Ca­de­nas para ba­rro y nie­ve.

Có­mo ele­gir la más apro­pia­da. Los di­fe­ren­tes ti­pos y me­di­das que ofre­ce el mer­ca­do. Dón­de y cuán­do co­lo­car­las en nues­tro vehícu­lo.

Weekend - - CONTENIDO - Por Jo­sé Mu­ji­ca.

Ala ho­ra de aven­tu­rar­nos para ha­cer 4x4, uno de los ac­ce­so­rios im­por­tan­tes que de­be­mos te­ner en cuenta son las ca­de­nas, que pue­den ayu­dar­nos mu­cho en la cir­cu­la­ción en de­ter­mi­na­das su­per­fi­cies. Y so­bre todo, uti­li­zan­do ca­de­nas ali­via­na­mos bas­tan­te la exi­gen­cia al vehícu­lo.

La elec­ción. Hay va­rios as­pec­tos a te­ner en cuenta a la ho­ra de ele­gir ca­de­nas. Exis­ten mu­chos ti­pos di­fe­ren­tes. Es­tán las que se con­si­guen en su­per­mer­ca­dos, a las que po­de­mos lla­mar ca­de­ni­tas. Y es­tán las de uso pro­fe­sio­nal e in­ten­si­vo. Aun­que am­bas re­sul­tan efec­ti­vas, re­co­men­da­mos las úl­ti­mas por­que son realmente ro­bus­tas y du­ra­de­ras, de­mos­tran­do un gran desem­pe­ño a la ho­ra de uti­li­zar­las. Ob­via­men­te, los cos­tos en el mer­ca­do son muy dis­tin­tos, pe­ro si te­ne­mos en cuenta que un buen par de ca­de­nas es un ac­ce­so­rio muy du­ra­de­ro, creo que de­be­mos prio­ri­zar la ca­li­dad y ro­bus­tez an­tes que el pre­cio.

El uso. Otro tema a te­ner en cuenta es de­ter­mi­nar el em­pleo que le va­mos a dar a las ca­de­nas. Las más co­mu­nes son es­pe­cí­fi­cas para ba­rro y nie­ve, pu­dién­do­se uti­li­zar para am­bas su­per­fi­cies. Pe­ro si va­mos a tran­si­tar por hie­lo, re­co­men­da­mos com­prar ca­de­nas es­pe­cí­fi­cas por­que tie­nen unas púas que nos dan la trac­ción ade­cua­da para cir­cu­lar con se­gu­ri­dad. De to­das ma­ne­ras, las ca­de­nas para hie­lo tam­bién se po­drían uti­li­zar para ba­rro y para nie­ve.

La me­di­da. No nos de­be­mos equi­vo­car con la me­di­da de las ca­de­nas, por­que si com­pra­mos una chi­ca no la po­dre­mos co­lo­car en nues­tras rue­das y si ad­qui­ri­mos una me­di­da gran­de, lo más pro­ba­ble es que al uti­li­zar­la rom­pa­mos algo de nues­tro vehícu­lo. Acon­se­ja­mos lle­var el ro­da­do y que el ven­de­dor las prue­be fren­te a no­so­tros. Y de pa­so nos en­se­ñe la co­rrec­ta téc­ni­ca de co­lo­ca­ción, así no hay for­ma de errar­le. Es muy im­por­tan­te mon­tar bien las ca­de­nas an­tes de afron­tar el obs- tácu­lo, ya sea ba­rro o nie­ve. La co­lo­ca­ción de­be ser su­ma­men­te pre­ci­sa, por­que ca­so con­tra­rio co­rre­re­mos va­rios ries­gos. Uno es que se suel­ten y las per­da­mos en el ba­rro o en la nie­ve. Y otro es que al es­tar mal co­lo­ca­das haya par­tes suel­tas que ra­yen la ca­rro­ce­ría o, peor aún, rom­pan algo de nues­tro vehícu­lo. Por lo tanto, hay que ins­ta­lar muy bien las ca­de­nas. Y, den­tro de lo po­si­ble, an­tes de in­gre­sar al ba­rro o a la nie­ve, por­que una vez en el rue­do nos se­rá muy di­fí­cil ubi­car­las co­rrec­ta­men­te. Ca­be acla­rar que si las co­lo­ca­mos con an­te­rio­ri­dad, de­be­mos cir­cu­lar con cui­da­do has­ta la zo­na de ba­rro o nie­ve, ha­cer­lo a ba­ja ve­lo­ci­dad y sin rea­li­zar ma­nio­bras exi­gi­das.

Dón­de co­lo­car­las. Las ca­de­nas vie­nen de a pa­res. Si com­pra­mos dos pa­res y se las co­lo­ca­mos a las cuatro rue­das, nues­tra trac­ción se­rá realmente bue­na. Pe­ro lo más común es con­tar con solo un par de ca­de­nas. En est e ca­so, las pon­dre­mos en el eje de ma­yor trac­ción. En ca­si to­dos los vehícu­los del mer­ca­do, la po­ten­cia se ero­ga más en un eje que en el otro. Es de­cir, hay vehícu­los que otor­gan más trac­ción al eje de­lan­te­ro que al tra­se­ro al es­tar en 4x4, y otros más al eje tra­se­ro que al de­lan­te­ro. Para que pue­dan re­sol­ver es­te tema rá­pi­da­men­te, si nues­tra 4x4 en trac­ción sim­ple trac­cio­na con el eje tra­se­ro, a él van las ca­de­nas. En cam­bio, si en trac­ción sim­ple trac­cio­na con el eje de­lan­te­ro, allí las pon­dre­mos.

Cui­dar el vehícu­lo. Es muy im­por­tan­te te­ner en cuenta que si co­lo­ca­mos ca­de­nas, cam­bia ra­di­cal­men­te la pres­ta­ción de nues­tra 4x4. Es de­cir, tie­ne mu­cha más trac­ción que la pres­ta­ción original de fá­bri­ca y, por lo tanto, si ha­ce­mos una ma­nio­bra vio­len­ta, como por ejem­plo arran­car de­rra­pan­do, es pro­ba­ble que rom­pa­mos algo de la trans­mi­sión, por­que no es­tá di­se­ña­da para tan­ta trac­ción. Por esa ra­zón, como de­cía­mos al principio, re­co­men­da­mos ha­cer ma­nio­bras sua­ves de ace­le­ra­ción al uti­li­zar ca­de­nas para ba­rro o nie­ve: ade­más de se­gu­ri­dad, nos ayu­da a cui­dar el vehícu­lo. Al no ser ne­ce­sa­ria una ace­le­ra­ción ex­ce­si­va, ali­via­na­mos mu­cho la exi­gen­cia a nues­tro ro­da­do.

Lo im­por­tan­te. Cuando va­ya­mos a co­lo­car ca­de­nas, no ha­ce fal­ta ba­jar la pre­sión de in­fla­do de los neu­má­ti­cos. Hay que man­te­ner­los con la misma pre­sión que uti­li­za­mos en ru­ta y to­mar­nos el tiem­po necesario para que la ca­de­na que­de bien fir­me su­je­ta al neu­má­ti­co. A l fi­na­li­zar acon­se­ja­mos guar­dar­las lim­pias y se­cas en el en­va­se original, pre­cau­ción que alar­ga mu­cho la vi­da útil del pro­duc­to.

*Es­pe­cia­lis­ta en con­duc­ción 4x4.

Para tran­si­tar en nie­ve pro­fun­da es acon­se­ja­ble avan­zar de a po­co e ir rom­pien­do la ca­pa de nie­ve.

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