Cuan­do el ar­te ha­bla a tra­vés de la piel

Fre­say­cho­co­la­te dis­cu­te so­bre la revolución cas­tris­ta y la homosexualidad. Hoy, en el Cen­tro de la Cul­tu­ra Plu­ri­na­cio­nal San­ta Cruz

El Deber - Al Fin Viernes - - Teatro - Cris­tian Mas­sud cmas­sud@el­de­ber.com.bo

Ex­plo­tó. Fidel Cas­tro co­man­da la revolución en la is­la y to­do pa­re­ce irre­ver­si­ble. Fue­ra hay mar­chas y gri­tos... Den­tro, no (o al me­nos por el mo­men­to). El si­len­cio es li­be­ra­ción.

Las ma­nos de va­rón se hun­den en un ab­do­men del­ga­do y su­ben len­ta­men­te ha­cia el cen­tro del pe­cho. Los la­bios ca­si se unen. La res­pi­ra­ción se ace­le­ra y lo prohibido son­ríe. Son dos hom­bres. Am­bos desnudos. Sin na­da que es­con­der. No tie­nen voz, pe­ro no es ne­ce­sa­rio, por­que su piel y sus ges­tos ya es­tán ha­blan­do.

¿FRESA O CHOCOLATE?

pres­ti­gio­so di­rec­tor ni pa­ra los re­co­no­ci­dos ac­to­res bo­li­via­nos. Él de­bu­ta. Ellos tu­vie­ron que des­po­jar­se de sus an­te­rio­res per­so­na­jes y acep­tar el desafío, ya que en la obra de­ben qui­tar­se la ro­pa y usar el acen­to del país ca­ri­be­ño (un cu­bano les pa­só cla­ses in­ten­si­vas). Los tres se com­ple­men­ta­ron y lo­gra­ron un buen re­sul­ta­do. Hoy se­rá la prue­ba de fue­go. An­tes de que lle­gue ese mo­men­to, Ga­vri­loff es­tá con­ten­to. Di­ce que son bri­llan­tes in­tér­pre­tes y que ha si­do sa­tis­fac­to­rio di­ri­gir­los. Tam­bién acon­se­ja que to­dos los bo­li­via­nos se atre­van a ver la obra, por­que po­drían en­con­trar en ella un espejo. La pues­ta en es­ce­na co­lo­ca so­bre el ta­pe­te aque­llos te­mas que mu­chas veces una so­cie­dad pre­fie­re ocul­tar. Homosexualidad, dis­cri­mi­na­ción, to­le­ran­cia, so­cia­lis­mo, iden­ti­dad, amor y ma­chis­mo, to­dos en una es­pi­ral que se man­tie­ne gi­ran­do du­ran­te 70 mi­nu­tos y que pre­ten­de sa­cu­dir al pú­bli­co de Bolivia.

YO ME DES­NU­DO, ¿Y VOS?

Na­die se mues­tra al mundo sin ra­zón al­gu­na. En eso coin­ci­den los tres ac­to­res bo­li­via­nos. Bus­can el de­ba­te y sen­si­bi­li­zar al au­di­to­rio en es­tos te­mas. Qui­zá pa­ra ellos la piel pue­da ser­vir Es con­si­de­ra­do uno de los más bri­llan­tes in­tér­pre­tes den­tro de la movida tea­tral. Es bra­si­le­ño, pe­ro ra­di­ca en Bolivia pa­ra dar una bo­fe­ta­da a los que to­da­vía creen que el mor­bo, el tabú, el cas­ti­go, la dis­cri­mi­na­ción y la hi­po­cre­sía de­ban per­du­rar en pleno si­glo XXI.

La obra vie­ne con una co­la gran­de de­trás. Es­tá ba­sa­da en un tex­to del cu­bano Se­nel Paz, que fue tras­la­da­do al cine en 1994. La pe­lí­cu­la es­tu­vo di­ri­gi­da por Tomás Gutiérrez y Juan Car­los Ta­bío y ga­nó el Go­ya co­mo me­jor pe­lí­cu­la ex­tran­je­ra, pe­ro no pu­do al­zar­se con el Ós­car.

La obra ya fue mon­ta­da en Bue­nos Ai­res ( Ar­gen­ti­na), don­de Leo­nar­do Ga­vri­loff no lle­vó desnudos al es­ce­na­rio por­que le re­sul­tó “in­ne­ce­sa­rio usar­los” y aho­ra se es­tre­na en Bolivia, don­de pro­me­te ser una temporada tur­bu­len­ta por to­da esa at­mós­fe­ra te­má­ti­ca en la que se apo­ya.

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