VI­VOS DE MI­LA­GRO

El Deber - Extra (Bolivia) - - Sumario -

His­to­rias de tres per­so­nas que so­bre­vi­vie­ron a si­nies­tros y hoy pue­den con­tar­las. Re­la­tan có­mo esos ac­ci­den­tes les cam­bia­ron la vi­da y có­mo con­vi­ven con los re­cuer­dos trau­má­ti­cos de esos mo­men­tos.

HA­CE SEIS AÑOS EGLIN QUE­DÓ VIU­DA DE SU ES­PO­SO, QUE SE ASFIXIÓ CON CO­MI­DA EN 2010 DE­JÓ SU TRA­BA­JO DE AZA­FA­TA; AHO­RA ES­TÁ A UN AÑO DE GRADUARSE EN DE­RE­CHO

MÁS VIDAS QUE UN GA­TO

Es­ta jo­ven aza­fa­ta ha pa­sa­do por mo­men­tos muy du­ros en su vi­da. No obs­tan­te, ase­gu­ra que esas si­tua­cio­nes le han ayu­da­do a cre­cer y a ser una me­jor per­so­na.

Dia­na Eglin Nú­ñez Mol­des (32) na­rra su historia con una son­ri­sa en los la­bios por­que es­tá vi­va, pe­ro tam­bién en­tre lá­gri­mas al re­cor­dar los mo­men­tos di­fí­ci­les que vi­vió en dos ac­ci­den­tes aé­reos y otro en me­dio del la­go Ti­tica­ca.

Eglin na­ció en 1984 en la ca­pi­tal de Bo­li­via. En 2006 se gra­duó co­mo aza­fa­ta y des­de 2007 cum­plió su sue­ño de ni­ña, que era vo­lar para co­no­cer to­do el mun­do. Nun­ca se le pa­só por la men­te que po­dría su­frir al­gún ac­ci­den­te en el ejer­ci­cio de sus fun­cio­nes. Es más, co­mo pien­sa que su­ce­de uno en un mi­llón de vue­los, ja­más pen­só que a ella le iban a to­car tres.

El pri­me­ro su­ce­dió el 1 de fe­bre­ro de 2008, en un vue­lo del des­apa­re­ci­do Lloyd Aé­reo Bo­li­viano (LAB) a cin­co ki­ló­me­tros de Tri­ni­dad. Ha­bía mal tiem­po y por mo­ti­vos de vi­si­bi­li­dad in­ten­ta­ron ate­rri­zar dos ve­ces en el ae­ro­puer­to de Co­bi­ja, pe­ro el pi­lo­to no lo con­si­guió y tu­vo que ir­se al al­terno de Tri­ni­dad. El avión em­pe­zó a per­der com­bus­ti­ble y se es­tre­lló.

“Fue te­rri­ble, tu­vi­mos que ha­cer to­dos los pro­to­co­los, re­or­ga­ni­zar la na­ve, in­for­mar a la gen­te y po­ner­nos en la po­si­ción de im­pac­to. To­dos en pá­ni­co y a gri­tos. Tras que sen­tí el fuer­te im­pac­to, reac­cio­né y pre­gun­té si ha­bía al­guien vi­vo, y al sa­ber que to­dos es­ta­ban con vi­da co­men­za­mos a eva­cuar el avión por­que co­rría el ries­go de ex­plo­tar. Gra­cias a Dios sa­li­mos to­dos ile­sos, solo unos pe­rri­tos que iban en la sec­ción de car­ga mu­rie­ron”, re­cuer­da Eglin.

El otro ac­ci­den­te aé­reo su­ce­dió ese mis­mo año, el 3 de ju­lio. A los 14 mi­nu­tos de des­pe­gar del ae­ro­puer­to de Gua­ru­já, se es­cu­cha una fuer­te ex­plo­sión por­que re­ven­tó un mo­tor y la hé­li­ce abrió un bo­que­te en la ae­ro­na­ve, cor­tan­do cua­tro de­dos y la pier­na de una pa­sa­je­ra. Eglin co­rrió a ayu­dar y ca­si es ab­sor­bi­da por el ho­yo for­ma­do en el avión.

“Sen­ti­mos el im­pac­to en me­dio de los ár­bo­les. Gra­cias a Dios es­tá­ba­mos to­dos vi­vos y ape­nas reac­cio­na­mos co­men­za­mos a eva­cuar. Vol­ví a la ae­ro­na­ve para ver que no hu­bie­ra na­die y me en­con­tré con un be­bé al que pu­de res­ca­tar”, re­me­mo­ra.

El ter­cer per­can­ce aé­reo su­ce­dió en 2010 en la Re­pú­bli­ca Che­ca, don­de una de las llan­tas del avión se re­ven­tó y gra­cias a la des­tre­za de la tri­pu­la­ción no se la­men­tó la pér­di­da de vidas hu­ma­nas, pe­ro ese fue el que la hi­zo pen­sar que ya no de­bía se­guir con su ca­rre­ra. “Sen­tí co­mo una lla­ma­da de aten­ción y col­gué las alas. Aho­ra solo vue­lo, co­mo una pa­sa­je­ra más”, di­ce es­ta jo­ven, que fue Se­ño­ri­ta Chuquisaca en 2002 y que viene de una fa­mi­lia de mis­ses, pues­to que dos de sus her­ma­nas, Pa­tri­cia ( 2008) y Ale­za ( 2011), tam­bién ob­tu­vie­ron otros rei­na­dos.

El último ac­ci­den­te que su­frió Eglin fue el 27 de no­viem­bre de 2012 en un pa­seo en lan­cha por el la­go Ti­tica­ca. Estaba con una ami­ga y dos per­so­nas más ca­mino a la Is­la del Sol cuan­do una fuer­te ola vol­có el bo­te y ca­ye­ron al agua he­la­da en me­dio de las al­gas que sen­tía que la ja­la­ban. Pa­sa­ron lar­gos mi­nu­tos hasta que fue­ron res­ca­ta­das.

“Es­tas ex­pe­rien­cias me cam­bia­ron. Aho­ra vi­vo a ple­ni­tud el día a día, por­que qui­zá pue­de ser el último. Sé que Dios es quien me ha cui­da­do siem­pre y él de­ci­di­rá cuan­do sea mi ho­ra”, in­di­ca

En fa­mi­lia Con sus pa­dres, Ramiro y Pa­tri­cia, y su sue­gra ac­tual, Aman­da Hur­ta­do.

In­ci­den­te En es­te ac­ci­den­te no hu­bo muer­tos, solo he­ri­dos le­ves y gol­pes. Las cua­tro Eglin con sus her­ma­nas Ale­za, Pa­tri­cia y Ni­nón. Son muy uni­das.

Con su pa­re­ja Ha­ce po­co más de tres años es­tá en una relación con el pe­rio­dis­ta John Aran­dia.

Vue­lo del TAM El avión Fok­ker ca­yó en­tre los ár­bo­les el 3 de ju­lio de 2008

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