Trans­mi­tir la pa­sión

El Deber - Extra (Bolivia) - - SUMARIO - Ri­car­do He­rre­ra Fa­rell

Sin du­da que in­flu­ye el ta­len­to y la ca­pa­ci­dad he­re­da­da de sus pa­dres, que siem­pre se des­ta­ca­ron en com­pe­ten­cias na­cio­na­les e in­ter­na­cio­na­les, pe­ro qui­zás el apor­te más im­por­tan­te de los pro­ge­ni­to­res de Jo­sé Al­ber­to Quin­ta­ni­lla Mo­reno ha­ya si­do el que su­pie­ron trans­mi­tir­le des­de pe­que­ño la pa­sión por la natación, el pla­cer de com­pe­tir y de con­se­guir lo­gros con es­fuer­zo, con mu­cho tra­ba­jo y de­di­ca­ción, pe­ro sin el yu­go ‘re­sul­ta­dis­ta’ al que mu­chos pa­dres so­me­ten a sus hi­jos cuan­do quie­ren que se des­ta­quen en al­gún de­por­te.

La­men­ta­ble­men­te abun­dan los ca­sos en los que los pa­dres obli­gan a sus hi­jos a ‘ser los me­jo­res’ en dis­ci­pli­nas de­por­ti­vas que los chi­cos ter­mi­nan por odiar y los frus­tra.

Al­gu­nos lo­gran te­ner bue­nos desem­pe­ños, pe­ro vi­ven in­fe­li­ces y sin mo­ti­va­ción. Ejem­plo de ello es el te­nis­ta An­drea Agas­si, que re­co­no­ció en su au­to­bio­gra­fía que odia­ba el te­nis con to­da su al­ma y lo odió gran par­te de su ca­rre­ra, por­que fue una im­po­si­ción de su pa­dre. Él lo­gró ser el nú­me­ro uno, pe­ro re­co­no­ce que po­co y na­da lo dis­fru­tó. Es que la pa­sión por cual­quier de­por­te nun­ca se im­po­ne, so­lo bas­ta apren­der a dis­fru­tar­lo y eso es lo que des­cu­bri­mos en Jo­sé Al­ber­to. To­ma en se­rio la com­pe­ti­ción, pe­ro sa­be que no me­nos im­por­tan­te es di­ver­tir­se

LA­MEN­TA­BLE­MEN­TE ABUN­DAN LOS CA­SOS EN LOS QUE LOS PA­DRES OBLI­GAN A SUS HI­JOS A ‘SER LOS ME­JO­RES’ EN DE­POR­TES QUE A ELLOS NO LES GUS­TA

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