ti­na es­pe­cial­men­te, tie­ne que ver con la re­vo­lu­ción. Y co­mo no­so­tros pro­fe­sa­mos eso…”, des­car­ga Hemp­hill, un ar­tis­ta pa­ra el que Es­ta­dos Uni­dos no ha cam­bia­do de­ma­sia­do des­de que Trump es­tá en el po­der.

“Pien­so que el mun­do nunca cam­bia. Ac­tua­mos co­mo si Do­nald Trump fue­ra al­go nue­vo, co­mo si lo de Co­rea del Nor­te fue­ra al­go nue­vo, pero el odio siem­pre ha estado ahí. La bue­na noticia es que el amor tam­bién siem­pre ha estado ahí, cui­dan­do los co­ra­zo­nes de la gen­te. El amor siem­pre ha si­do más im­por­tan­te que el odio”, ase­gu­ra es­te ex­po­nen­te de la Ge­ne­ra­ción X-Y pro­ce­den­te de una fa­mi­lia de aman­tes de la mú­si­ca y di­plo­má­ti­cos.

De he­cho, su pa­dre fue un me­ló­mano ami­go de Paul Si­mon al tiempo que ejer­cía co­mo cua­dro del FMI. Es­ta úl­ti­ma fun­ción, pre­ci­sa­men­te, hi­zo que Ja­cob fue­ra re­si­den­te li­be­riano en su ni­ñez. “Cuan­do era ni­ño mi pa­pá era em­plea­do del FMI y lo en­via­ron a tra­ba­jar allí. Tu­vi­mos una vi­da bas­tan­te nor­mal, ex­cep­to por el he­cho de que es­tu­vi­mos bas­tan­te ais­la­dos de otros es­ta­dou­ni­den­ses. Des­pués de dos años, es­ta­lló una gue­rra ci­vil y to­ma­ron la se­de del go­bierno, jus­to al fren­te de don­de vi­vía­mos. Al­can­za­mos a to­mar el úl­ti­mo avión que sa­lió en, creo, tres años”, re­cuer­da.

Con­ser­var la tra­di­ción –Te lle­vo a la mú­si­ca. Has­ta aho­ra, han re­ve­la­do cor­tes del nue­vo dis­co bas­tan­te dis­pa­res, lo que ha­ce in­cier­to sa­ber por dón­de irán. ¿Se vie­ne un dis­co de frac­tu­ra?

–Dos de las nue­vas can­cio­nes son reg­gae y otras dos no. Bad News y Fi­re in the Sky tie­nen que ver, creo, con lo que es­tá­ba­mos sin­tien­do en ese mo­men­to. Mo­re y Mo­ving Sto­nes son más reg­gae roots. Así que te­ne­mos un po­co de mez­cla. La ma­yo­ría del ál­bum es reg­gae, pero hay al­gu­nas can­cio­nes que re­co­rren otra di­rec­ción, aun­que no di­ría que cam­bia­mos ra­di­cal­men­te.

–En al­gu­na me­di­da, el reg­gae­tón vie­ne del reg­gae. ¿Te gus­ta?

–El reg­gae­tón es bueno, man. Me gus­ta Te­go Cal­derón, por­que su mú­si­ca tie­ne un men­sa­je, es mi fa­vo­ri­to. El reg­gae­tón es bueno. Es bueno que Su­da­mé­ri­ca, Amé­ri­ca Cen­tral o Amé­ri­ca La­ti­na ten­gan un so­ni­do pro­pio, que mez­cla tra­di­ción con lo mo­derno, lo que es­tá pa­san­do hoy. Es im­por­tan­te con­ser­var las tra­di­cio­nes, pero hay que mo­di­fi­car­las pa­ra lle­gar a las nue­vas ge­ne­ra­cio­nes.

–Pero a es­ta cul­tu­ra tam­bién la acu­san de ser se­xis­ta y mi­só­gi­na.

–Sí, ese es un as­pec­to cri­ti­ca­ble, aun­que no to­dos los ar­tis­tas van por ahí. Me mo­les­ta ca­da vez que un ar­tis­ta usa el se­xo pa­ra ven­der. Por eso mis hé­roes son mú­si­cos “no se­xies”, co­mo Pe­ter Tosh, Bob Mar­ley, Paul Si­mon… Ellos son sim­ple­men­te mú­si­cos. Hoy la te­le­vi­sión y la mú­si­ca son sobre se­xo, dro­ga y di­ne­ro, y a to­dos les gus­ta eso. Pero siem­pre es­pe­ra­mos a al­guien que ter­mi­ne con eso. En el rock fue Kurt Co­bain; en el hip hop, lo es­tá ha­cien­do Run The Je­wels.

Mú­si­ca y com­pro­mi­so. Hemp­hill di­ce que en Ar­gen­ti­na se vi­ve el reg­gae de un mo­do dis­tin­to de Es­ta­dos Uni­dos.

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