UN MO­MEN­TO DE AU­TO­EVA­LUA­CIÓN Y RE­FLE­XIÓN NE­CE­SA­RIO

El Deber - Extra (Bolivia) - - VIDA & PAREJA - Www.psi­co­lo­giae­nac­cion.com

Uno en­se­ña a los de­más el tra­to que quie­re re­ci­bir . Si uno sa­le por ahí y no mi­ra a na­die a los ojos, por es­tar ape­na­do an­te las ca­lum­nias que hay en su con­tra, en­ton­ces las per­so­nas lo tra­ta­rán de ese mo­do. Ca­da uno tie­ne que ser su pro­pio me­jor ami­go y de­ci­dir quién es de ver­dad. Se pue­de ini­ciar ese pro­ce­so, no reac­cio­nan­do a lo que uno pien­sa que la gen­te es­tá di­cien­do acer­ca de él o ella. Si se sien­te in­ti­mi­da­do, cul­pa­ble o re­pri­mi­do, se es­tá co­lo­can­do a sí mis­mo en una pri­sión. No ha­cer fren­te a ca­da acu­sa­ción . Si em­pie­za a de­fen­der­se a sí mis­mo siem­pre, ese se con­ver­ti­rá en su tra­ba­jo de tiem­po com­ple­to. Si res­pon­de a ca­da his­to­ria, ca­da chis­me, ca­da ale­ga­to acer­ca de su vi­da, eso se­rá lo que siem­pre ha­rá. Es­ta­rá con­su­mi­do por eso, y ello to­ma­rá las rien­das de su vi­da. El re­to de crear una ex­pe­rien­cia pro­pia. La pri­me­ra per­so­na que de­be arre­glar su repu­tación es uno mis­mo. ¿Eres una per­so­na ma­la? ¿Eres un mal ciu­da­dano? ¿Le ha­ces da­ño a la gen­te? ¿Co­me­tes crí­me­nes? La res­pues­ta pro­ba­ble­men­te es No. En­ton­ces hay que de­jar de sen­tir­se cul­pa­ble y mo­les­to con uno mis­mo. Si es el ca­so, se de­be apren­der de los erro­res co­me­ti­dos, per­do­nar­se por lo que pue­da ha­cer­le sen­tir mal pe­ro no se­guir ha­cién­do­se da­ño. La vi­da no es un ca­mino de éxi­tos y pros­pe­ri­dad. Es ne­ce­sa­rio apren­der de las ma­las de­ci­sio­nes y se­guir. Co­men­zar con el círcu­lo cer­cano . Uno pue­de em­pe­zar re­cons­tru­yen­do su repu­tación con sus fa­mi­lia­res di­rec­tos, ami­gos cer­ca­nos y ve­ci­nos pa­ra ase­gu­rar­se que ellos se­pan la ver­dad. Cuan­do su círcu­lo cer­cano se­pa quién es real­men­te, ellos sal­drán con la ver­dad y eso crea­rá un efec­to do­mi­nó. Ad­mi­tir erro­res . Se de­be acep­tar que hay per­so­nas que pue­den acer­car­se y ad­mi­tir que es­tu­vie­ron equi­vo­ca­das. Y otras que sim­ple­men­te no lo ha­rán. So­lo es­tá a su al­can­ce su­pe­rar eso. Hay que dar­se a uno mis­mo lo que qui­sie­ra re­ci­bir de otros. Si es ne­ce­sa­rio, re­pe­tir: “Yo sé que no hi­ce eso que di­cen”, o “Yo sé que no soy co­mo me pin­tan”.

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