Es ile­gal, pe­ro no mo­les­ta

El Deber - Cuerpo B - - Economía Producción Agrícola - Al­ci­des Vadillo DI­REC­TOR RE­GIO­NAL FUN­DA­CIÓN TIE­RRA

El al­qui­ler de tie­rra es­tá prohi­bi­do, in­clu­so en la Cons­ti­tu­ción Po­lí­ti­ca del Es­ta­do, por­que se pre­ten­de que la gen­te ten­ga una ac­ti­vi­dad eco­nó­mi­ca di­rec­ta so­bre ella. Al prohi­bir­se es una ac­ti­vi­dad ile­gal; eso di­ce la nor­ma, pe­ro la reali­dad eco­nó­mi­ca de­mues­tra otra si­tua­ción: que aquí se al­qui­la tie­rra.

Sa­be­mos que en las zo­nas pro­duc­ti­vas hay tie­rras que se ren­tan; tan­to de pe­que­ños y me­dia­nos pro­duc­to­res. En tér­mi­nos de su­per­fi­cie es muy di­fí­cil sa­ber, co­mo es­tá prohi­bi­do, es­tos con­tra­tos no es­tán re­gu­la­ri­za­dos y se dis­fra­zan en for­mas de par­ce­rías y so­cie­da­des, por­que na­die quie­re ha­cer un do­cu­men­to ma­ni­fes­tan­do una ile­ga­li­dad.

En­ton­ces hay una reali­dad eco­nó­mi­ca que ad­quie­re for­mas pa­ra dar­le un bar­niz de le­ga­li­dad. Lo real es que exis­te es­ta prác­ti­ca, ¿qué can­ti­dad? No te­ne­mos idea, pe­ro la apre­cia­ción que se ha­ce aho­ra es que en los úl­ti­mos dos años es­ta ac­ti­vi­dad fue dis­mi­nu­yen­do.

Es­to, es un efec­to de la mis­ma des­ace­le­ra­ción de la eco­no­mía que afec­ta al sec­tor agroin­dus­trial, pe­ro es di­fí­cil te­ner da­tos con­cre­tos.

¿Por qué mu­chos pro­duc­to­res al­qui­lan tie­rras?, por­que no tie­nen la ca­pa­ci­dad de des­mon­tar. Y quien es­tá al­qui­lan­do asu­me es­tos cos­tos y pa­ga un por­cen­ta­je al due­ño de la tie­rra o el al­qui­ler por tem­po­ra­da de uso.

A na­die le mo­les­ta es­to, ni le in­co­mo­da. Es una prác­ti­ca que ve­nía de an­tes de la Cons­ti­tu­ción Po­lí­ti­ca del Es­ta­do y que aho­ra con­ti­núa. Es­to es más fre­cuen­te en San­ta Cruz, en es­pe­cial en los va­lles, en don­de ad­quie­re una for­ma de par­ce­rías, pe­ro que son for­mas muy si­mi­la­res, en las que el pro­pie­ta­rio re­ci­be un be­ne­fi­cio so­lo por ser pro­pie­ta­rio; no por el tra­ba­jo, son prác­ti­cas co­mu­nes en la ru­ra­li­dad del país.

El prin­ci­pio por el que se ha re­gi­do el te­ma agra­rio es que la tie­rra no sea una mer­can­cía que se use de for­ma es­pe­cu­la­ti­va.

De­be­mos ver que es­ta es una reali­dad y hay que nor­mar­la. Se de­be ser es­tric­to en las for­mas de có­mo se tra­ba­ja la tie­rra.

De­be­mos ver que el al­qui­ler de tie­rras es una reali­dad y que hay que nor­mar­lo”

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