DOS MAR­CO BULACIA, UNA MIS­MA PA­SIÓN

Su pro­ge­ni­tor con­si­de­ra que Marquito Bulacia tie­ne un gran po­ten­cial y que es­tá muy bien pre­pa­ra­do pa­ra lle­gar le­jos, no so­lo en el au­to­mo­vi­lis­mo na­cio­nal, sino tam­bién en el in­ter­na­cio­nal.

El Deber - Extra (Bolivia) - - Personaje -

Mar­co Bulacia Bar­ba co­men­zó a co­rrer a sus 29 años, a me­dia­dos del año 2002, cuan­do pu­do com­prar su pri­mer au­to pa­ra com­pe­tir y lo hi­zo con el pie de­re­cho, lo­gran­do su pri­me­ra vic­to­ria. Lue­go fue su­man­do otras. Con el trans­cu­rrir del tiem­po lle­ga­ron los tí­tu­los de­par­ta­men­ta­les y na­cio­na­les, has­ta con­ver­tir­se en un re­fe­ren­te del au­to­mo­vi­lis­mo en el país.

Des­de el año 2011 ha de­ja­do de la­do las com­pe­ten­cias na­cio­na­les y has­ta hoy en día so­lo es­tá abo­ca­do a par­ti­ci­par del Da­kar, en el que te­ni­do des­ta­ca­das par­ti­ci­pa­cio­nes.

La pa­sión que sien­te por el de­por­te tuer­ca se la trans­mi­tió a sus dos hi­jos va­ro­nes, quie­nes des­de muy pe­que­ños se han des­ta­ca­do en el mun­do del au­to­mo­vi­lis­mo.

“Co­rrer es mi pa­sión al igual que la de mis dos hi­jos va­ro­nes, Mar­co y Bruno. Ellos cre­cie­ron en­tre los au­tos de ca­rre­ra y los ta­lle­res. Jun­to son Susy siem­pre me acom­pa­ña­ron a to­das las com­pe­ten­cias en las que he par­ti­ci­pa­do y eso me ha­ce muy fe­liz y siem­pre me es­for­za­ba pa­ra que ellos se sien­tan or­gu­llo- sos”, ma­ni­fies­ta Mar­co, lue­go de re­mar­car que a su pe­que­ña Va­le­ria es a la úni­ca que so­lo le in­tere­sa el ba­llet y no quie­re sa­ber de mo­to­res.

Lo que más dis­fru­ta de par­ti­ci­par en el Da­kar es que su fa­mi­lia siem­pre lo acom­pa­ña. Una de las co­sas más lin­das de es­ta com­pe­ten­cia, di­ce, es que al fi­na­li­zar la jor­na­da lle­ga a su ca­sa ro­dan­te y com­par­te con sus hi­jos. Ha­blan so­bre los re­sul­ta­dos, que a ve­ces los ha­cen reír y otras preo­cu­par­se.

Los re­sul­ta­dos y lo­gros que Marquito es­tá ob­te­nien­do en las com­pe­ten­cias de­par­ta­men­ta­les y na­cio­na­les lo lle­nan de or­gu­llo y sa­tis­fac­ción. Con­si­de­ra que tie­ne un gran po­ten­cial, que es­tá bien pre­pa­ra­do y va por buen ca­mino pa­ra lle­gar más le­jos no so­lo en el au­to­mo­vi­lis­mo na­cio­nal, sino tam­bién a es­ca­la in­ter­na­cio­nal.

“Me sien­to fe­liz y or­gu­llo­so de mi hi­jo. Sus lo­gros son míos tam­bién. Creo que lo que he sem­bra­do en él aho­ra es­tá dan­do bue­nos re­sul­ta­dos”, re­mar­ca.

Pa­ra Mar­co, que es el que se en­car­ga de su­per­vi­sar que el au­to de sus hi­jos es­té en con­di­cio­nes, lo me­jor de es­te de­por­te es que com­par­ten en fa­mi­lia, por­que mien­tras al­gu­nos pa­dres es­tán de fies­ta y de­jan de la­do a sus hi­jos, pa­ra los Bulacia la fies­ta es po­der com­par­tir la pa­sión por el de­por­te tuer­ca.

“Me sien­to fe­liz y or­gu­llo­so de Marquito. Sus lo­gros son míos tam­bién. Creo que lo que he sem­bra­do en él aho­ra es­tá dan­do bue­nos re­sul­ta­dos”

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