LE DIO LA ES­PAL­DA A LA MUER­TE Y LU­CHÓ POR VI­VIR

El Deber - Extra (Bolivia) - - Personaje -

FUE EL ÚNI­CO SU­PER­VI­VIEN­TE

Es­tu­vo tres días per­di­do en la sel­va, a 20 ki­ló­me­tros de Tri­ni­dad. Se vio en la ne­ce­si­dad de be­ber hasta su pro­pio orín para no mo­rir de sed. Esa tra­ge­dia lo mar­có.

To­das las con­di­cio­nes es­ta­ban da­das para que Mi­nor Vidal Huer­ta, que el pa­sa­do 13 de di­ciem­bre ce­le­bró sus 41 años, tu­vie­ra un trágico fi­nal lue­go de que el avión de Ae­ro­con, en el que via­ja­ba de San­ta Cruz a Tri­ni­dad, se es­tre­lla­ra en me­dio de la sel­va bo­li­via­na, a po­cos mi­nu­tos de ate­rri­zar en el ae­ro­puer­to de esa ciu­dad, al ano­che­cer del mar­tes 6 de sep­tiem­bre de 2011.

Los re­cuer­dos vie­nen a su men­te y no pue­de de­jar de sen­tir un nu­do en la gar­gan­ta al re­vi­vir­los. Es que ase­gu­ra que no le gus­ta en­trar en de­ta­lles, por­que esa tra­ge­dia lo mar­có. Pa­só mu­chas no­ches sin dor­mir y con so­bre­sal­tos de­bi­do al ac­ci­den­te.

Re­cuer­da que estaba sen­ta­do en el último asien­to y que na­die avi­só de al­gu­na emer­gen­cia ni aler­ta­ron de que al­go no estaba bien. Sin­tió que el avión des­cen­dió de gol­pe y en po­cos se­gun­dos se pre­ci­pi­tó a tie­rra.

En ese pe­que­ño lap­so de tiem­po to­da su vi­da pa­só co­mo una pe­lí­cu­la por su men­te y en lo úni­co que pen­só fue en su es­po­sa, Ma­rie­la Lla­nos, y en sus dos ni­ñas, Sa­ra (13) y So­fía (11). “Me pu­se en po­si­ción fe­tal, me aga­rré lo más fuer­te que pu­de y solo im­plo­ré: ayú­da­me Dios mío, no quie­ro mo­rir”, re­me­mo­ra.

Co­mo era de no­che no po­día ver a na­die. Solo es­cu­cha­ba ge­mi­dos. Ha­bló con al­guien un po­co, pe­ro no su­po nun­ca quién fue y lue­go co­men­zó a gri­tar pi­dien­do au­xi­lio. Des­pués los que­ji­dos ce­sa­ron y solo que­dó el si­len­cio. Re­cuer­da que el do­lor era tan in­ten­so por­que te­nía gol­pes en to­do el cuer­po, cin­co cos­ti­llas rotas, tres de ellas con do­ble y tri­ple frac­tu­ra, ade­más de que te­nía per­fo­ra­do el pul­món iz­quier­do, y he­ri­das en la ca­ra y en la ca­be­za en las que lue­go le hi­cie­ron más de 70 pun­tos.

Que­ría dor­mir y al mis­mo tiem­po le in­va­día el te­mor de no vol­ver a abrir los ojos. Sin em­bar­go, se afe­rró a su fe en Dios y en to­do mo­men­to le pe­día no mo­rir por­que que­ría re­gre­sar jun­to a su fa­mi­lia. El amor por ellos le dio las fuer­zas para lu­char por su vi­da.

Esa no­che, al igual que las otras dos que pa­só en me­dio de la sel­va, dur­mió po­co y con so­bre­sal­tos de­bi­do a que a me­di­da que pa­sa­ba el tiem­po, los do­lo­res eran más fuer­tes y se le di­fi­cul­ta­ba la res­pi­ra­ción. Al ama­ne­cer, que­dó en shock lue­go de ver a los seis pa­sa­je­ros y dos tri­pu­lan­tes muer­tos, pe­ro se pro­pu­so lu­char para vi­vir y así lo hi­zo.

Se orien­tó por la po­si­ción del avión. De­ci­dió no co­mer na­da del mon­te por­que te­nía mie­do de en­ve­ne­nar­se y ca­mi­nó hasta la la­gu­na Ro­sen­di, don­de tres días des­pués fue en­con­tra­do con vi­da. “No es que an­tes no lo hi­cie­ra, pe­ro lue­go de es­ta amar­ga ex­pe­rien­cia apren­dí a dis­fru­tar hasta las co­sas que pa­re­cen más in­sig­ni­fi­can­tes. Aho­ra le doy más im­por­tan­cia a la vi­da en fa­mi­lia. Apro­ve­cho ca­da se­gun­do para es­tar con mis hi­jas, mi es­po­sa, mi ma­dre, mis her­ma­nos y hasta con mis ami­gos, con quie­nes sal­go los fi­nes de se­ma­na a re­co­rrer los ca­mi­nos en bi­ci­cle­ta”, ex­pre­sa es­te ad­mi­nis­tra­dor de em­pre­sas, que ade­más aho­ra brin­da char­las mo­ti­va­cio­na­les.

Se lle­nó de ener­gía po­si­ti­va y mi­ra la vi­da así. Aun­que pa­rez­ca in­creí­ble, hoy vue­la más que an-

POR TRA­BA­JO MI­NOR Y SU FA­MI­LIA VI­VEN EN LA PAZ, PE­RO QUIE­RE YA AL­GO PRO­PIO “NO LE TE­MO A LA MUER­TE, NO PIEN­SO EN ESO, PE­RO SÉ QUE A TO­DOS NOS TIE­NE QUE LLE­GAR”

Ha­ce cin­co años El mo­men­to en que Mi­nor Vidal fue en­con­tra­do, lue­go de tres días de la tra­ge­dia de Ae­ro­con.

En fa­mi­lia Mi­nor ce­le­bró su último cum­plea­ños, el 13 de di­ciem­bre, con par­te de su fa­mi­lia.

Hue­llas Una ci­ca­triz des­de su fren­te hasta la ore­ja es la mar­ca del ac­ci­den­te.

Pro­me­sa Des­pués del ac­ci­den­te pro­me­tió ir a Su­cre a bai­lar para la Vir­gen de Gua­da­lu­pe.

To­dos los fi­nes de se­ma­na, jun­to al gru­po Los Huan­ca, se va de via­je en bi­ci­cle­ta. LE APA­SIO­NA PRAC­TI­CAR CI­CLIS­MO

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