RE­GRE­SO MU­SI­CAL

HA DE­JA­DO LA PO­LÍ­TI­CA PA­RA VOL­VER A LO QUE MÁS LE APA­SIO­NA

El Deber - Extra (Bolivia) - - PORTADA -

Asus cua­tro años Ed­win Cas­te­lla­nos Men­do­za (50) te­nía muy cla­ro lo que que­ría ser. Ape­nas po­día al­can­zar el piano pe­ro apren­dió a to­car­lo de una for­ma ma­gis­tral. Lue­go, co­mo es zur­do, de for­ma au­to­di­dac­ta apren­dió a to­car la gui­ta­rra con la mano iz­quier­da. Mien­tras los otros ni­ños de su edad pe­dían ju­gue­tes y ca­mion­ci­tos pa­ra Na­vi­dad, él que­ría que le re­ga­len ins­tru­men­tos mu­si­ca­les.

Su vi­da no fue fá­cil, ya que cuan­do ape­nas te­nía dos años, sus pa­dres se se­pa­ra­ron y él so­lo vol­vió a sa­ber de su pro­ge­ni­tor, Ama­do Cas­te­lla­nos (+), cuan­do ya era adul­to. No obs­tan­te, el amor, el tra­ba­jo y la de­di­ca­ción de su ma­dre, Tu­la Án­ge­la Men­do­za, fue­ron su­fi­cien­tes pa­ra que él y su her­mano, Ró­ger sa­lie­ran ade­lan­te. Tie­ne va­rios her­ma­nos por par­te de pa­dre, pe­ro no los co­no­ce a to­dos por la po­ca re­la­ción que tu­vo con su pro­ge­ni­tor.

Nos re­ci­bió en su es­tu­dio si­tua­do en el se­gun­do pi­so de la ca­sa de su ma­má, en el pa­si­llo Ju­lio Paz de la zo­na cen­tral de Co­cha­bam­ba. La mú­si­ca de su úl­ti­mo dis­co, Ro­sas, que aca­ba de sa­lir al mer­ca­do en los pri­me­ros días de oc­tu­bre, le pu­so un bo­ni­to mar­co a la pri­me­ra par­te de la en­tre­vis­ta. Con es­te nue­vo dis­co, Ed­win ase­gu­ra que ini­cia una nue­va eta­pa de su vi­da en la que de­ja de la­do las po­lé­mi­cas ge­ne­ra­das por su pa­so por la po­lí­ti­ca y re­gre­sa a lo que más le gus­ta y lo apa­sio­na.

Su es­tu­dio es­tá lleno de fo­to­gra­fías que mues­tran su lar­ga tra­yec­to­ria mu­si­cal, des­de sus ini­cios, y en es­pe­cial de los Kjar­kas, Pa­chas y Tu­pay. Ade­más tie­ne una ofi­ci­na don­de hay va­rios re­tra­tos de su ges­tión co­mo al­cal­de, de su ami­go, el pre­si­den­te Evo Mo­ra­les, que lo con­ven­ció pa­ra de­jar lo que más le apa­sio­na pa­ra in­gre­sar a la po­lí­ti­ca, y tam­bién al­gu­nas antigüedades re­la­cio­na­das con la mú­si­ca.

Un gran piano de co­la es lo pri­me­ro que se ve al en­trar a su ca­sa, si­tua­da en la zo­na de Te­lé­fo­nos. Va­rios ador­nos de hom­bres con gui­ta­rra y con trom­pe­ta dan la bien­ve­ni­da. Es un hom­bre muy ser­vi­cial y ami­gue­ro, pe­ro a la vez muy ape­ga­do a su fa­mi­lia. Ha­ce 23 años que es­tá ca­sa­do con Clau­dia Man­ci­lla, con quien tie­ne cua­tro hi­jos: Pa­me­la (22), Da­nie­la (18), Keny (12) y Clau­dia (8). Ed­win tie­ne otras tres hi­jas, Joha­na (26), la ma­yor de to­das que vi­ve en Es­ta­dos Uni­dos, Na­ta­lia (19) y Na­ta­lia (17).

“Siem­pre es­tá fe­liz y rien­do, es el hom­bre más ale­gre que he co­no­ci­do, siem­pre es­tá chis­tean­do. Es un ex­ce­len­te pa­pá, se preo­cu­pa

ERA UN BOHE­MIO EM­PE­DER­NI­DO PE­RO TU­VE QUE ELE­GIR EN­TRE VI­VIR SOL­TE­RO O TE­NER UNA FA­MI­LIA ME GUS­TA DI­VER­TIR­ME Y BRO­MEAR CON MIS HI­JOS Y CUL­TI­VAR SU SEN­TI­DO DEL HU­MOR

por el bies­tar de sus hi­jos. Él ha­ce las com­pras y es el que de­ci­de el me­nú dia­rio. Él sa­be co­ci­nar de to­do, yo soy un ce­ro a la iz­quier­da en eso”, ase­gu­ra Clau­dia.

Su ma­tri­mo­nio tie­ne dos fa­ce­tas. Se co­no­cie­ron en Ca­pi­no­ta, el pue­blo de su ma­má y don­de Ed­win lle­gó a can­tar con los Kjar­kas. Año y me­dio des­pués se ca­sa­ron y a los 10 años se di­vor­cia­ron. Es­tu­vie­ron se­pa­ra­dos cua­tro años, tiem­po en el que ella, jun­to con sus dos hi­jas ma­yo­res, Pa­me­la ( 22) y Da­nie­la ( 18), se fue­ron a Ale­ma­nia. Al re­tor­nar re­to­ma­ron su re­la­ción y se vol­vie­ron a ca­sar.

“Es di­fí­cil la vi­da jun­to a un mú­si­co por­que to­do el tiem­po es­tá via­jan­do y fue­ra de la ca­sa y en fies­tas. Gra­cias a Dios, hi­zo su obra y su vi­da cam­bió. Aho­ra es un ex­ce­len­te es­po­so y el me­jor pa­pá”, afir­ma Clau­dia.

Sus hi­jas, Pa­me­la y Da­nie­la, coin­ci­den en de­cir que su pa­dre es un pa­pá con­sen­ti­dor, un hom­bre op­ti­mis­ta, so­ña­dor, tra­ba­ja­dor, ca­ris­má­ti­co y muy chis­to­so y que siem­pre les ha in­cul­ca­do que to­do es po­si­ble y que de­ben lu­char por lo que quie­ren.

“Nos en­se­ñó bue­nos va­lo­res y que hay co­sas en nues­tra fa­mi­lia que no se ne­go­cian, co­mo la ho­nes­ti­dad, el apo­yo mú­tuo y el amor in­con­di­cio­nal en­tre her­ma­nos y con mis pa­pás. Lo que más me gus­ta es que so­mos una fa­mi­lia muy uni­da”, in­di­ca Da­nie­la.

El ‘ Cho­lan­go’ fue can­di­da­to a al­cal­de de Co­cha­bam­ba por el MAS. Ga­nó las elec­cio­nes. En­ca­ró va­rias obras en su ciu­dad, pe­ro uno de los dis­tri­bui­do­res via­les tu­vo un co­lap­so en su pla­ta­for­ma, por lo que fue muy cues­tio­na­do. Él afir­ma que no es su res­pon­sa­bi­li­dad y que la Con­tra­lo­ría ha de­ter­mi­na­do que sí lo es de la em­pre­sa cons­truc­to­ra. No qui­so vol­ver a can­di­da­tear y cree que ha cum­pli­do un ci­clo pa­ra vol­ver a la sen­da que lo hi­zo po­pu­lar, por­que es au­tor de va­rias can­cio­nes em­ble­má­ti­cas con los Kjar­kas co­mo Sin ella, El pi­ca­flor, Son tan­tas no­ches, Ne­gri­ta, De­ja­rás y Re­cuer­dos. ¿Qué le ha da­do la mú­si­ca? To­do. Con los Kjar­kas, tu­ve la opor­tu­ni­dad de tras­cen­der y vi­vir bien. To­do lo que ten­go es gra­cias a la mú­si­ca. Soy un com­po­si­tor que re­ci­be mu­chas re­ga­lías por­que mis can­cio­nes se las es­cu­cha en to­do el mun­do. Me ha da­do bie­nes­tar eco­nó­mi­co. ¿Es fá­cil vi­vir de la mú­si­ca? En nin­gún lu­gar es fá­cil vi­vir bien de la mú­si­ca. Hay can­tan­tes que sí lo ha­cen, y es­tán los ‘ top top’, co­mo los Kjar­kas, que vi­ven de­ma­sia­do bien (ri­sas). ¿En qué se ins­pi­ra? En el amor, el desamor que creo que es una fuen­te inago­ta­ble de ins­pi­ra­ción y di­fe­ren­tes si­tua­cio­nes y eta­pas de la vi­da.

Su prin­ci­pal mo­tor

¿Có­mo fue li­diar en­tre su ca­rre­ra y su fa­mi­lia? Co­men­cé muy pe­que­ño. A mis 14 años for­mé mi pri­mer gru­po Pro­yec­ción Kjar­kas. A mis 17 ya es­ta­ba en los Kjar­kas. Ten­go 35 años de mú­si­co y la vi­da del ar­tis­ta es muy com­pli­ca­da por los via­jes, los ho­ra­rios. Uno se au­sen­ta mu­cho, pe­ro se pue­de equi­li­brar y ha­cer lle­va­de­ra la fa­mi­lia, cuan­do tu pa­re­ja en­tien­de que es tu pro­fe­sión. El mú­si­co tie­ne mu­chas ten­ta­cio­nes... Siem­pre las hay, pe­ro uno tie­ne que de­ci­dir. El ma­tri­mo­nio im­pli­ca com­pro­mi­so y re­glas que se de­ben cum­plir, por­que si no es di­fí­cil man­te­ner una fa­mi­lia uni­da. ¿Era bohe­mio? Sí. Era un bohe­mio em­pe­der­ni­do por­que las no­ches son her­mo­sas; pe­ro tu­ve que ele­gir, se­guir con la vi­da de sol­te­ro, por­que no hay mu­jer que aguante a un bohe­mio, con mu­cha li­ber­tad y a la vez so­le­dad, o vi­vir el di­se­ño de Dios pa­ra no­so­tros co­mo pa­re­ja. De­ci­dí te­ner a mi fa­mi­lia y es lo más acer­ta­do que hi­ce. Ya lle­va­mos 23 años jun­tos con al­gu­nos in­ter­va­los, que su­pi­mos su­pe­rar. ¿Fue fá­cil? Siem­pre di­go que lo más di­fí­cil es apren­der a go­ber­nar a su fa­mi­lia y cuan­do uno lo lo­gra, pue­de go­ber­nar lo que sea. Lo fun­da­men­tal pa­ra un ser hu­mano fe­liz es te­ner una fa­mi­lia só­li­da y uni­da. ¿Có­mo es co­mo pa­pá? Me con­si­de­ro un buen pa­pá, muy de­di­ca­do. Me gus­ta di­ver­tir­me y bro­mear con ellos pa­ra cul­ti­var su sen­ti­do del hu­mor. En una en­tre­vis­ta que le hi­cie­ron a mi hi­ja me­nor en el co­le­gio, di­jo: “Mi pa­pá es un hom­bre que siem­pre es­tá fe­liz” Eso me lle­nó de sa­tis­fac­ción. Me gus­ta ser ami­go de mis hi­jos. ¿Y có­mo es­po­so? Tra­to de ser lo me­jor po­si­ble, la vi­da en pa­re­ja es com­pli­ca­da. Se unen dos per­so­nas que so­lo se quie­ren, pe­ro han si­do cria­das de ma­ne­ras di­fe­ren­tes, con dis­tin­tas for­mas de pen­sar y que de­ben en­con­trar pun­tos en co­mún pa­ra lle­var una vi­da jun­tos. Creo que he

lo­gra­do ser un buen es­po­so. Soy muy ro­mán­ti­co y ca­ri­ño­so. Clau­dia ha si­do fuen­te de ins­pi­ra­ción pa­ra al­gu­nas can­cio­nes. ¿Có­mo ha­ce pa­ra es­tar fe­liz? Es mi for­ma de vi­da. Ver a mi fa­mi­lia me po­ne fe­liz, es­cu­char un tra­ba­jo mío, ver un lo­gro, ver una obra mía, aun­que la en­tre­gue otro al­cal­de, me ro­ba una son­ri­sa. Es­cu­char una bue­na mú­si­ca y co­ci­nar, me po­ne con­ten­to. Me ha­ce fe­liz jun­tar a mi fa­mi­lia y com­par­tir con mis ami­gos y tra­to de que sea lo más se­gui­do po­si­ble, por­que la vi­da pa­sa muy rá­pi­do. ¿Có­mo fue su vi­da? Bas­tan­te tran­qui­la. Mi her­mano Ró­ger y yo nos cria­mos so­lo con mi ma­má, que es to­do pa­ra mí. Es una mu­jer ex­cep­cio­nal que nos dio to­do, a pe­sar de las li­mi­ta­cio­nes, nos dio la me­jor edu­ca­ción. Ella era pro­fe­so­ra de tres co­le­gios y en­ci­ma te­nía alum­nos par­ti­cu­la­res. Tra­ba­jó du­rí­si­mo pa­ra que no nos fal­te na­da. No tu­vi­mos mu­cha suer­te con mi pa­pá, no se pue­de te­ner suer­te en to­do, al­go te­nía que sa­lir mal (ri­sas). ¿Y su ni­ñez? Fue muy lin­da. Fui muy que­ri­do y mi­ma­do por mi ma­má, co­mo el su­rra­pi­to. To­do lo re­la­ciono con la mú­si­ca por­que co­men­cé muy ni­ño y me apa­sio­na­ba to­car to­dos los ins­tru­men­tos que po­día. Co­mo no ha­bía mu­chos ni­ños de mi edad con la mis­ma vo­ca­ción, me re­la­cio­na­ba con gen­te ma­yor. ¿No criar­se con su pa­pá no lo mar­có? No. Lo co­no­cí ya en adul­to por­que te­nía cu­rio­si­dad y tu­vi­mos una amis­tad, los años que se pier­den con los hi­jos no hay co­mo re­cu­pe­rar­los. Hay que dis­fru­tar los po­cos mo­men­tos que se tie­ne con ellos por el tra­ba­jo, y tra­tar que sean de ca­li­dad.

Los ami­gos y la po­lí­ti­ca

¿De dón­de vie­ne su apo­do? Me lo pu­so Evo, a raíz de que com­pu­se pa­ra Tu­pay la can­ción

El cho­le­ro, una can­ción muy fa­mo­sa que tie­ne 27 ver­sio­nes en el mun­do, en to­do rit­mo. Él me de­cía cho­le­ro, pe­ro lue­go pen­só que te­nía una ma­la con­no­ta­ción y que no coin­ci­día con­mi­go, en­ton­ces me apo­dó ‘Cho­lan­go’. Me pa­re­cía ra­ro al co­mien­zo, pe­ro tu­ve que re­sig­nar­me. A la que me­nos le

gus­ta­ba era a mi ma­má. Con el tiem­po me fui dan­do cuen­ta que to­dos te­ne­mos al­go de ‘Cho­lan­go’ y por eso le agra­da­ba a la gen­te, tan­to que mis pro­pa­gan­das fue­ron con ese apo­do que pe­gó bien. Tie­ne mu­chos ami­gos... Sí. Creo que hay más amor en la amis­tad que en el pro­pio amor de pa­re­ja. Me con­si­de­ro un buen ami­go, soy muy en­tre­ga­do y leal. ¿Qué días más dis­fru­ta? Los sá­ba­dos, por­que com­par­to con mi fa­mi­lia y ami­gos y los do­min­gos por­que va­mos a nues­tra igle­sia cris­tia­na con mi es­po­sa e hi­jos a es­cu­char la pa­la­bra de Dios. Creo que cuan­do uno lle­va a sus hi­jos des­de chi­cos a la igle­sia no los va a re­co­ger fá­cil­men­te de la cár­cel. No po­de­mos vi­vir sin fe, las per­so­nas que he­mos co­no­ci­do ver­da­de­ra­men­te al Pa­dre, y tra­ta­mos de vi­vir ba­jo su ley, es­ta­mos pro­te­gi­dos. Si Dios es­tá con no­so­tros, ¿quién con­tra no­so­tros? De mú­si­co ga­nó mu­chos ami­gos, ¿y de po­lí­ti­co? Co­mo siem­pre di­go, cuan­do ha­ces mú­si­ca eres del en­te­ro y cuan­do ha­ces po­lí­ti­ca eres del par­ti­do (ri­sas). En la mú­si­ca se ga­na ami­gos, es un uni­ver­so don­de los sec­to­res so­cia­les se unen y pue­den dis­fru­tar de tu ar­te; si no les gus­ta una can­ción, cam­bian de dial y lis­to. En la po­lí­ti­ca, si uno ga­na, se crea enemi­gos. Hay gen­te que se sien­te afec­ta­da en sus in­tere­ses y es im­po­si­ble que te mi­re con amor. ¿Tie­ne enemi­gos po­lí­ti­cos? No pue­do de­tec­tar un enemi­go en par­ti­cu­lar, pe­ro hay gen­te que tie­ne mie­do que vuel­va a la po­lí­ti­ca por­que go­zo del ca­ri­ño de la gen­te. Aho­ra es­toy en for­ma pa­si­va. No pre­ten­do nin­gún car­go. ¿Vol­ve­ría a ser can­di­da­to? Fue un com­pro­mi­so gran­de con Co­cha­bam­ba, y con Evo Mo­ra­les. Yo di­ría que no, por­que ten­go mu­chos sue­ños por cum­plir con la mú­si­ca, co­mo tras­cen­der y ser muy fa­mo­so fue­ra del país. ¿Me­jor es­tá de mú­si­co? Por su­pues­to. No hay com­pa­ra­ción en­tre la mú­si­ca y la po­lí­ti­ca.

Un hom­bre muy gus­to­so

¿ Qué pla­to co­cha­bam­bino un tu­ris­ta no pue­de de­jar de pro­bar en su Llaj­ta? Hay va­rios co­mo el chi­cha­rrón, es­ca­be­chi, en­rro­lla­do, lap­pin, sil­pan­cho, ran­ga, fri­ca­sé. Si co­men pi­can­te, es im­per­di­ble un buen pi­que ma­cho. Nues­tra gas­tro­no­mía es ex­ce­len­te, por eso so­mos gor­di­tos los co­cha­las. ¿Cuál es su pla­to fa­vo­ri­to? No ten­go uno. Soy muy gus­to­so y soy el que ha­go el me­nú en mi ca­sa. Me en­can­ta co­mer los pi­can­tes y to­da co­mi­da que ten­ga ju­gui­to, al igual que la car­ne a la pa­rri­lla. ¿Qué no co­me­ría nun­ca? No me gus­ta el arroz con le­che. Tam­po­co le ten­go afec­to al arroz con que­so, lo pre­fie­ro gra­nea­do. ¿Su rin­cón pre­fe­ri­do? En mi ca­sa, me en­can­ta sen­tar­me en mi piano y to­car. Eso me re­la­ja. Otro es mi es­tu­dio, don­de pue­do ca­na­li­zar to­dos mis co­no­ci­mien­tos mu­si­ca­les y mi ins­pi­ra­ción pa­ra pro­du­cir mú­si­ca. Ahí las ho­ras se me pa­san vo­lan­do. ¿Y de Co­cha­bam­ba? Es una ciu­dad en­can­ta­do­ra, con un cli­ma muy be­né­vo­lo. Tie­ne pa­rea­jes muy her­mo­sos co­mo las cam­pi­ñas y sus pro­vin­cias. La mis­ma ciu­dad tie­ne lu­ga­res muy her­mo­sos co­mo el Par­que de las aguas dan­zan­tes, que es una de las obras más her­mo­sas de mi ges­tión co­mo al­cal­de. ¿Qué es lo que más ama? Pri­me­ro a Dios, lue­go a mi fa­mi­lia y des­pués la mú­si­ca, que es el ai­re que res­pi­ro a dia­rio. Me apa­sio­na, no sé có­mo pu­de es­tar cin­co años ha­cien­do otra co­sa que no sea es­to. Quie­ro mo­rir sien­do mú­si­co. ¿Que no so­por­ta? Las in­jus­ti­cias, la co­rrup­ción y la men­ti­ra. Siem­pre di­go la ver­dad, aun­que me oca­sio­ne pro­ble­mas y me mo­les­ta la gen­te flo­ja. ¿Tu­vo mo­men­tos di­fí­ci­les? Cuan­do acep­té ser can­di­da­to a la Al­cal­día por­que tu­ve que de­jar la mú­si­ca y cuan­do de­ci­dí no ir a la re­elec­ción fue­ron mo­men­tos di­fí­ci­les. Tam­bién fue du­ro cuan­do de­ci­di­mos, con Fernando To­rri­co, de­jar los Kjar­kas. ¿Qué no le pue­de fal­tar en su día a día? Una ta­za de ca­fé en la ma­ña­na o en la tar­de y el al­muer­zo con mi fa­mi­lia, aun­que es­te­mos con pro­ble­mas y com­pli­ca­dos, siem­pre co­me­mos jun­tos. Ese mo­men­to im­por­tan­te pa­ra no­so­tros. ¿Le gus­tan los lu­jos? No. El úni­co lu­jo que me he da­do es com­prar­me un au­to 0 Km. ¿Si tu­vie­ra que cam­biar al­go en su vi­da, qué se­ría? Na­da. Soy fe­liz con to­do lo que he vi­vi­do, con acier­tos y erro­res. ¿Qué le gus­ta es­cu­char? To­do ti­po de mú­si­ca. Soy un po­co re­nuen­te a la mú­si­ca en in­glés, Me gus­ta la mú­si­ca re­gio­nal, por ejem­plo la sal­sa de Cu­ba y Puer­to Ri­co, el me­ren­gue de Re­pú­bli­ca Do­mi­ni­ca­na, el vals pe­ruano, la zam­ba, la cha­ca­re­ra y el tan­go ar­gen­ti­na, lo amo. ¿Y pa­ra bailar? No soy muy buen bai­la­rín, pe­ro me gus­ta la cue­ca y el hua­y­ño. ¿Cuál es su pa­sa­tiem­po? Es­cu­char mú­si­ca, leer no­ve­las y ver co­sas in­tere­san­tes. Mi­rar al­gu­nos pro­gra­mas de te­le­vi­sión. Me gus­ta ver a Ti­ne­lli. ¿Ha­ce de­por­tes? Es un ítem pen­dien­te, pe­ro ya no hay mu­cho tiem­po pa­ra cum­plir­lo. Fue al­go muy des­cui­da­do en mi vi­da, por­que nun­ca me atra­jo. No ten­go mu­chas con­di­cio­nes pa­ra el de­por­te. A la fuer­za me subo a la ca­mi­na­do­ra (ri­sas)

“NO VOL­VE­RÍA A SER CAN­DI­DA­TO POR­QUE TEN­GO MU­CHOS SUE­ÑOS... QUIE­RO TRAS­CEN­DER CON LA MÚ­SI­CA Y SER MUY FA­MO­SO FUE­RA DEL PAÍS”

To­ca la gui­ta­rra con la iz­quier­da Co­mo es zur­do de na­ci­mien­to, tu­vo que apren­der a to­car la gui­ta­rra sin cam­biar las cuer­das y mo­di­fi­can­do to­dos los acor­des. Si bien es can­tan­te, no le gus­tan los ka­rao­kes, pe­ro sí las gui­ta­rrea­das.

Con su can­tan­te hi­cie­ron el vi­deo de una de las can­cio­nes de su úl­ti­mo dis­co, Gra­ba­ron con la Or­ques­ta de Cá­ma­ra del mu­ni­ci­pio de San Jo­sé. Con Ri­mer Gua­cha­lla gra­ban­do La pu­ña­la­da Ro­sas.

Su es­tu­dio es un lu­gar don­de las ho­ras se le pa­san vo­lan­do. Fran­klin Ma­ma­ni es un téc­ni­co de so­ni­do y gra­ba­ción que tra­ba­ja con Ed­win ha­ce me­dio año. En uno de sus rin­co­nes fa­vo­ri­tos

Pa­me­la y Da­nie­la son el fru­to de su unión con Clau­dia; des­pués que se se­pa­ra­ron y se vol­vie­ron a ca­sar, na­cie­ron Keny y Clau­dia. Com­ple­tan su fa­mi­lia otras tres hi­jas: Joha­na, Ca­mi­la y Na­ta­lia. Con dos de sus seis hi­jas

To­da su vi­da es­co­lar, des­de el kín­der has­ta que se gra­duó en 1983, trans­cu­rrió en el co­le­gio An­glo Ame­ri­cano, de Co­cha­bam­ba. Siem­pre de­mos­tra­ba su ta­len­to. En su eta­pa es­co­lar

Des­pués de su pri­mer di­vor­cio, se ca­só en 1993, con Clau­dia Man­ci­lla, una abo­ga­da que es su com­pa­ñe­ra de vi­da, des­de ha­ce 23 años. Se ca­só en se­gun­das nup­cias

No era un chi­co co­mún. Su vi­da siem­pre es­tu­vo li­ga­da a la mú­si­ca. Se em­pe­ñó en apren­der a to­car va­rios ins­tru­men­tos, en­tre ellos el piano, el te­cla­do, la gui­ta­rra y el acor­deón. De­di­ca­do des­de ni­ño a su vo­ca­ción

Des­pués que de­ja­ron Pa­chas y los Kjar­kas, am­bos de­ci­die­ron crear Tu­pay. Tra­ba­ja­ron jun­tos has­ta que To­rri­co se fue a vi­vir a Es­ta­dos Uni­dos. Con Fernando To­rri­co for­ma­ron Tu­pay

Con los Kjar­kas gra­bó mu­chí­si­mas can­cio­nes. Lue­go es­tu­vo en Pa­chas y fi­nal­men­te fun­dó el dúo Tu­pay. Com­po­si­tor de unas 100 can­cio­nes

Tie­ne seis hi­jas mu­je­res y un va­ron­ci­to, que es su pe­núl­ti­mo hi­jo, que le cum­plió el sue­ño de te­ner un hom­bre­ci­to. Si bien le gus­ta un po­co la mú­si­ca, por aho­ra Keny se de­di­ca más a ju­gar fút­bol. Con su úni­co hi­jo va­rón

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