Pe­ter Din­kla­ge, en la piel de Ta­too.

El ac­tor que in­ter­pre­ta a Ty­rion Lan­nis­ter en la po­pu­lar “Jue­go de Tro­nos” es­tre­na­rá es­ta no­che por HBO “Mi ce­na con Her­vé”, so­bre Her­vé Vi­lle­chai­ze, el pe­que­ño Ta­too de “La is­la de la fan­ta­sía”.

VOS - - Página Delantera -

“EN HOLLY­WOOD, SI YA NO ES­TÁS PRO­DU­CIEN­DO DI­NE­RO, EN­TON­CES PIER­DEN EL IN­TE­RÉS EN TI“, DI­CE EL AC­TOR.

El ac­tor Pe­ter Din­kla­ge, re­co­no­ci­do por su pa­pel de Ty­rion Lan­nis­ter en Jue­go de tro­nos, in­ter­pre­ta­rá a Her­vé Vi­lle­chai­ze. El nom­bre qui­zás no sue­ne tan­to co­mo su fra­se más fa­mo­sa: “El avión, el avión” de Tat­too, en La is­la de la fan­ta­sía.

El pe­que­ño gran ac­tor, que fa­lle­ció en 1993 a los 50 años, cuan­do se sui­ci­dó de un dis­pa­ro, fue un ícono de las se­ries de las dé­ca­das de 1970 y 1980, pe­ro des­pués su vi­da tu­vo tem­po­ra­das os­cu­ras y un fi­nal trá­gi­co, en una Holly­wood que no siem­pre es be­né­vo­la con los que han de­ja­do de te­ner éxi­to.

Din­kla­ge re­cuer­da que Mi ce­na con Her­vé es un pro­yec­to que le lle­vó 14 años de vi­da. Se tra­ta de un lar­go­me­tra­je ori­gi­nal de HBO ba­sa­do en una his­to­ria real, que se es­tre­na­rá es­ta no­che a las 22 por HBO y HBO Go.

HBO en­vió es­ta en­tre­vis­ta en ex­clu­si­va a La Voz.

Din­kla­ge di­ce que el pa­pel de Lan­nis­ter fue es­cri­to pa­ra al­guien de su ta­ma­ño, pe­ro “fue co­mo si hu­bie­se ro­to las pa­re­des, y se trans­for­mó en una per­so­na mu­cho más com­pli­ca­da, co­mo yo lo soy”. Des­ta­có tam­bién que aquel Her­vé te­nía un gran sen­ti­do del hu­mor, co­mo el su­yo. “Soy el pri­me­ro en bur­lar­me de mí mis­mo, y es lo que él ha­cía tam­bién, pe­ro hay una di­fe­ren­cia. Tal vez por­que yo lo con­tro­lo, o co­mo lo hi­zo él con la re­me­ra de enano bió­ni­co, él con­tro­la la opi­nión que tie­nes de él, de una ma­ne­ra ex­tra­ña”.

Di­ri­gi­da por Sa­cha Gervasi, na­rra la amis­tad en­tre el pe­rio­dis­ta Danny Ta­te (Ja­mie Dor­nan) y Her­vé (Din­kla­ge) lue­go de un pe­di­do de en­tre­vis­ta y una lo­ca no­che por Los Án­ge­les que cam­bia­rá la vi­da de am­bos.

Andy Gar­cía tam­bién for­ma par­te del elen­co, en el pa­pel de Ri­car­do Mon­tal­bán, com­pa­ñe­ro de Vi­lle­chai­ze en la fa­mo­sa se­rie te­le­vi­si­va.

Din­kla­ge di­ce que Gervasi fue a ver­lo al tea­tro cuan­do él ha­cía Ri­car­do III. “Pen­sé que era una gran idea. Yo no sa­bía mu­cho so­bre Her­vé. Sa­bía quién era, co­mo to­do el mun­do: Tat­too, “el avión, el avión”. Y pen­sé que él era real­men­te fas­ci­nan­te, por mi ta­ma­ño. Sen­tía tam­bién cu­rio­si­dad por ese otro ti­po, y por la vi­da que lle­va­ba, que se re­ve­la­ba en las char­las con Sa­cha, y en su bre­ve guion.

¿Por qué él?

El ac­tor ase­gu­ra que fue di­fí­cil con­se­guir fi­nan­cia­mien­to. “¿Por qué? ¿Por qué es­te ti­po? No es Wins­ton Chur­chill, es muy es­pe­cí­fi­co. No es un gé­ne­ro, pe­ro es muy es­pe­cí­fi­co. Y por lo ge­ne­ral aho­ra los do­cu­men­ta­les des­cu­bren y des­cri­ben a es­tas per­so­nas me­nos co­no­ci­das. Y muy a me­nu­do yo pre­fie­ro ver un do­cu­men­tal”.

“Las per­so­nas que co­no­cie­ron y ama­ron a Her­vé si­guen es­tan­do por allí, y uno quie­re ser res­pe­tuo­so y ren­dir tri­bu­to, pe­ro, al fi­nal, es­pe­cial­men­te pa­ra mí co­mo ac­tor, uno tie­ne que adue­ñar­se del pro­yec­to. Por­que uno nun­ca se va a con­ver­tir en él. Si no, uno es­ta­ría ha­cien­do una imi­ta­ción ba­ra­ta”, agre­ga Din­kla­ge.

–¿Cuá­les son los as­pec­tos de Her­vé que tu­vis­te que es­tu­diar con más de­te­ni­mien­to?

–Tal vez su voz sea más co­no­ci­da que él en sí. Por lo tan­to an­tes de ha­cer cual­quier co­sa tu­ve que lo­grar eso: pa­ra mí, no pa­ra otros. Y si no po­día ha­cer eso, no creo que hu­bie­se acep­ta­do el pa­pel. Era muy es­pe­cí­fi­co. Tam­bién có­mo se veía. Tu­vi­mos mu­chas ite­ra­cio­nes so­bre ese as­pec­to y lue­go de­ci­di­mos que me­nos es más.

–Danny en nin­gún mo­men­to tie­ne com­pa­sión por Her­vé, con­si­de­ran­do el desas­tre que él mis­mo es, has­ta el mo­men­to en que se da cuen­ta.

–Me gus­tó que Danny no lo tra­ta­ra con con­des­cen­den­cia por ha­cer eso. Él tie­ne una ac­ti­tud desafian­te y lo tra­ta de igual a igual.

–Le fal­ta la com­pa­sión ha­cia el pro­ble­ma de Her­vé con la be­bi­da y con las mu­je­res, lo que es muy hi­pó­cri­ta de su par­te.

–Sin em­bar­go se ven co­mo igua­les, y eso me gus­ta. Él lo so­me­te a re­tos, de bue­na ma­ne­ra, pa­ra que tra­te de sa­car lo me­jor de sí. Pe­ro creo que Her­vé mon­ta un show. Y co­mo to­do pe­rio­dis­ta in­te­li­gen­te, quie­re mi­rar un po­co más por de­trás del te­lón. Y a me­di­da que trans­cu­rre la no­che, am­bos bai­lan y se per­mi­ten co­sas, de al­gu­na ma­ne­ra.

–¿De dón­de vie­nen los de­mo­nios de Her­vé? ¿Un trau­ma de la in­fan­cia, o el he­cho de que lo tra­ta­ron co­mo al­go di­fe­ren­te du­ran­te la ma­yor par­te de su vi­da? ¿Pien­sas que su ac­ti­tud ha­cia la be­bi­da y ha­cia las mu­je­res era un sín­to­ma de ello o que lo exa­cer­ba­ba?

–Creo que la be­bi­da des­pier­ta a los de­mo­nios en mu­chas per­so­nas. El há­bi­to de la be­bi­da es com­pli­ca­do, cam­bia las per­so­na­li­da­des. Pa­ra me­jor y pa­ra peor. Hay per­so­nas que a ve­ces tie­nen al­gún pro­ble­ma con eso, y hay otras que no tie­nen pro­ble­mas. Al­gu­nas per­so­nas son fe­li­ces cuan­do es­tán bo­rra­chas, otras son real­men­te mal­va­das cuan­do lo es­tán. Fe­li­ces, mal­va­das. ¿Cuál es la ex­pre­sión co­rrec­ta? Creo que eso lo des­ca­rri­ló. No lo juz­go, y qui­sie­ra ha­blar de­mos­tran­do el res­pe­to de­bi­do ha­cia su per­so­na y a sus se­res que­ri­dos. Pe­ro creo que él se­guía es­to, es­ta suer­te de bur­bu­ja de fa­ma que flo­ta­ba a su al­re­de­dor y creo que él a ve­ces se apar­tó de lo que es im­por­tan­te. Y eso lo mos­tra­mos en la pe­lí­cu­la. Él era muy ca­ba­lle­ro, muy in­te­li­gen­te y muy aman­te del ar­te. Era un pin­tor in­creí­ble y sé que con­ti­nuó pin­tan­do, pe­ro la fa­ma se lle­vó su me­jor par­te.

–Holly­wood tie­ne tam­bién un cos­ta­do os­cu­ro. Eso se pue­de apre­ciar es­to en reali­dad en am­bos per­so­na­jes.

–Hay que ha­cer di­ne­ro, co­mo en cual­quier ne­go­cio. Y si no es­tás tra­ba­jan­do, pa­ra que ellos te con­si­gan di­ne­ro y si ya no es­tás pro­du­cien­do di­ne­ro pa­ra ellos, en­ton­ces pier­den el in­te­rés en ti. Pe­ro eso es vá­li­do pa­ra cual­quier ne­go­cio.

–¿Es más bru­tal en Holly­wood que en otras in­dus­trias?

–Es bru­tal si uno no pue­de te­ner con­trol so­bre su pro­pia vi­da. Creo que si uno es­tá se­gu­ro den­tro de su pro­pia per­so­na y si uno to­ma sus pro­pias de­ci­sio­nes no es tan bru­tal. No es vá­li­do pa­ra to­do el mun­do ya que co­noz­co a mu­chos ac­to­res que tra­ba­jan des­de jó­ve­nes, y que tie­nen los pies bien so­bre la tie­rra. Pe­ro mu­chos ac­to­res, cuan­do son jó­ve­nes no tie­nen con­trol. Y esa es la par­te pe­li­gro­sa.

–¿Cuá­les son las co­sas de Her­vé y de sus ex­pe­rien­cias con las que te iden­ti­fi­cás? Es­pe­re­mos vi­vir en una so­cie­dad que sea me­jor en el tra­to con las per­so­nas di­fe­ren­tes, ya sea en lo fí­si­co o en cual­quier otro as­pec­to.

–No sé si es del to­do di­fe­ren­te aho­ra. Creo que es di­fe­ren­te cuan­do tie­nes a un es­cri­tor que desea es­cri­bir un per­so­na­je más com­pli­ca­do pa­ra al­guien de mi ta­ma­ño. Pe­ro si en­cien­des la te­le­vi­sión en Na­vi­dad, ¿es di­fe­ren­te? Es exac­ta­men­te la mis­ma por­que­ría. Lo en­tien­do, no lo juz­go. La gen­te ne­ce­si­ta tra­ba­jar, pa­gar las cuen­tas. Pe­ro eso es al­go que nun­ca me in­tere­só. Pre­fe­ri­ría tra­ba­jar en tra­ba­jos de por­que­ría de ofi­ci­na. No creo que ob­ten­dría al­go de eso al ha­cer­lo, sal­vo ver­güen­za.

PREN­SA HBO

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