NA­TA­NIEL CON LUZ PRO­PIA

EM­PE­ZÓ A TRA­BA­JAR A LOS 10 AÑOS, HOY BRI­LLA EN LA TV

El Deber - Extra (Bolivia) - - Portada -

Na­ta­niel Sán­chez Va­re­la (25), que in­ter­pre­ta a Fer­nan­da de las Ca­sas, la ni­ña ri­ca de la po­pu­lar se­rie pe­rua­na Al fon­do hay si­tio (AFHS), es una jo­ven que ama tra­ba­jar. Co­men­zó a sus 10 años y no pa­ró más. Hoy por hoy ape­nas duer­me cin­co ho­ras, tra­ba­ja to­da la se­ma­na y en­tre el set de la no­ve­la y las ta­blas de la obra Mam­ma mía, es­tá más de 12 ho­ras ha­cien­do lo que más le apa­sio­na.

Con una sen­ci­llez y esa voz se­re­na y ron­ca con­tes­ta el te­lé­fono y ha­bla co­mo con una vie­ja co­no­ci­da. Afir­ma que no hay mu­chas co­sas pa­re­ci­das en­tre su per­so­na­je de Fer­nan­da y Na­ta­niel. Di­ce que son muy di­fe­ren­tes por­que se cria­ron en am­bien­tes dis­tin­tos. Ella cre­ció en una fa­mi­lia dis­fun­cio­nal y sin di­ne­ro, pe­ro ro­dea­da del amor y los cui­da­dos de su ma­dre, Lourdes Va­re­la. A pe­sar de tan­tos mi­mos, por­que es la me­nor, no es con­sen­ti­da ni en­greí­da y me­nos aún egoís­ta, co­mo Fer­nan­da, sino to­do lo con­tra­rio.

“Esas son ca­rac­te­rís­ti­cas que no com­par­to, por­que yo siem­pre pien­so en los de­más”, afir­ma. Tal vez lo úni­co que pue­den te­ner en co­mún es que son muy sen­si­bles.

Su nom­bre sig­ni­fi­ca re­ga­lo de Dios y ella cree que lo es. Qui­zá por eso es una jo­ven muy cre­yen­te en Dios y con­si­de­ra que to­do lo que ha lo­gra­do en su vi­da es con su ben­di­ción. Si bien su ca­rre­ra no la ha he­cho mi­llo­na­ria, di­ce en­tre ri­sas, que ha ga­na­do lo su­fi­cien­te pa­ra dar­se al­gu­nos gus­tos.

Des­de sus 18 años es una mu­jer in­de­pen­dien­te. De­jó la ca­sa de su ma­dre y se fue a vi­vir a su pe­que­ño de­par­ta­men­to en Li­ma que aho­ra so­lo com­par­te con su pe­rro Hér­cu­les y tres ga­tos que res­ca­tó de la ca­lle, Mi­ni­na, Ca­chi­to y Lorenzo. Ama tan­to a los ani­ma­les que una de sus me­tas es te­ner un al­ber­gue, pa­ra aco­ger a los pe­rros y ga­tos que son aban­do­na­dos.

Es una jo­ven que siem­pre lle­vó una vi­da sa­lu­da­ble. Al cum­plir 21 años co­men­zó a su­bir drás­ti­ca­men­te de pe­so, a pe­sar de co­mer sano y ha­cer ejer­ci­cios. Se so­me­tió a va­rios aná­li­sis y des­cu­brie­ron que te­nía hi­po­ti­roi­dis­mo, en­fer­me­dad con la que apren­dió a con­vi­vir, to­man­do una pas­ti­lla en ayu­nas pa­ra con­tro­lar­la y con un ré­gi­men ali­men­ti­cio.

No es de mu­cho co­mer, pe­ro se da cier­tos gus­tos. Cuan­do era ni­ña, cuen­ta su ma­dre, te­nía que dar­le de co­mer en la bo­ca, por­que nun­ca te­nía ape­ti­to. Además, di­ce que era una chi­ca muy ca­lla­da, tran­qui­la y, so­bre to­do, muy ape­ga­da a ella y no ha cam­bia­do mu­cho. A pe­sar de vi­vir so­la, siem­pre vi­si­ta a su ma­má y es­tá en con­tac­to con sus dos her­ma­nos que le que­dan, May­ra y Ma­rio, ya que el ma­yor, Luis Al­ber­to, que se lla­ma­ba igual que su pa­pá, mu­rió en 2010, a sus 26 años, de un ata­que de as­ma. Un do­lor del que le cos­tó re­po­ner­se a la fa­mi­lia. ¿So­ña­bas con ser ac­triz? Des­de pe­que­ña su­pe lo que que­ría ser de gran­de. Siem­pre qui­se ac­tuar y es­ta­ba me­ti­da en to­do lo que era el ar­te en el co­le­gio. Los sue­ños se cum­plen... Soy la prue­ba de que es así, ya que cuan­do era ni­ña mi­ra­ba la se­rie Tra­ve­su­ras del co­ra­zón y veía a la ac­triz Yvon­ne Frays­si­net y so­ña­ba con ser igual a ella. Lue­go en la pri­me­ra no­ve­la que hi­ce, Un amor in­do­ma­ble, ella fue mi ma­má y des­de ha­ce ocho tem­po­ra­das es mi no­na en AFHS. ¿ Te pre­pa­ras­te des­de ni­ña? En­tré a la te­le­vi­sión a los 10 años, en el pro­gra­ma in­fan­til Ma­ría Pía y Ti­mo­teo, de Amé­ri­ca Te­le­vi­sión, co­mo par­te del elen­co de bai­le y, lue­go, me ini­cié co­mo ac­triz. Hi­ce una ca­rre­ra pa­si­to a pa­si­to, apren­dien­do po­co a po­co. No te­nía tan­ta fa­ci­li­dad pa­ra ha­cer un cur­so y por una si­tua­ción per­so­nal no po­día dar­me el lu­jo de de­jar de tra­ba­jar pa­ra es­tu­diar. ¿Pa­sas­te ne­ce­si­da­des? Tan­to así, no, pe­ro mi fa­mi­lia no era aco­mo­da­da y mi ma­má tu­vo que tra­ba­jar du­ro pa­ra sa­car­nos ade­lan­te, des­pués de que se di­vor­cia­ron mis pa­dres, cuan­do yo te­nía ocho años. ¿ Có­mo fue tu ni­ñez? No fue tan bo­ni­ta. Cre­cí en una fa­mi­lia dis­fun­cio­nal y con mu­chos pro­ble­mas, pe­ro siem­pre sen­tí que Dios me sus­ten­ta­ba. Mis pa­dres se se­pa­ra­ron cuan­do yo te­nía ocho años y cre­cí con mi ma­má. ¿ Qué es pa­ra vos tu ma­dre? Es mi heroína, es mi amor, es mi vi­da, es mi to­do. Ella nos ha sa­ca­do ade­lan­te y nos ha sos­te­ni­do. ¿ Y la re­la­ción con tu pa­pá? Es bue­na, aun­que no lo veo muy se­gui­do. Has pa­sa­do mo­men­tos du­ros

SU TRA­BA­JO ES AGO­TA­DOR, PE­RO DIS­FRU­TA TAN­TO DEL TEA­TRO QUE SIEN­TE QUE ES UN CAN­SAN­CIO RI­CO DI­CE QUE DES­PUÉS DE HA­CER LAS FUN­CIO­NES SA­LE FE­LIZ AL SEN­TIR LA ENER­GÍA DE TO­DO EL PÚ­BLI­CO

co­mo la muer­te de tu her­mano Lu­cho... Sí, fue di­fí­cil. Yo te­nía que le­van­tar a mi fa­mi­lia por­que además del do­lor de la pér­di­da que­da­mos con pro­ble­mas eco­nó­mi­cos, pe­ro Dios siem­pre fue mi so­por­te. Aho­ra lu­chás con­tra el hi­po­ti­roi­dis­mo, ¿có­mo lo con­tro­lás? Me dio hi­po­ti­roi­dis­mo en el 2012, cuan­do te­nía 21 años. Em­pe­cé a su­bir de pe­so. En un mes y me­dio te­nía ocho ki­los en­ci­ma, a pe­sar de co­mer sano y ha­cer ejer­ci­cios. No la pa­sé bien, me asus­té. Bus­qué ayu­da a tiem­po. Fui al en­do­cri­nó­lo­go pa­ra ver qué pa­sa­ba y me de­tec­ta­ron el hi­po­ti­roi­dis­mo. Me tra­ta­ron con pas­ti­llas y me orien­ta­ron so­bre to­do lo que de­bía ha­cer. Si­go en tra­ta­mien­to. Es una en­fer­me­dad que se con­tro­la, pe­ro hay que se­guir un ré­gi­men. Es­toy bien, en dos me­ses ba­jé lo que ha­bía subido y ca­da seis me­ses me so­me­to a un che­queo. Y es com­pli­ca­do su­bir de pe­so en la te­le­vi­sión... Lo es y mu­cho. La gen­te te cri­ti­ca, te mi­ra mal y pien­sa que nos co­me­mos to­da la olla. ¿Te hi­cie­ron bullying? Me cri­ti­ca­ban sin sa­ber. A mí me to­có y no la pa­sé muy bien. Creo que es im­por­tan­te re­fle­xio­nar an­tes de emi­tir un co­men­ta­rio pre­jui­cio­so por­que hay mu­cha gen­te que no la pa­sa bien. Si les su­ce­de al­go pa­re­ci­do a lo que vi­ví, les acon­se­jo que bus­quen ayu­da mé­di­ca a tiem­po.

¿ Ser bo­ni­ta te abre las puer­tas a la fa­ma? De­pen­de de lo que quie­res. Hoy en día la gen­te es­tá más preo­cu­pa­da en ver­se bien que en cul­ti­var su al­ma. Pa­ra triun­far no es ne­ce­sa­rio ser bo­ni­to, sino que te pre­pa­res, seas per­se­ve­ran­te y te es­fuer­ces. Gra­cias a Dios, a mí no me han re­ga­la­do na­da. To­do lo he ga­na­do a pul­so y con mu­cha ‘cham­ba’ y con la ben­di­ción de Dios. Si quie­res ac­tuar, can­tar o bai­lar, tie­nes que tra­ba­jar du­ro, más que preo­cu­par­te si es­tás lin­da o por el co­lor del tin­te. Lo ideal es que ten­gas una ba­se que te sos­ten­ga co­mo pro­fe­sio­nal. Lo que le pue­do de­cir a los jó­ve­nes es que no se preo­cu­pen tan­to por vi­vir en el gim­na­sio sino que cul­ti­ven su ce­re­bro, su al­ma y su co­ra­zón. Es más im­por­tan­te apren­der, cul­ti­var­te co­mo ser hu­mano por­que la be­lle­za fí­si­ca al fi­nal se aca­ba. ¿ Qué ne­ce­si­ta una mu­jer pa­ra triun­far en la vi­da? Es re­la­ti­vo. Hay que de­jar de la­do lo que la so­cie­dad cree que es triun­far. En mi cri­te­rio uno triunfa cuan­do es fe­liz. Cuan­do ha­ces lo que quie­res y eres fe­liz ha­cién­do­lo, cuan­do con­si­gues lo que tu co­ra­zón an­he­la, ahí triun­fas. En­ton­ces sos fe­liz... Has­ta hoy en día soy fe­liz. Pa­ra lle­gar a es­ta si­tua­ción tra­ba­jé muy du­ro en mí, por­que des­de ni­ños car­ga­mos una ‘mo­chi­la’ que nos las im­po­nen nues­tros pa­dres, sin dar­se cuen­ta, don­de hay co­sas bue­nas y ma­las y ge­ne­ral­men­te las ma­las son las que más nos ocu­pan, afli­gen, ge­ne­ran mie­dos, in­se­gu­ri­da­des y ne­ga­ti­vis­mo. Ahí es que te­ne­mos que tra­ba­jar y ha­cer­nos car­go y mo­di­fi­car nues­tra ac­ti­tud an­te la vi­da. ¿ Y cuál es tu ac­ti­tud? Bus­co mi fe­li­ci­dad to­dos los días, me le­van­to con la con­sig­na de ser fe­liz. No es que no llo­re ni me pon­ga tris­te, pe­ro na­da es más fuer­te que mis ga­nas de ser fe­liz. En al­gún mo­men­to me mo­les­to, me enojo o lloro pe­ro ga­na mi ac­ti­tud que es po­si­ti­va an­te la vi­da, con la ayu­da de Dio­si­to. Sos muy cre­yen­te... Creo mu­cho en Dios, voy a mi­sa ca­da que pue­do, pe­ro ten­go mis re­pa­ros con la Igle­sia. Creo que nues­tro Crea­dor nos ha traí­do a la tie­rra pa­ra ser fe­li­ces, la­men­ta­ble­men­te la re­li­gión des­de muy pe­que­ños nos in­cul­ca el mie­do y la cul­pa y eso no te de­ja avan­zar. Me en­can­ta el pa­pa Fran­cis­co por­que ha cam­bia­do es­to y nos es­tá en­se­ñan­do que te­ne­mos que ser fe­li­ces y dar amor. Cris­to vino a la tie­rra pa­ra en­se­ñar­nos a amar y a ser fe­li­ces, no quie­re que su­fra­mos, sino que apren­da­mos de to­do lo que nos to­ca vi­vir. No ten­ga­mos mie­do de ser fe­li­ces, dis­fru­té­mos­lo, vi­va­mos el hoy y el pre­sen­te. Su vo­ca­ción Tra­ba­jás du­ro... Me en­can­ta lo que ha­go, lo dis­fru­to. Es­toy fe­liz de ha­cer tea­tro tam­bién. Los sue­ños se cum­plen cuan­do uno se es­fuer­za y tra­ba­ja. Siem­pre doy lo me­jor de mí. ¿ Tea­tro o te­le­vi­sión? Amo las dos co­sas por igual. Son dos emo­cio­nes dis­tin­tas. En el tea­tro la res­pues­ta es in­me­dia­ta, no así en la te­le­vi­sión. Ca­da co­sa tie­ne su en­can­to. Aho­ra quie­ro ha­cer más cine. ¿ Có­mo ha­cés pa­ra te­ner tan­tas ener­gía y tra­ba­jar tan­to? Dio­si­to me man­dó con mu­cha ener­gía y a eso se su­ma que me apa­sio­na lo que ha­go.

las puer­tas?¿ Al­gu­na vez se te ce­rra­ron Por su­pues­to. Mu­chas ve­ces, pe­ro ten­go la fi­lo­so­fía de que to­do lle­ga en el mo­men­to justo y lo que es pa­ra ti no te lo qui­ta na­die. ¿Hay al­go que te qui­te el sue­ño por no ha­ber­lo con­se­gui­do? Ten­go to­da una vi­da por de­lan­te y mu­chos pro­yec­tos que se van a ir or­de­nan­do en el ca­mino pa­ra ver cuá­les son a cor­to, me­diano o lar­go pla­zo. Por aho­ra na­da me qui­ta el sue­ño, soy fe­liz y me sien­to rea­li­za­da con lo que he lo­gra­do. Además de ac­tuar, ¿cuál es tu otra pa­sión? Bai­lar. Es otra de mis gran­des pa­sio­nes, tan­to co­mo el tea­tro. Bai­lo has­ta en la du­cha. ¿Y can­tar? To­do lo que tie­ne que ver con el ar­te, me apa­sio­na. En Mam­ma

mía can­to. He des­cu­bier­to que es al­go que pue­do ex­plo­tar y voy a pre­pa­rar­me pa­ra ha­cer­lo me­jor y ser una ac­triz más com­ple­ta. De no ser ac­triz, ¿qué se­rías? Amo a los ani­ma­les, qui­zá ha­ya si­do mé­di­co ve­te­ri­na­ria, es una ca­rre­ra lin­da, pe­ro a la vez bien fuer­te, por­que hay que te­ner un ca­rác­ter es­pe­cial pa­ra so­por­tar que a ve­ces no pue­das sal­var. ¿Qué has he­cho pa­ra que la fa­ma no se te suba a la ca­be­za? No ten­go por qué. To­dos so­mos igua­les, so­lo te­ne­mos di­fe­ren­tes opor­tu­ni­da­des y na­ce­mos con un pro­pó­si­to, el mío es dar amor y ale­gría a la gen­te con mi tra­ba­jo. Así soy fe­liz, no ten­go por qué creer­me más que el mé­di­co o que la se­cre­ta­ria. Siem­pre me di­go, si Jesús sien­do el hi­jo de Dios fue hu­mil­de, ¿qué so­mos no­so­tros pa­ra creer­nos al­go? ¿ Cuan­do no es­tás ac­tuan­do qué dis­fru­tás ha­cer? En mis ra­tos li­bres me en­can­ta ir al cine, dis­fru­tar de una bue­na co­mi­da. Via­jar, es uno de mis pa­sa­tiem­pos pre­fe­ri­dos. Me apa­sio­na leer, lo ha­go por lo me­nos una ho­ra al día. Ha­ce años me co­nec­té con la lec­tu­ra y lo dis­fru­to por­que me co­nec­to con­mi­go mis­ma, me re­la­jo, me ba­ja las re­vo­lu­cio­nes y me ha­ce pa­sear por los di­fe­ren­tes lu­ga­res don­de lle­va la li­te­ra­tu­ra. Aca­bo de ter­mi­nar un li­bro de Re­na­to Cis­ne­ros y co­men­cé con La

li­te­ra­tu­ra na­zi en Amé­ri­ca, del es­cri­tor chi­leno Ro­ber­to Bo­la­ño. Hay que in­cen­ti­var más la lec­tu­ra. ¿Has via­ja­do mu­cho? Ca­da que pue­do me es­ca­po a al­gún lu­gar del mun­do o de Pe­rú, pa­ra ver otro ti­po de reali­da­des. Me gus­ta­ría co­no­cer Eu­ro­pa y Asia pa­ra co­no­cer un po­co de to­das las cul­tu­ras, eso te abre la men­te y el co­ra­zón. ¿ Cuál es el me­jor lu­gar pa­ra va­ca­cio­nar? Aun­que me gus­tan los lu­ga­res don­de ha­ce ca­lor, y no ne­ce­sa­ria­men­te que ten­ga pla­ya, creo que

3 ELEN­CO DE AFHS ES CO­MO UNA FA­MI­LIA En un pa­rén­te­sis de las gra­ba­cio­nes Lle­van tan­to tiem­po tra­ba­jan­do jun­tos que se con­si­de­ran una gran fa­mi­lia. To­dos se ayu­dan, han crea­do una gran amis­tad, que tras­pa­sa el set de las gra­ba­cio­nes.

2 SUS MÁS GRAN­DES PA­SIO­NES Co­men­zó bai­lan­do Sus pri­me­ros pi­ni­nos en la te­le­vi­sión fue­ron co­mo bai­la­ri­na en Ani­ma­teens. Ha par­ti­ci­pa­do y ga­na­do con­cur­sos de bai­le. En 2014 for­mó par­te del elen­co de la película La­na­va­ja­de do­nJuan.

1 JUN­TO A RE­CO­NO­CI­DOS AC­TO­RES La fa­ma le lle­gó con la se­rie AFHS Era una chi­qui­lla cuan­do em­pe­zó en la no­ve­la. Cree que gra­cias al apo­yo de gran­des ac­to­res ha cre­ci­do mu­cho co­mo ac­triz.

4 UNA DE LAS MÁS BE­LLAS DE PE­RÚ Tam­bién se las da de mo­de­lo En la ex­tre­ma iz­quier­da, fotos de la pro­duc­ción pa­ra la re­vis­ta Vian Ma­ga­zi­ne que mues­tran su be­lle­za y sen­sua­li­dad. Es con­si­de­ra­da co­mo una de las mu­je­res más be­llas de Pe­rú. 3 SU HÉROÍNA, SU AMOR Y SU TO­DO Son muy uni­das con su ma­dre Aun­que no vi­ven jun­tas, Na­ta­niel siem­pre bus­ca un tiem­po pa­ra ver a su ma­má, a quien con­si­de­ra co­mo su me­jor ami­ga y su más gran­de amor.

5 SUS CUA­TRO COM­PA­ÑE­ROS DE VI­DA Es aman­te de los ga­tos y los pe­rros En su de­par­ta­men­to tie­ne un pe­rro y tres ga­tos y don­de su ma­dre hay 13 fe­li­nos y cua­tro ca­nes, mu­chos de ellos res­ca­ta­dos de la ca­lle. Quie­re crear un al­ber­gue pa­ra ani­ma­les aban­do­na­dos.

1 ADO­LES­CEN­TE HER­MO­SA Y TRA­BA­JA­DO­RA Pro­duc­ción al ai­re pa­ra su pro­gra­ma En es­ta fo­to mo­de­ló al vi­vo pa­ra el pro­gra­ma Ma­ríaPía­yTi

mo­teo, cuan­do te­nía so­lo 13 años. Sus be­llos ojos le po­nen el mar­co a su lin­do ros­tro.

2 UNA NI­ÑA CON CA­RA AN­GE­LI­CAL Cuan­do ya so­ña­ba con ac­tuar Des­de ni­ña ya sa­bía lo que que­ría. Era una ni­ña tran­qui­la, pe­ro cuan­do se tra­ta­ba de ac­tuar en su co­le­gio, siem­pre es­ta­ba pre­sen­te.

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