Las bellas y fa­mo­sas tam­bién lle­van guas­ca

Re­ci­bir unos chi­co­ta­zos era la me­jor re­ce­ta pa­ra cre­cer, aun­que al­gu­na ca­sual­men­te hi­zo una 'jo­cha' y se los ga­nó. Otras ce­le­bra­ron que­man­do co­sas vie­jas

El Deber - Al Fin Viernes - - Sociales - SILVANA VINCENTI svin­cen­ti@el­de­ber.com.bo

Po­cos sa­ben que lle­var unos cuan­tos cim­bro­na­zos era to­do un ho­nor el 24 de ju­nio, el día de la fes­ti­vi­dad de San Juan. Es que la tra­di­ción se ha ido per­dien­do, ya ni fo­ga­tas que­dan por te­mas eco­ló­gi­cos, pe­ro al me­nos cin­co bellas y co­no­ci­das mu­je­res ten­drán al­go pa­ra con­tar a sus ami­gos y a sus des­cen­dien­tes.

Sus pa­dres les so­na­ron, a ve­ces sua­ve­men­te y de for­ma más sim­bó­li­ca que real, con la con­vic­ción de la gen­te de an­ta­ño de que era la me­jor re­ce­ta pa­ra no que­dar­se pe­ti­so.

La­men­ta­ble­men­te, pa­re­ce que la ge­né­ti­ca es más fuer­te que la su­pers­ti­ción. Uno de los cla­ros ejem­plos es He­len Apon­te, que es 'in­ter­mi­na­ble' co­mo su que­ri­da ma­dre, mien­tras que Ale­jan­dra Áñez en vano fue víc­ti­ma de los chi­co­ta­zos

HE­LEN APON­TE. “No sé si soy cue­ru­da, pe­ro nun­ca me do­lió, es que mi ma­dre so­lo me so­ba­ba. Se­gún mi ma­má, así cre­cí”, ex­pli­ca la ex­miss Mun­do que lle­vó has­ta los 15 años y que aho­ra mi­de 1,84 me­tros.

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