“EN LA VI­DA UNO SE CIE­RRA MU­CHO Y NO LO IN­TEN­TA ... ES EN ES­TA CLA­SE DE COM­PE­TEN­CIAS QUE TE DAS CUEN­TA DE QUE SÍ SE PUE­DE ”

El Deber - Extra (Bolivia) - - Personaje -

que­dó la cos­tum­bre de co­mer to­do el día, re­cuer­do enor­mes ban­que­tes.

¿Tu pa­dre te in­tro­du­jo en el mun­do de las ca­rre­ras?

To­do em­pe­zó cuan­do com­pró una mo­to en el 97 y fue la pri­me­ra vez que me su­bí a una, sa­lía­mos to­dos los sá­ba­dos, de ahí la aga­rré y no la sol­té más.

Die­go fue el pri­me­ro en co­rrer, él ter­mi­nó el Da­kar a pe­sar del ac­ci­den­te de mi pa­pá (en 2013 se frac­tu­ró la pel­vis mien­tras co­rría en sue­lo pe­ruano). Jun­tos -el lla­ma­do Team Mar­tí­nez- nos lle­va­mos muy bien, pe­ro siem­pre hay esa preo­cu­pa­ción de que uno es­tá atrás y el otro ade­lan­te, pe­ro con­fían en mí. Mi pa­dre me com­pró mo­to des­de mis 13 años y yo acos­tum­bra­ba a ir con él a las ca­ra­va­nas por el Be­ni.

¿Có­mo se to­mó que que­rrás par­ti­ci­par del Da­kar?

No se lo di­je yo, fue mi her­ma­na, se lo sol­tó un día du­ran­te el al­muer­zo y era al­go que se veía ve­nir, pe­ro no le gus­tó mu­cho. En ju­lio su­pe que ha­bía si­do acep­ta­da y no me la creía, pen­sé que no iban a acep­tar­me de nue­vo. Cuan­do me lo co­mu­ni­ca­ron fi­nal­men­te, fue una sor­pre­sa.

Her­man­dad sin ma­chis­mo

Du­ran­te un Da­kar la vi­da se pa­re­ce a la que lle­van los gi­ta­nos, de aquí pa­ra acá, con mu­cho pol­vo del ca­mino, se co­me y se vis­te a la vis­ta de to­dos, es una co­mu­ni­dad.

¿Hay her­man­dad en­tre los com­pe­ti­do­res o to­do lo con­tra­rio? ¿ Al­gu­na vez te hi­cie­ron sen­tir mal?

Uno tie­ne que es­tar en­tre hom­bres, si te me­tis­te, ya no te que­da otra. Co­mo mu­jer, pue­de ser un po­qui­to in­có­mo­do.

Pe­ro he he­cho muy bue­nas amis­ta­des, me co­no­cen co­mo la

Los tru­cos

Al­gu­nos tips de sus maes­tros: pa­ra las cur­vas, pri­me­ro fre­nar con las llan­tas de ade­lan­te y lue­go con las de atrás. que siem­pre ayu­da y en el ca­mino me res­pe­tan los au­tos, no vie­nen a en­ca­ra­mar­se. Los ayu­do y me ayu­dan. Es­toy con­ten­ta por eso, no pen­sé que iba a ser así. Da­niel Maz­zuc­co, cam­peón del Da­kar, vino a Bolivia y me en­se­ñó a na­ve­gar; Ja­vier Piz­zo­li­to y Da­vid Cas­te­do son muy bue­nos, son gen­te co­no­ci­da, son pun­te­ros, les pa­gan pro­fe­sio­nal­men­te y me han en­se­ña­do tru­cos y tips y yo ¡wuau!, gra­cias.

De los bo­li­via­nos ¿quié­nes son tus más ami­gos?

Los co­noz­co a to­dos, con Fa­bri­cio Fuen­tes so­mos más cer­ca­nos, vie­ne a mi cum­plea­ños y cuan­do voy a Vi­lla Mon­tes es­toy con él, hay una es­pe­cie de her­man­dad ahí.

¿En qué apor­ta el ser co­rre­do­ra al cre­ci­mien­to per­so­nal?

En las ca­rre­ras se pre­sen­tan si­tua­cio­nes di­fí­ci­les que uno pien­sa que no pue­de ha­cer fren­te. En la vi­da uno se cie­rra mu­cho y no lo in­ten­ta, es­tas ca­rre­ras me han ayu­da­do a su­pe­rar­me sin im­por­tar las temperaturas ex­tre­mas o es­tar sin co­mer to­do el día. Te das cuen­ta de que sí se pue­de.

Fue­ra del traje, las bo­tas y el cas­co, Suany vuel­ve a ser una mu­jer co­rrien­te de 25 años, que ama co­ci­nar, re­vol­car­se en el pi­so pa­ra ju­gar con sus so­bri­nos y de­jar­se la­mer por sus pe­rros

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